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TRIBUNA LIBRE

Hollywood contra la inteligencia artificial: la disputa por el control de la creación

Publicado: 19/02/2026 ·06:00
Actualizado: 19/02/2026 · 06:00
  • Captura del vídeo generado por IA, con Brad Pitt y Tom Cruise..
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La reciente difusión de un vídeo hiperrealista generado por inteligencia artificial en el que aparecen Tom Cruise y Brad Pitt protagonizando una pelea ha reavivado el debate sobre el impacto de estas tecnologías en la industria audiovisual. La pieza, creada mediante un sistema de generación de vídeo a partir de texto desarrollado por ByteDance (propietaria de TikTok), dura apenas unos segundos, pero ha bastado para que la Motion Picture Association, los sindicatos del sector y los grandes estudios manifiesten su preocupación. Consideran que estas herramientas representan una amenaza directa para su modelo de negocio.

Sin embargo, circunscribir el asunto a una cuestión de derechos de imagen resultaría insuficiente. Lo que está en juego es más profundo: el control de la producción cultural y del trabajo creativo en un contexto de expansión de la inteligencia artificial. La reacción de Hollywood no responde únicamente a factores tecnológicos o jurídicos, sino también a dimensiones económicas y laborales. Por primera vez, la generación de imágenes verosímiles no requiere necesariamente cámaras, decorados, equipos técnicos ni intérpretes humanos.

Durante más de un siglo, el cine ha funcionado como una industria intensiva en capital y altamente centralizada. Solo grandes estructuras empresariales podían asumir los costes de producción y distribución a escala global. La irrupción de la IA generativa altera esta lógica al reducir de forma significativa las barreras de entrada. En la actualidad, una sola persona puede generar escenas de calidad equiparable a la de una superproducción mediante instrucciones escritas. Este cambio no es meramente incremental, sino estructural: redefine quién puede crear y competir en el sector.

No obstante, la tesis de que la IA "destruirá el cine" resulta simplificadora. La experiencia histórica muestra que cada gran innovación —el sonido, el color, la televisión o el streaming— fue percibida inicialmente como una amenaza existencial. Con el tiempo, todas ellas terminaron ampliando el mercado. Lo verdaderamente disruptivo en este caso no es la desaparición del cine tradicional, sino la emergencia de un ecosistema paralelo de producción sintética: más rápido, más económico y potencialmente personalizable.

Donde sí se observa un impacto inmediato es en el ámbito laboral. La IA generativa actual —una IA estrecha basada en modelos fundacionales— no sustituye profesiones enteras de forma instantánea, sino que automatiza tareas específicas dentro de ellas. Este fenómeno, conocido como automatización por tareas, provoca que los puestos de trabajo se fragmenten antes de desaparecer. Guionistas en etapas iniciales de su carrera, traductores, ilustradores, técnicos de previsualización o especialistas en efectos preliminares ya constatan cómo partes sustanciales de su labor pueden ser realizadas por algoritmos.

En las industrias creativas se produce además un proceso de desintermediación. Actividades que antes requerían equipos multidisciplinares pueden ser ejecutadas ahora por un único operador asistido por IA. La creatividad no desaparece, pero transforma su naturaleza: del hacer al dirigir. El profesional pasa a supervisar sistemas, evaluar resultados y aportar criterio, en un modelo conocido como human-in-the-loop. El valor diferencial ya no reside en la ejecución manual, sino en la capacidad de formular instrucciones precisas y seleccionar lo relevante entre los resultados generados.

A diferencia de la automatización industrial clásica, centrada en la fuerza física, la IA actual introduce una automatización de carácter cognitivo, capaz de penetrar en tareas simbólicas, lingüísticas y artísticas. Ello cuestiona una creencia arraigada: que los trabajos creativos estaban a salvo de la mecanización. No se trata únicamente de eficiencia, sino de la sustitución parcial del juicio humano en ámbitos donde antes resultaba imprescindible.

La consecuencia es una recomposición de la cadena de valor del trabajo intelectual. Los perfiles altamente cualificados incrementan su productividad, mientras que los niveles intermedios sufren una presión creciente. En la práctica, no desaparecen las grandes estrellas ni los creadores consolidados, pero sí muchos de los escalones de entrada que tradicionalmente nutrían esas carreras. La preocupación de Hollywood no se limita a los actores principales, sino que se extiende al entramado de oficios invisibles —asistentes, técnicos, artistas junior— que sostenía la industria.

Existe además una paradoja significativa. Los grandes estudios llevan años utilizando inteligencia artificial en efectos visuales, análisis de guiones o estrategias de marketing. La resistencia surge cuando esa tecnología se democratiza y permite a actores externos producir contenidos competitivos. El conflicto no se sitúa entre el arte y las máquinas, sino entre un modelo centralizado y otro distribuido.

A ello se añade una dimensión geopolítica. Si las herramientas más avanzadas proceden de empresas extranjeras, el dominio cultural global —tradicionalmente ejercido por Hollywood— podría diluirse. La cuestión no es únicamente quién realiza las películas, sino quién controla los imaginarios en la economía digital. 

Nada de lo expuesto implica que el cine vaya a desaparecer. Más bien apunta a un futuro híbrido en el que convivirán grandes producciones tradicionales con contenidos sintéticos generados bajo demanda. La regulación debería orientarse a proteger derechos, garantizar la transparencia y establecer sistemas de compensación, más que a frenar una tecnología cuyo desarrollo parece irreversible.

La disputa de fondo no es contra la inteligencia artificial, sino contra la pérdida de exclusividad. Durante décadas, la creación de imágenes convincentes fue privilegio de unos pocos. Hoy comienza a ser una capacidad distribuida.

El cine sobrevivirá. Lo que está en entredicho es si Hollywood seguirá siendo el único con capacidad para hacerlo.

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