Murcia

In memoriam

Adiós a José Ballesta, el alcalde cultivado y conciliador que cuidó de su Murcia hasta el final

El regidor, un amante de las tradiciones y las raíces de su ciudad, se había ganado el respeto de todos

  • José Ballesta, en febrero de 2026.
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MURCIA. José Ballesta no era un político al uso. Era distinto a todos. Poseía un estilo único de ser y de actuar. Y no es una frase hecha. Lo podía comprobar cualquiera que lo escuchara en sus discursos y sobre todo quien lo tratara directamente. Dotado de una memoria asombrosa y lector empedernido, era un hombre cultivado que cuidaba la oratoria y proyectaba una figura ilustrada. Catedrático de la Facultad de Medicina, derrochó una fuerte vocación de servicio público, que le llevó a ser rector de la Universidad de Murcia durante ocho años y también a ejercer prácticamente todas las responsabilidades políticas, desde consejero y portavoz de la Comunidad hasta alcalde de la séptima ciudad más poblada de España. Pero sobre todo era un murciano que profesó su amor por Murcia por los cuatro costados, a un municipio que entregó su tiempo y su vida, incluso en los momentos más duros de la enfermedad. Y siempre reivindicó una murcianía “sin complejos”, de la que hizo gala hasta el final.

Su talante conciliador era otra de sus señas de identidad. Se ganó el respeto de todos, incluidos sus adversarios políticos, que valoraron su bonhomía a pesar de la discrepancia. Las palabras que le dedicaron en el día del fallecimiento denotan algo más que una mera cortesía. “Era una buena persona”, como así le definía la socialista María González Veracruz. "Nos deja una gran persona, comprometida con el bienestar de sus vecinos. Su cercanía y calidad humana permanecerán en nuestro recuerdo", escribía el último alcalde del PSOE en Murcia, José Antonio Serrano, que fue su amigo en la juventud. “Lamento muchísimo el fallecimiento del alcalde Ballesta. Muchísimo, de verdad”, enfatizaba el también socialista Ginés Ruiz. “Siempre supimos poner el respeto y el cariño por encima de todo lo demás. El alcalde que me recibió como concejal. El que le regalaba un peluche gigante en la feria a mi hija. El que me mandaba un mensaje por mi cumple”, añadía el portavoz. “Gracias, alcalde, por dignificar el servicio público con tu ejemplo de estos dos años de constante adversidad. Y por la santidad con que has llevado la Cruz de Cristo y la serenidad con que lo has hecho”, elogiaba por su parte Luis Gestoso, el portavoz de Vox. Sirvan estos cuatro ejemplos para calibrar la dimensión de Ballesta.

En 2024 le diagnosticaron un cáncer de colon. Pero optó por la discreción y nunca quiso que la enfermedad se interpusiera en su función como alcalde y compatibilizó los tratamientos con su frenética agenda de actos, omnipresente en los plenos, en las ruedas de prensa, en las fiestas populares... Tan sólo en las últimas semanas se concedía un respiro, cuando le golpeaban los estragos del tumor. Todo lo llevó en silencio. Pero la gente lo sabía. Y se lo devolvían con muestras de cariño. Todavía resuenan los ecos de la ovación que recibió en el Romea, cuando protagonizó la pitocrónica del Entierro de la Sardina. “No hay discurso, no hay texto, no hay papeles. Quiero que dejemos correr nuestros sentimientos más íntimos”, arrancó aquel día, en el que llamó a defender, cómo no, la condición de murcianos. “Es hora de recuperar definitivamente la confianza en nosotros mismos y afrontar el futuro sin complejos”, apelaba entonces un regidor que siempre mimó el arte del discurso, que aderezaba con referencias históricas, citas y metáforas.

