Cartagena

Noelia Arroyo, alcaldesa de Cartagena: "Bea (Sánchez del Álamo), te estás haciendo una moción a ti misma"

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La mañana política en Cartagena dejó una imagen difícil de ignorar: mientras Noelia Arroyo denunciaba, en un viaje relámpago a Murcia, entre gestos de incredulidad una “amalgama de intereses partidistas” para asaltar el Ayuntamiento, una figura sobrevolaba constantemente su comparecencia: Beatriz Sánchez del Álamo. La todavía concejal de Gobierno y exintegrante de Vox se convirtió, casi sin hablar, en el símbolo más incómodo de una moción de censura que ha dejado al PP políticamente desorientado y a la alcaldesa instalada entre la indignación, la sorpresa y la sensación evidente de traición interna.

Porque, en realidad, toda la rueda de prensa de Arroyo tuvo algo de duelo político anticipado y bastante de desconcierto. Más que una alcaldesa respondiendo a una ofensiva de la oposición, parecía alguien intentando entender cómo una pieza de su propio gobierno ha terminado ayudando a dinamitarlo desde dentro.

Bea, te estás haciendo una moción a ti misma”, llegó a decir públicamente Arroyo, revelando incluso que tenía previsto tomar un café con Sánchez del Álamo horas antes del estallido político. La frase resume perfectamente el nivel de surrealismo institucional que vive ahora el Ayuntamiento de Cartagena: una concejal del propio Ejecutivo apoyando una operación para derribar al gobierno del que todavía forma parte.

Y es precisamente ahí donde el relato del PP empieza a complicarse. Porque Arroyo intentó presentar la moción como una especie de Frankenstein político construido a base de intereses personales, transfuguismo y desesperación electoral. Habló de “asalto al Ayuntamiento”, de “bloqueo”, de “caos” y de un pacto condenado al fracaso antes incluso de arrancar. Pero cuanto más insistía en la idea de que nada une a PSOE, MC, Sí Cartagena y los exVox, más flotaba otra pregunta incómoda: ¿cómo ha llegado su propio gobierno a un punto en el que uno de sus socios prefiere derribarlo antes que seguir dentro?

La alcaldesa insistió una y otra vez en que Cartagena “va bien”. Tan bien, de hecho, que según su teoría la moción se presenta precisamente porque las cosas funcionan. Una explicación políticamente arriesgada, porque viene a sostener que cuatro partidos y dos exconcejales de Vox han decidido incendiar el Ayuntamiento justo en el mejor momento posible de la ciudad. Una tesis que probablemente necesite algo más que fe para sostenerse.

"Nos espera un año de caos, de bronca, de parálisis y bloqueo"

Arroyo dibujó además un escenario casi apocalíptico si prospera la moción: “un año de caos, bronca, parálisis y bloqueo”. La paradoja es que buena parte de los argumentos utilizados por la oposición para justificar la censura describían exactamente ese escenario… pero aplicado al gobierno actual.

Y ahí apareció constantemente el fantasma de la legislatura 2015-2019. La alcaldesa rescató aquella etapa para advertir de lo que, según ella, supondría un ejecutivo liderado por MC y sostenido por el PSOE. Básicamente, vino a decir que Cartagena ya vio esa película y que acabó entre peleas internas, bloqueo administrativo y enfrentamiento permanente. Lo curioso es que la oposición utiliza exactamente el mismo diagnóstico… pero para describir el mandato actual del PP.

La intervención de Arroyo también dejó uno de los mensajes más políticamente delicados de toda la crisis: el intento de convertir la moción en un problema nacional del PSOE. La alcaldesa quiso vincular directamente la operación a Pedro Sánchez y lanzó una frase con evidente intención de desgaste: “El PSOE de Pedro Sánchez es capaz de aliarse con Vox para llegar al Ayuntamiento a cualquier precio”. Una línea argumental pensada más para Ferraz y Génova que para el propio salón de plenos cartagenero.

Pero probablemente el momento más revelador fue cuando Arroyo dejó entrever que todavía no asume del todo la ruptura política. No ha cesado oficialmente a Sánchez del Álamo y justificó esa decisión diciendo que no quiere precipitarse porque entiende que esto es “un problema de Vox con Vox”. Una explicación que quizá tenía sentido hace unas semanas, pero que empieza a sonar extraña cuando una parte de Vox está firmando la caída del gobierno municipal.

Mientras tanto, en el otro lado del tablero, Jesús Giménez Gallo ya se comporta como alcalde in pectore y Manuel Torres como el gran arquitecto silencioso de la operación. Y eso probablemente sea lo que más inquieta ahora al PP: que esta vez la amenaza parece mucho más sólida que en anteriores intentos.

Porque Arroyo puede ridiculizar la heterogeneidad del bloque alternativo, puede insistir en que no tienen proyecto común y puede recordar las contradicciones ideológicas entre sus integrantes. Todo eso es cierto. Pero también lo es otra cosa: la moción ha conseguido lo que parecía imposible hace apenas unos meses, unir a casi toda la oposición alrededor de una idea muy concreta: que el Gobierno municipal ha entrado en fase de desgaste.

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