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MURCIA. Hay despedidas que consiguen borrar las diferencias. La de José Ballesta ha sido, por encima de todo, una lección de humanidad. En una política a menudo marcada por el ruido y la distancia, el fallecimiento del alcalde de Murcia a los 67 años ha logrado algo inaudito: que sus rivales más directos, sus colaboradores y los ciudadanos de a pie coincidan en que se ha ido, ante todo, "una buena persona".

Lo que más ha conmovido en la jornada de hoy ha sido comprobar cómo la cercanía de Ballesta traspasaba las siglas. El portavoz socialista, Ginés Ruiz, visiblemente afectado, ha recordado que el alcalde nunca dejaba que una discusión política se volviera algo personal. "Cuando terminaba un pleno tenso, te llamaba a su despacho solo para charlar una hora y limar asperezas. No quería que nadie se fuera a casa con un mal sentimiento. Nunca faltaba su llamada en un cumpleaños; siempre quería saber cómo estábamos nosotros y nuestras familias", confesaba el edil.

Esa misma sensación de pérdida se respiraba en las palabras de Luis Gestoso (Vox), quien destacó su "ejemplo impresionante de abnegación", trabajando por la ciudad hasta el último minuto y dignificando la vida pública con una elegancia que hoy todos reconocen.

Un legado que trasciende las siglas

El presidente de la Región, Fernando López Miras, resumió el sentir general al señalar que el cariño que hoy desborda el Ayuntamiento es su "mejor hoja de servicio". Para el presidente, Ballesta no solo gobernó, sino que contagió una vitalidad y un compromiso que "nos hizo mejores a todos". En la misma línea, el Delegado del Gobierno, Francisco Lucas, subrayó que trabajar a su lado fue una lección constante sobre la importancia de ser una persona íntegra por encima de cualquier cargo.

Desde el ámbito académico, los rectores José Luján (UMU) y Vicente Mendoza (UCAM) han recordado su "legado extraordinario" y su orgullo por haber sido representados por alguien que "adoraba a Murcia de esa manera".

El último adiós al "alcalde eterno"

Francisco Muñoz, en representación del equipo de gobierno, agradeció la "altura de miras" de todos los grupos políticos por apartar el juicio y unirse en el afecto. José Ballesta descansa ya en la capilla ardiente rodeado de sus grandes pasiones: su birrete de rector, la Medalla de Oro de la ciudad y la imagen de su devota Virgen de la Fuensanta.

El mundo académico, donde Ballesta dejó una marca imborrable antes de saltar a la primera línea política, también ha querido rendirle tributo. El rector en funciones de la Universidad de Murcia, José Luján, destacó el "legado extraordinario" de quien fuera su predecesor en el cargo. Por su parte, Samuel Baixauli recordó a Ballesta como ese espejo en el que mirarse por su entrega absoluta: "Siempre estuvo cerca, disponible para todos. Nos deja el espíritu de lo que debe ser la cercanía y el trabajo por los demás".

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Murcia despide a su alcalde José Ballesta entre lágrimas y palabras de amor: "Se va alguien que quería a esta ciudad por encima de todo"