Nacido en julio de 1958, casado y padre de cuatro hijos, comenzó su carrera en los años ochenta como catedrático de Biología Celular de la Facultad de Medicina. Volcado en la docencia, se doctoró en Medina y Cirugía y centró su tesis en analizar los rasgos morfológicos de la corteza renal de varios roedores. Entre 1992 y 1994 fue nombrado vicerrector de Investigación e Infraestructuras. Y en 1998 fue elegido al frente de la Universidad de Murcia, un cargo que revalidó en 2002. Un año después de terminar su periplo en el Rectorado, en 2007 desembarcó en la política regional de la mano de Ramón Luis Valcárcel, que fichó al considerado mirlo blanco de la sociedad civil murciana. Fue diputado en la Asamblea Regional y también consejero durante siete años, la mayoría de ellos bajo la crisis económica: primero desempeñó al frente de Obras Públicas, Vivienda y Transportes; después tomó la cartera de Universidades, Empresa e Investigación. También ejerció como la voz del Gobierno de Valcárcel, en tiempos no precisamente amables para el PP.

En 2015 dio el salto más importante de su trayectoria política. Tomó el testigo de Miguel Ángel Cámara en La Glorieta, reclutó su propio equipo y se convirtió en el 262º alcalde de la ciudad de Murcia. Eran años duros para la ‘vieja política’ y tuvo que gobernar en minoría. En 2016 aprobó los Presupuestos con el respaldo del PSOE. En el primer mandato sufrió uno los instantes más amargos, con la dimisión de Roque Ortiz tras los polémicos audios. En 2019 volvió a ganar las elecciones, aunque otra vez sin mayoría absoluta. En esta ocasión pactó con Ciudadanos y gobernó en coalición. Pero la convivencia fue imposible desde el primer día, con dos socios de Gobierno que se cruzaban querellas entre ellos. Estalló todo por los aires en el invierno de 2021, con la doble moción de censura en la Comunidad y la Alcaldía de Murcia. El obús de la oposición no pudo con Fernando López Miras, pero sí derribó a Ballesta, pues Ciudadanos tomó medidas contra el transfuguismo y blindó a sus cuatro ediles tras el fiasco autonómico. Los naranjas, con el PSOE y Podemos, sacaron adelante la moción y el PP ponía fin a 26 años de hegemonía en la capital del Segura.

  • José Ballesta, en 2023. -

Fue sin duda el peor momento de su andadura política. Y aunque insinuó que lo dejaría todo y volvería a los “paraísos perdidos” de la universidad, reflexionó y recapacitó. Mantuvo el acta en un discreto segundo plano, lejos del cuerpo a cuerpo, mientras preparaba el regreso. Volvió con más fuerza y en 2023 arrasó en las urnas. Barrió a la misma oposición que había maniobrado para destituirle. Había recuperado la ciudad para el PP con una aplastante mayoría absoluta. Ballesta constituía una marca en sí misma. Porque sí, era un ‘pata negra’ del PP y un hombre leal los populares, pero ante todo sus siglas eran él: la marca Ballesta.

Desde entonces vivía entregado a las tareas del Ayuntamiento. Se autoimpuso una agenda intensa de actos, con un ritmo diario extenuante, multiplicándose cada día. Obsesionado con las ciudades amables y europeas, impulsó proyectos como Murcia Río y priorizó la recuperación del patrimonio y del entorno. Quería transformar realmente la ciudad. Y sobre todo ponía mucho celo en proteger la historia de Murcia y reivindicar su pasado; de ahí todo su empeño en iniciativas como Murcia 1.200, en compromisos como las fortalezas del Rey Lobo y en festejos como la Navidad, que potenciaba hasta el máximo y cuya última guinda fue la presencia del actor Richard Gere, el mismo que le calificó como un "wonderful major". Quienes han trabajado con él hablan de su alto sentido del esfuerzo y el trabajo. Era un líder que cuidaba su imagen afable y educada, pero también se mostraba muy exigente con su equipo.

También era un alcalde muy activo en redes sociales, donde daba difusión a su gestión municipal, pero también a cualquier evento relacionado con su Murcia y a los murcianos que sobresalían. Quiso el destino que dedicara su última publicación a los 3.000 corredores que habían participado en una carrera solidaria para para concienciar sobre la donación de órganos, la donación de médula ósea y la lucha contra la leucemia. “Murcia vuelve a demostrar que somos una tierra generosa, comprometida y altruista”, decía. Sus últimas palabras, siempre con Murcia en el centro de la frase. En tiempos donde el papel de la política se antoja un territorio hostil, Ballesta honró el oficio de servidor público.

Descanse en paz.

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