MURCIA. En un mundo que corre demasiado rápido, el ecoturismo se ha convertido en la válvula de escape perfecta. Murcia, más allá de su huerta y su patrimonio urbano, esconde una red de espacios protegidos que permiten perderse entre cumbres nevadas, dunas fósiles y salinas llenas de vida. Viajar de forma sostenible no es solo visitar un lugar, es entender su equilibrio y dejar que la naturaleza nos cuente su historia.
Aquí te proponemos cuatro paradas obligatorias para redescubrir la biodiversidad de la Región de este a oeste.
Sierra Espuña
Si la Región tuviera un pulmón principal, sería Sierra Espuña. Perderse por sus laderas es asistir a una explosión de contrastes: desde el aroma del pino carrasco en las zonas bajas hasta la resistencia del pino laricio en las cumbres, donde las condiciones son extremas.
Es el paraíso de los "pajareros" y amantes del senderismo. Si levantas la vista, no es difícil ver el majestuoso vuelo del águila real o del búho real, guardianes de una zona protegida que también es hogar de la famosa ardilla de Espuña (única en la zona) y del escurridizo gato montés. Un ecosistema vivo que cambia de color según le dé el sol en la umbría o en la solana.
San Pedro del Pinatar
A caballo entre San Pedro y San Javier, las Salinas y Arenales son el ejemplo perfecto de que el hombre y la naturaleza pueden ser aliados. Aquí, la explotación de la sal convive con técnicas de pesca milenarias como "Las Encañizadas".
Caminar por sus seis kilómetros de costa mediterránea es un espectáculo visual, especialmente cuando las aves migratorias, como los flamencos, deciden hacer una parada técnica en sus humedales. Es un paisaje llano, de horizontes infinitos y dunas que nos recuerdan la importancia de proteger cada metro de arena.
El Valle y Carrascoy
Separando la Huerta de Murcia del Campo de Cartagena, este parque regional es la frontera natural que vigila la ciudad. Mientras que la zona de El Valle nos regala un bosque mediterráneo ideal para el ocio familiar y el deporte, Carrascoy conserva su estado más salvaje y natural.
Es un lugar con memoria; sus yacimientos arqueológicos nos cuentan que hace siglos ya buscábamos refugio en estas sombras. Hoy, sigue siendo el lugar favorito de los murcianos para desconectar del asfalto sin alejarse demasiado de casa.
Calblanque
Si buscas la esencia más pura del Mediterráneo, Calblanque es tu sitio. Entre Cabo de Palos y Portmán se extiende un paisaje que parece de otro planeta: dunas fósiles, calas escondidas y acantilados que mueren en el mar.
Aquí el ecoturismo es un compromiso real. Durante el verano, el acceso se regula con mimo para que el coche no invada el espacio del matorral o de las Salinas del Rasall. Es el lugar para quienes buscan el silencio, el olor a salitre y la belleza de una costa que ha conseguido escapar del ladrillo.