Hay viajes que se miden en kilómetros y otros en impacto. Este empieza en Cartagena a las siete de la mañana del 30 de abril, con doce horas por delante y una idea clara: demostrar que la inclusión no es un discurso, es una práctica.
La firma la asociación Zancadas sobre Ruedas, un colectivo de voluntariado, con base en Cartagena, que lleva años empujando -literalmente- los límites de lo posible.Zancadas sobre Ruedas es una asociación de voluntariado de ámbito nacional, sin ánimo de lucro, declarada de utilidad pública, que promociona la accesibilidad en actividades de ocio y tiempo libre y la práctica del deporte integrado en todas sus modalidades, superando barreras morales, físicas o sociales, mediante acciones inclusivas para colectivos o personas con discapacidad. Su próxima parada no es menor: el Camino de Liébana, una ruta exigente, con tramos técnicos, desniveles y, sobre todo, escasa adaptación para personas con movilidad reducida.
El equipo lo forman 18 personas, de las que siete tienen discapacidad. No van solos: les acompañan dos sillas Joëlette monorrueda, diseñadas para atravesar montaña donde una silla convencional no llegaría. Es el tipo de logística que no se ve, pero que lo cambia todo.

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Mucho más que senderismo
Lo que plantean no es una excursión. Es un reto inclusivo en montaña que, según la propia asociación, no se ha realizado antes con un grupo de estas características en este recorrido. Les espera unos días de dura exigencia anímica y mental, a la que habrá que añadir algunos condicionantes como la climatología, que, como ellos reconocen, les puede jugar alguna mala pasada.
El itinerario no deja margen para la improvisación:
30 abril: salida desde Cartagena - llegada a San Vicente de la Barquera
1 mayo: 28,5 km (San Vicente - Cades)
2 mayo: 16,9 km (Cades - Cícera)
3 mayo: 14,4 km (Cícera - Cabañes) - el tramo más duro
4 mayo: 12,1 km (Cabañes - Santo Toribio)
5 mayo: regreso
En total, más de 70 kilómetros de Camino Lebaniego atravesando municipios como San Vicente de la Barquera, Herrerías, Lamasón, Peñarrubia o Potes hasta llegar a Santo Toribio de Liébana.
Pero la cifra importante no es esa. Es otra: cero barreras asumidas como inevitables.
La clave: logística, equipo y cabeza
Detrás del reto hay algo que el gran público no suele ver: planificación milimétrica. Transporte, alojamientos accesibles, relevos en el empuje de las sillas, coordinación del grupo, seguridad en tramos complicados.
No es casualidad. Zancadas sobre Ruedas lleva más de ocho años haciendo esto.
Según su dossier, han realizado más de 1.900 actividades inclusivas, con cientos de voluntarios y usuarios implicados, desde carreras populares hasta rutas de alta montaña o incluso retos como el Camino de Santiago .
Su modelo es simple y potente: personas que quieren llegar más personas que ponen los medios para que eso ocurra.

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Una silla que cambia el significado del Camino
La Joëlette no es solo una herramienta. Es una declaración.
Permite que una persona con movilidad reducida participe en rutas de montaña con la ayuda de varios voluntarios. Es esfuerzo compartido. Coordinación. Confianza.
Y también visibilidad.
Porque cuando un grupo así atraviesa lugares como el desfiladero de La Hermida o sube hacia Cabañes, lo que deja no es solo huella en el camino. Deja una pregunta:
¿por qué esto no es lo habitual?
Lo que está en juego
No es solo completar el Camino Lebaniego. Es abrirlo. Abrirlo a futuras expediciones inclusivas. A instituciones que miren de otra manera. A una sociedad que entienda que la accesibilidad no es opcional.
Zancadas sobre Ruedas lo resume en una frase que aparece en su propio dossier: “Si yo llego, tú llegas”
Y ahora toca comprobar hasta dónde puede llegar esa idea.