Opinión

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A propósito de...

Ellas también pensaban

"Por exclusión cultural, el saber de la antigüedad nos ha llegado envuelto en testosterona, opacando la aportación femenina; pero la razón no es masculina por naturaleza, ni patrimonio de género: no obedece a jerarquías"

Publicado: 08/03/2026 ·06:00
Actualizado: 08/03/2026 · 06:00
  • Obra de La escuela de Atenas de Rafael Sanzio, en una posible representación de Hipatia.
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La caligrafía ajena se deslizaba sobre el pergamino. A la luz débil del tragaluz, una palabra: “causa”, resonaba sin cesar, como afuera el silbido del viento contra la piedra.

Una celda fría, una idea ardiente: un pensamiento cobraba verticalidad, daba comienzo una jerarquía. El lastre de hoy se gestaba en la penumbra medieval...

 

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Entre los siglos I a. C. y IV d. CC, se destruyó la biblioteca de Alejandría, depósito emblemático de la cultura universal, y se enterró bajo sus escombros el saber clásico. El origen de este suceso devastador es incierto y una constante para los investigadores.

Levantada por Alejandro Magno como legado cultural a la humanidad, fue centro de investigación y la primera universidad. Con su caída el pensamiento griego salía de occidente. Por fortuna, no toda la erudición clásica estaba allí, ni se destruyó allí. Las voces de la sabiduría antigua no se silenciaron, sino que fueron foco de interés de otras civilizaciones.

El saber grecorromano se desplazaba: Europa lo descuidaba y Oriente miraba hacia él. Con el auge del islam, fue rescatado y traducido a la lengua semítica, que se convirtió en cauce cultural de la época.

En el Al-Ándalus, Averroes, filósofo musulmán, al estudiar unos textos griegos firmados por Aristóteles de Macedonia, consideró que éstos debían estar en occidente y los hizo legar a la Escuela de Traductores de Toledo, puente de conocimiento con Europa.

Desde allí viajaron hasta París, al centro de enseñanza de Alberto Magno. Y, de esta forma, el filósofo griego volvía a casa. Europa lo recibía, tras siglos de exilio, con acento árabe y destino cristiano.

 

Su rostro se encendió a la llama del descubrimiento: la luz inundaba el vacío, Dios se revelaba en la razón"

 

Alberto Magno, célebre teólogo y científico medieval, introdujo a Aristóteles en el ámbito universitario cristiano, encomendándolo a su aventajado alumno: Tomas de Aquino.

El presbítero italiano, uno de los más grandes filósofos en busca de la razón, asumió la tarea de comentar los textos aristotélicos. Así fue como aquel joven dominico debatiéndose, un día de tantos después de vísperas y maitines junto a la claridad del ventanuco, entre la encrucijada de la fe y la ciencia, tropezó con la fórmula: “causa primera, causa incausada”. Su rostro se encendió a la llama del descubrimiento: la luz inundaba el vacío, Dios se revelaba en la razón.

El macedonio no iba por ahí, pero, como el que busca encuentra, Tommaso d'Aquino halló respuesta a sus preguntas, identificando la “causa primera” con Dios. Nació así, la Escolástica medieval: justificación de la fe cristiana sobre los pilares de la razón aristotélica.

Dicen que comprender es aliviar. Si bien, ello no cambia los hechos ni su consecuencia, ayuda a mudar la perspectiva.

 

¿Como se explica que Aristóteles, el padre de la analítica, sostuviera una antropología tan desemejante?"

 

El machismo, universal y antiguo, encontró en occidente, cuando la teología medieval aceptó las ideas aristotélicas, un fundamento racional poderoso. Una estructura filosófica sistemática, pasando de costumbre a regla, de rol social a justificación metafísica.

Aristóteles, misógino empedernido, sostenía que la mujer era un hombre enfermo y que el alma pertenecía al varón, siendo aquella materia pasiva. La Iglesia cristiana, al incorporar el pensamiento del sabio griego como herramienta racional, heredó también su idea antropológica, institucionalizándose una jerarquía natural: Dios, hombre y… mujer.

En el medioevo la cultura se refugiaba, principalmente, en los muros de la cristiandad, desde donde se expandió, aristotelizada, por occidente. La diferencia de género se oficializaba, pero no desde los fundamentos de la fe, sino desde la columna vertebral del pensamiento aristotélico. En el lote de sabiduría griega venía un caramelo envenenado: el machismo lógico.

¿Como se explica que el padre de la analítica sostuviera una antropología tan desemejante?

Porque la razón no flota fuera del mundo. Parte de premisas y opera en contextos históricos. No es neutral ni infalible, y a veces resulta viciada. Incluso en el cerebro de un genio. El filósofo fue coherente con su mundo. Su fisiología, su metafísica, y su política estaban organizados jerárquicamente. Deductivo, metódico, pensó con rigor, pero su punto de partida fue profundamente discutible.

Congruente con su ciencia, diseñó una biología equivocada, construyendo sobre polaridades. Asociando lo masculino con acto y forma y lo femenino con materia y pasividad. Evidenciando, así, que el mecanismo de la razón puede alterarse sin dejar de ser deductivo.

 

Es justo y necesario hablar de Hipatia de Alejandría, una mujer que demostró que el silogismo funciona cuando se sostiene sobre premisas libres de sesgo"

 

Las hipótesis aristotélicas fueron asumidas por las instituciones medievales como universales, sin ser revisadas. Y la razón, aplicada sin cuestionar sus fundamentos, consolidó desigualdad de género, manteniéndose a través de un largo recorrido…,hasta nosotros.

Por exclusión cultural, el saber de la antigüedad nos ha llegado envuelto en testosterona, opacando la aportación femenina a aquel. Pero la razón no es masculina por naturaleza, ni patrimonio de género. No obedece a jerarquías.

Hoy, a propósito de machismo y filosofía, es justo y necesario hablar de Hipatia de Alejandría. Una mujer con la que culminó el conocimiento clásico guardado en aquella biblioteca. Quien demostró que el silogismo funciona cuando se sostiene sobre premisas libres de sesgo.

Primera científica de la historia, matemática, astrónoma y catedrática en la escuela de Alejandría, su enseñanza cosmopolita y racional atraía a alumnos paganos y cristianos de todas partes. Hipatia nació entre los siglos IV y V después de Cristo, en la ciudad portuaria del Delta del Nilo. Murió asesinada 60 años después, en el Egipto romano, víctima del linchamiento de un grupo de fanáticos, desollada y descuartizada.

Escribió sobre astronomía, geometría y ciencias aplicadas. Defensora de la razón a ultranza concluía: “Resguarda tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera equivocada es mejor que no pensar en absoluto".

Hipatia de Alejandría, porque Ellas también pensaban.

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