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TRIBUNA LIBRE

Europa: de proyecto político a continente 

Publicado: 13/05/2026 · 06:00
Actualizado: 13/05/2026 · 06:00
  • Parlamento Europeo en Estrasburgo.
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Desde que Adolfo Suárez presentó en 1977 la solicitud formal de adhesión de España a la Unión Europea, hasta la culminación del proceso por Felipe González transcurrieron ocho años. Finalmente, el 12 de junio de 1985, Felipe González, Fernando Morán y Manuel Marín firmaron el Tratado de Adhesión en Madrid en presencia del Rey D. Juan Carlos I y del presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors. Este acontecimiento marcó el inicio del periodo de mayor crecimiento económico y modernización social de la historia española. Casi 39 millones de españoles iniciamos una etapa de ilusión y fundadas esperanzas. El Tratado entró oficialmente en vigor en 1986.

Contexto político y liderazgo europeo en 1985

Es importante subrayar el contexto político en el que España inició su camino comunitario. Jacques Delors, presidente de la Comisión en 1985, aportó una visión ambiciosa para Europa, favoreciendo la ampliación e impulsando el Mercado Único. Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido, priorizaba la liberalización del mercado y su 'cheque británico'. Wilfried Martens, primer ministro belga, era un europeísta convencido y firme defensor de la ampliación. Giulio Andreotti, ministro de asuntos exteriores de Italia, desempeñó un papel facilitador gracias a su diplomacia exquisita. En suma, Europa estaba gobernada por auténticos líderes políticos, desde el presidente de la Comisión hasta los jefes de los gobiernos nacionales más relevantes.

En un contexto más amplio, Rusia estaba bajo el liderazgo de Mijaíl Gorbachov y sus históricos proyectos de Glasnost (apertura) y Perestroika (reestructuración), mientras que en EEUU, Ronald Reagan impulsaba el comercio internacional a niveles nunca vistos antes. Dos figuras políticas de primer nivel.

Tras la aprobación del Acta Única en febrero de 1986, se produjo el paso de la nomenclatura de Mercado Común a Mercado Único, garantizando la libertad de movimientos de personas, mercancías, servicios y capitales. España completó su integración comunitaria con las primeras elecciones al Parlamento Europeo el 10 de junio de 1987. Adolfo Suárez me hizo el honor de incluir mi nombre en la candidatura del Centro Democrático y Social (CDS) junto a figuras como Eduard Punset, Raúl Morodo, Rafael Calvo Ortega, Federico Mayor Zaragoza y Carmen Díaz de Rivera. Así, a los 38 años, este, entonces, joven economista nacido en Massamagrell (Valencia) se incorporó en dicha cámara como miembro de la Comisión de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural. 

Incertidumbre por el futuro de Europa en 2026

Comparar los precitados lideres con sus sucesores actuales requiere un esfuerzo de caridad que no es ni pertinente ni justo. Emmanuel Macron busca la manera de ser inmortalizado al final de su mandato, jugando a todo sin ganar en nada; Keir Starmer lleva dos años entre el remordimiento del Brexit y sus frecuentes equivocaciones; Friedrich Merz juega al escondite con Rusia sin justificar el poder económico de Alemania. Ursula von der Leyen y António Costa cumplen su papel institucional como garantes del inmovilismo de la Unión Europea, quedando fuera de un nuevo orden internacional (EEUU, China, Rusia, India, etc.) que se institucionaliza por hechos y no por doctrinas de Naciones Unidas o de la OTAN. En cuarenta años, Europa ha transitado de una alianza de metas y objetivos a un grupo con intereses individuales, carente de una visión política comunitaria y cuyo denominador común es la protesta ante el nuevo paradigma internacional. En este escenario cambiante, Pedro Sánchez se presenta como el más transparente y consistente de todos; nunca ha dicho la verdad sobre nada y a nadie.

El mensaje del vicepresidente de EEUU, JD Vance, en la Conferencia de Seguridad de Múnich en octubre de 2025, resume la necesidad de una nueva estrategia: “Si quieren ser aliados respetados, actúen como una potencia que se financia a sí misma, no como un protectorado”. 

¿Qué ha pasado de 1985 a 2026?

Durante los últimos cuarenta años la UE ha avanzado en aspectos necesarios, pero no suficientes. El Tratado de Maastricht de 1992, que creó la Unión Europea, la moneda única y la ciudadanía europea. El Tratado de Ámsterdam en 1997, creando el Espacio Schengen sobre la libre circulación de los ciudadanos dentro de la Unión sin mostrar el pasaporte. La gran ampliación hacia el Este en 2004 con la integración de diez nuevos países. El Tratado de Lisboa que otorgó a la UE una personalidad jurídica única, creó las figuras de presidente del Consejo y del Alto Representante para Asuntos Exteriores, mejorando capacidad de decisión del Parlamento Europeo. La constitución del Fondo de Recuperación Next Generation en respuesta a la pandemia de covid-19. En suma, medidas pertinentes, pero sin entrar en los pilares de un proyecto político que nos convierta en un player internacional reconocido y respetado.

Epílogo

Europa lleva décadas disfrutando, como diría John Maynard Keynes, de la “eutanasia del rentista”.  El problema es que el mundo no permanecía constante. China hacía décadas que había tenido un crecimiento de dos cifras, con inversiones muy importantes en regiones estratégicas, con un desarrollo tecnológico imparable y con un régimen social y político diferente al del resto de sus competidores.

Rusia (Vladimir Putin, controla la política del país desde el año 2000) nunca ocultó su frustración cuando la URSS dejó de existir en 1991. La Invasión de Crimea en 2014 fue la primera ofensa grave a Ucrania y a Europa y la señal de que Putin comenzase su cruzada imperialista. En la UE, somos vecinos amables.

En paralelo, el volcán de Oriente Medio ha erupcionado con la virulencia de la acumulación histórica del engaño desde la nefasta administración británica de Palestina (1922-1948). 

En EEUU parece que el actual presidente ha subvertido el orden internacional y debe ser declarado culpable de todos nuestros males. El tema central es que la ONU ha perdido su papel de garante de la paz planetaria, los conflictos se eternizan y alguien considera que el restablecimiento del orden mundial debe ser gestionado de otra manera. En esencia es que lo que viene haciendo, desde siempre, China, Rusia e Irán, hacer caso omiso a las resoluciones o esgrimir, los dos primeros, el veto en el Consejo de Seguridad. Cuando un país aporta casi dos tercios del gasto militar de la OTAN, lo prudente es tratarlo con respeto o formar un ejército propio. 

La UE, mientras tanto, continúa con la, ya citada, eutanasia del rentista: arbitrando fondos estructurales sin controlar suficientemente el retorno, aplicando una PAC menguante e invasiva, armonizando políticas hasta lo inverosímil, subvencionando a terceros países sin criterios serios de reparto, etc. Veintisiete estados (hay que recordar que existen, además, nueve candidatos oficiales para ingresar y uno potencial), que carecen de una política fiscal común, de una verdadera política de inmigración común, de una política exterior común, de una política energética coordinada, de una política de defensa común, de una industria tecnológica competitiva a nivel mundial y, todavía, inmersos en el sueño hippy de peace and love. Hemos dejado de ser un proyecto político ilusionante. Al menos continuamos siendo un continente y cada 9 de mayo celebraremos el día de Europa con la Oda a la alegría, emocionándonos con la letra de Schiller y la música de Beethoven.

José Emilio Cervera fue eurodiputado entre 1987 y 1989

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