MURCIA. El comercio local de toda la vida se enfrenta a una encrucijada: adaptarse a los nuevos hábitos de consumo o desaparecer del callejero. La fisonomía de los barrios y del centro ya no solo depende de la persiana alzada, sino de una compleja batalla contra el auge del comercio 'online', el incremento de los alquileres y un relevo generacional que no siempre llega a tiempo.
Esa batalla de la que habla el sector tiene hoy un nombre propio en el Barrio del Carmen: Rodolfo y Cervantes. Tras 70 años siendo el referente para vestir las fiestas tradicionales de la Región, sus escaparates lucen ahora el cartel de 'Liquidación'. Mariano, que ha pasado media vida —entró con 16 años— tras ese mostrador, explica que el cierre no es solo una cuestión de edad. Aunque la jubilación de su compañero ha sido el detonante, la viabilidad económica se había vuelto una cuesta arriba: "Los autónomos lo tenemos regular hoy en día, además había muchos gastos, el alquiler sube y la gente ya no compra como antes", lamenta.
El problema no es solo local. Mariano señala a un culpable global que ha cambiado las reglas del juego: gigantes como Shein y el comercio online. En un negocio donde el disfraz y la indumentaria regional eran el fuerte, la competencia digital ha mermado unas ventas que no terminaron de recuperar el ritmo tras el Covid. Es el fin de un oficio que no encuentra relevo en una ciudad donde el 'clic' parece ganar terreno al paseo.
El nuevo motor del turismo diario
Sin embargo, cruzar el río hacia la Plaza del Olmo ofrece una perspectiva distinta: allí, la pastelería Bonache se erige como un monumento a la supervivencia desde 1828. Celia y Carlos, que han tomado el testigo de sus padres, representan el relevo generacional que sí ha cuajado. A diferencia de lo que ocurre en los barrios más castigados por la gentrificación comercial, aquí el flujo no se detiene, aunque el rostro del cliente haya cambiado. "Ahora tenemos muchos más turistas que vienen de lunes a lunes, no como antes que apenas entraban dos o tres en un fin de semana", explica Celia a Murcia Plaza. Para ellos, el turismo ha sido una pieza clave para mantenerse al pie del cañón a pesar de la llegada masiva de franquicias en los últimos años.
Lejos de estancarse en la nostalgia, su estrategia ha sido clara: innovar para competir. Mientras las nuevas cafeterías de diseño apuestan por lo efímero, ellos han renovado su catálogo —'"no nos hemos quedado en lo típico, hacemos cosas nuevas"— logrando que el pastel de carne conviva con las nuevas demandas sin necesidad de algoritmos ni redes sociales.
El mapa de Murcia se redibuja hoy a dos velocidades. Entre el vacío que dejan comercios que, como Rodolfo y Cervantes, bajan la persiana tras 70 años de oficio, y la vitalidad de referentes como Bonache, que han sabido convertir su historia en una ventaja competitiva. El reto para la ciudad no es solo evitar los locales vacíos, sino proteger ese equilibrio donde la modernidad no borre la identidad y el mostrador de toda la vida siga siendo el corazón que da ritmo a sus calles.