Opinión

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El eurocristiano tibio

El indignante caso Shakira

"Me reconforta que la fama y el poder no sean obstáculos para tributar, igual que hacemos los ciudadanos anónimos"

Publicado: 24/05/2026 · 06:00
Actualizado: 24/05/2026 · 06:00
  • Shakira.
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El escritor George Orwell es merecidamente famoso por su novela satírica Rebelión en la Granja y por la distópica 1984. Hoy lo traigo a colación porque también dijo que la libertad consiste en poder decirle a la que gente lo que no quiere oír. En efecto, no toda la represión es de origen gubernamental, sino también nos oprime la vigilancia continua que ejercemos unos sobre otros. Quizás por eso Jean Paul Sartre decía que el infierno eran los demás. Pues bien, una de las cosas que casi nadie quiere oír es que la Agencia Estatal de Administración Tributaria no es ningún insaciable dragón, sino una benéfica institución gracias a cuyo funcionamiento podemos disfrutar de nuestro alabado “Estado del Bienestar”. Cada vez que una virginal mente progresista reclama una educación pública gratuita o una sanidad universal igualmente gratuita debería saber que lo gratuito no existe. Para prestar esos servicios públicos se necesitan profesores, médicos, enfermeros, limpiadores, escuelas, hospitales, electricidad, etc. Y todo eso cuesta mucho dinero. Los que dicen “gratuito” deberían decir “con cargo al erario”. Y no habría nada en el erario si nadie se encargase de recaudar los impuestos y de vigilar que los más listillos no defrauden a los contribuyentes honrados.

De modo que cada vez que leamos en la prensa que la Agencia Tributaria ha impuesto una multa a tal o cual personaje no deberíamos pensar que son unos insufribles verdugos, sino unos benefactores que están protegiendo nuestros intereses. Y, si pensamos que pagamos demasiados impuestos, no deberíamos dirigir nuestras quejas contra los inspectores de Hacienda, pues no es la Agencia Tributaria la que fija los impuestos. Por el contrario, esa labor le corresponde al Gobierno español y al Congreso de los Diputados. Es decir, pagamos los impuestos que pagamos porque así lo han decidido los políticos a los que votamos. Ellos son los responsables tanto de las cargas como de las exenciones, mientras que los trabajadores de la Agencia Tributaria se limitan a ejecutar las decisiones que los mandatarios adoptan. Y, en efecto, esos trabajadores de la Agencia Tributaria pueden equivocarse.

 

Lo que hace la Agencia Tributaria se llama justicia social e igualdad ante la ley, sendas nociones que apoyo vivamente"

 

Quizás le sorprenda saber que son seres humanos, miembros de la especie Homo sapiens, y, como tales, falibles. No obstante, mi experiencia personal es que se equivocan bastante menos que la llamada Inteligencia Artificial, sobre cuyos riesgos el papa León XIV va a publicar en breve una encíclica. En cambio, recuerdo otras encíclicas que, lejos de considerarlos una amenaza, han apoyado los impuestos. En Rerum novarum, el papa León XIII defendía el papel del Estado en proteger a los trabajadores, cosa imposible sin impuestos. En Quadragesimo Anno, Pío XI abogaba por el papel del Estado en la justicia social, imposible sin impuestos. En Centesimus Annus, Juan Pablo II abogaba por la economía de mercado, pero también por corregir las desigualdades, imposible sin impuestos. Y en Fratelli Tutti, el argentino Francisco hablaba de la conveniencia de que los Estados propiciasen el bien común y la solidaridad, de nuevo imposible sin impuestos. Así que los socialistas coinciden con los católicos en la necesidad de unas eficaces leyes impositivas y en la conveniencia de disponer de unos honestos e imparciales recaudadores y vigilantes. De hecho, hasta Jesús de Nazaret incluyó entre sus doce apóstoles a un recaudador, el célebre Mateo.

Por eso, haciendo uso de mi libertad, que no me calló ni Franco mandándome, Tribunal de Orden Público mediante, a la cárcel de Carabanchel, declaro que estoy indignado por el caso Shakira. Pero, a diferencia de otros muchos, no estoy enfadado porque la Audiencia Nacional haya fallado a su favor, sentenciando que la Agencia Tributaria debe devolverle varios millones de euros correspondientes al ejercicio de 2011, sino por las declaraciones de la cantante. El caso es que los jueces han aplicado unos criterios distintos que los inspectores para decidir si una persona reside, desde el punto de vista fiscal, en España. Naturalmente, la Agencia Tributaria va a recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo, pues cree que sus criterios son los correctos.

En cualquier caso, no debemos olvidar que Shakira admitió seis fraudes fiscales en los tres años siguientes, unos en el IRPF y otros en el patrimonio. En consecuencia, pagó una elevada cantidad de dinero junto con una cuantiosa multa para salvarse de ir a la cárcel. Así que no estamos ante ninguna pobre mujer perseguida injustamente por Hacienda, sino ante una atractiva estrella que pactó abonar unas importantes cantidades para evitar lucir el uniforme de presidiaria. Ha dicho que, aprovechando que es famosa, la Agencia Tributaria la maltrata para intimidar a los demás contribuyentes.

Por mi parte, no me siento en absoluto intimidado cuando me entero de que alguna celebridad, sea Shakira, sea Messi, ha tenido que ajustar cuentas con Hacienda. Más bien me sentiría muy preocupado si la Agencia Tributaria no se atreviese a plantar cara a los famosos y solo se interesase por los impuestos de las clases medias, a la de que de momento pertenezco. Más bien me reconforta que la fama y el poder no sean obstáculos para tributar, igual que hacemos los ciudadanos anónimos. No es que la Agencia Tributaria se ensañe con todos, pero solo los ricos puedan permitirse pleitear, sino que nos trata a todos por igual en defensa del Estado del Bienestar, pero lógicamente la prensa presta más atención a los ricos, los poderosos y los famosos (con frecuencia, las tres condiciones van unidas). Lo que hace la Agencia Tributaria se llama justicia social e igualdad ante la ley, sendas nociones que apoyo vivamente.

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