MURCIA. La firma del contrato para las obras del Parque Metropolitano Oeste ha sido mucho más que un trámite administrativo; ha sido el pistoletazo de salida para una Murcia distinta. Con una inversión de 6,3 millones de euros y un plazo de 12 meses, el proyecto no solo dotará a la ciudad de su mayor pulmón verde, sino que obligará a rediseñar la forma en la que los murcianos se mueven y conviven en la zona oeste.
El cambio más inmediato y tangible para los vecinos de Barriomar, El Carmen y el distrito Centro-Oeste es la desaparición del aparcamiento de La Molinera. En apenas un mes, el actual descampado que sirve de refugio diario para centenares de vehículos dejará de existir para convertirse en un bosque fluvial de 5.800 árboles.
El reto del Ayuntamiento ahora es dar respuesta a esa demanda de aparcamiento alegal consolidada durante años. La estrategia actual pasa por buscar bolsas de suelo alternativas en las inmediaciones, negociando con la Demarcación de Carreteras para habilitar espacios que, a diferencia del actual, cuenten con iluminación, vallado y una gestión organizada. El objetivo es que la ganancia de calidad de vida que supone el parque no se vea empañada por la dificultad para estacionar
Un eje de conexión
El Parque Metropolitano no debe entenderse como una pieza aislada en el mapa, sino como un elemento conector que redefine la movilidad urbana. Su gran valor reside en su capacidad para "coser" barrios históricamente separados, como Barriomar y El Carmen, con puntos neurálgicos como el Malecón y el cauce del río Segura. El diseño del espacio está pensado para que las barreras físicas desaparezcan, creando rutas peatonales y ciclistas que permitan a los murcianos cruzar la ciudad de forma fluida, segura y rodeados de naturaleza.
Este nuevo pulmón verde se integra en una amplia red de corredores estratégicos que priorizan la identidad y el patrimonio local. Elementos icónicos como la mítica chimenea de La Molinera o la acequia Almohajar no se quedarán en el olvido, sino que se integrarán plenamente en el paisaje. Con una cuidada iluminación y puesta en valor, estos símbolos recuperarán su protagonismo histórico, convirtiéndose en puntos de referencia dentro de este entorno natural.
Además, el parque es una pieza fundamental de un tablero de movilidad mucho más amplio. Su éxito depende de cómo encaje con otros proyectos clave como el Riacho de la Morda y la esperada Conexión Sur. A pesar de los retrasos administrativos que ha sufrido esta última, el horizonte fijado para finales de 2026 es que Murcia ofrezca una ruta verde ininterrumpida. El objetivo final es ambicioso pero claro: conseguir que caminar o ir en bicicleta sea la opción principal para moverse, dejando el coche como una excepción del pasado.