El vocalista de Sidecars reflexiona sobre el vértigo del consumo rápido, la ansiedad por escucharlo todo y el mejor momento creativo de la banda coincidiendo con la gira de Everest. Juancho reivindica los discos largos, las canciones que superan los tres minutos y una manera de vivir la música —y las relaciones— desde la implicación absoluta.
Pregunta. Everest salió el pasado noviembre y ahora estáis inmersos en la gira. Después de tantos años, ¿qué sigue generando más emoción: publicar un disco o salir a tocarlo?
Respuesta. Las dos cosas. Cada una ocupa un sitio distinto en mi cabeza y en mi corazón. El disco es un proceso muy introspectivo, de muchos meses trabajando sin una perspectiva real de cómo lo va a recibir la gente. Tú puedes pensar que es increíble y luego el público lo recibe de otra manera. La gira es cuando realmente le tomas el pulso al disco, cuando ves a la gente cantando las canciones y entiendes lo que han significado para ellos. Son dos momentos muy importantes y muy ligados entre sí.
P. Después de la pandemia comentaste en alguna ocasión que había bajado un poco el soufflé de todo. Ahora, sin embargo, no paráis hasta final de año. ¿Es uno de los mejores momentos de la banda?
R. Yo creo que sí. Estoy convencido. A nosotros la pandemia nos pilló en un momento en el que veníamos creciendo mucho, después de varios discos y varios años de carrera. Estábamos viviendo una especie de efervescencia y ese frenazo nos afectó bastante. Sacamos un disco que tuvo menos impacto del que podría haber tenido y sentimos que todo se detenía. Ahora no solo se ha recuperado el ritmo, sino que siento que estamos en otro punto. Creo que tenemos mejores canciones que nunca o, al menos, el disco más redondo que hemos hecho. Y la banda está en el mejor estado de forma. También somos más maduros para valorar las cosas y ser conscientes de lo que tenemos. Sí, creo que es nuestro mejor momento.
P. Hablabas precisamente de Ruido de Fondo, el disco que publicasteis en plena pandemia.
R. Sí. Aun así nos trajo cosas muy buenas. Por ejemplo, Mundo imperfecto es una de las canciones más escuchadas que tenemos. Pero fue una decisión complicada. Mientras todo el mundo estaba parando, nosotros decidimos sacar el disco, incluso en contra de lo que nos recomendaba la discográfica y mucha gente alrededor. Fuimos muy cabezotas y pensamos que, si la gente estaba encerrada en casa, lo mínimo que podíamos hacer era darles música. Lo que pasa es que la atención estaba en otro sitio y, aunque el disco funcionó bien y nos dio alegrías, sí sentimos que la carrera frenó un poco.

- Juancho Cornejo, Gerbass y Ruly. -
- Foto: Sidecars
P. También vivimos un momento de auténtica fiebre por los conciertos. Yo no recuerdo algo así.
R. Es una locura y también una muy buena noticia. La música está viviendo un momento increíble. Hace poco escuché que incluso estaba igualando o superando al fútbol en España en seguimiento y eso me impactó muchísimo. Significa que el oficio goza de muy buena salud. Pero también vivimos en un mundo muy extraño, con mucho FOMO. Parece que a veces es más importante poder decir que has estado en un sitio que realmente vivirlo. Ese ya es otro debate.
P. Hay algo que agradezco mucho de Everest: 14 canciones y todas duran más de tres minutos. En una época dominada por el algoritmo, casi parece un acto de resistencia.
R. Muchas gracias. No sé si voy contra el algoritmo o el algoritmo va contra mí. Nosotros seguimos funcionando igual que cuando empezamos: hacemos la música que nos gustaría escuchar y lo que nos pide el cuerpo, independientemente de las modas o de lo que supuestamente habría que hacer. Si una radio no quiere poner una canción porque dura más de dos minutos, pues no pasa nada. Y si la gente ya no escucha discos enteros porque consume canciones sueltas en listas, tampoco pasa nada. Siempre quedará gente romántica, gente a la que le gusta escuchar un álbum como una historia, con un orden, un principio y un final. Para ellos sigo haciendo música así.
P. El disco también deja una sensación más reposada, quizá más reflexiva que otros trabajos vuestros.
R. Puede ser. Siempre digo que las canciones mandan. Nunca hemos tomado decisiones del tipo “vamos a hacer un disco más rockero” o “más movido”. Yo voy escribiendo canciones y cuando llega el momento elegimos las que mejor cuentan la historia. Este disco ha quedado así porque creo que tiene textos más profundos y canciones con desarrollos más interesantes. Puede que eso haga que sea más reposado.

- Juancho Cornejo, Gerbass y Ruly. -
- Foto: Sidecars
P. Hay un mensaje que sobrevuela varias canciones: la idea de implicarse de verdad con alguien, de estar dispuesto a todo por otra persona.
R. Sí, pero más que un mensaje para los demás, es mi manera de entender las relaciones. Con mis amigos, con mi familia o con mis parejas. Yo soy una persona que está o no está. Las medias tintas no me interesan. Evidentemente, en relaciones largas hay etapas y el fuego del primer mes no dura toda la vida, pero no hablo de eso, sino de la implicación. De decir: “Ahora mismo subiría el Everest sin oxígeno si tú me lo pides”. Es un poco esa idea de estar a muerte por alguien.
P. Hay una frase del disco que me parece brutal: “Ahora sé que el pasado perfecto puede tumbarnos de un gancho perfecto”. ¿Cómo se combate esa tendencia a vivir atrapado en la nostalgia?
R. El pasado es importante porque es lo que te construye. Somos lo que somos por las experiencias que hemos vivido y no hay que olvidarlas. Pero si te pasas la vida mirando hacia atrás te pierdes lo que estás viviendo ahora mismo. Y si solo miras al futuro, también. Creo que hay que disfrutar del camino y del presente. La vida son dos días y no sabes si mañana te atropella un autobús. Hay que vivir el momento y no quedarse colgado ni de lo de antes ni de lo que vendrá después.
P. Lleváis prácticamente dos décadas de carrera. Has vivido todos los cambios de la industria musical. ¿Qué es lo que más te preocupa del momento actual?
R. Hemos pasado de vender discos a la piratería, de ahí a Spotify y ahora a canciones inmediatas de menos de dos minutos. Lo que más pena me da es que la música se convierta en un contenido de paso. Antes ibas a un festival y había cinco grupos que no coincidían entre sí. Ahora tienes veinte escenarios y ansiedad por verlo todo. La gente se compraba un disco y lo escuchaba. Ahora salen millones de canciones todos los viernes y eso genera una sensación de que tienes que consumirlo todo rápido. Y al final no escuchas nada de verdad. Me da miedo que el consumo de música se parezca al de la comida basura.

- Juancho Conejo. -
- Foto: Sidecars
P. Incluso parece que si no escuchas un disco el día que sale ya llegas tarde.
R. Claro. Hay demasiada prisa para todo. Escuchamos los audios al doble de velocidad porque no tenemos un minuto para escuchar a nuestra madre. A mí me da vértigo. Yo no tengo redes sociales ni WhatsApp. Intento mantenerme un poco al margen de toda esta locura. No pasa nada si escuchas un disco el miércoles o dentro de un año. La música está ahí para cuando llegue el momento. Y tampoco hace falta escucharlo todo. Vale más escuchar una canción prestándole atención que escuchar diez mientras haces cuarenta cosas.
P. También es curiosa vuestra historia con la música. Leí que todo empezó por un castigo después de suspender unas asignaturas.
R. Sí, a tocar la guitarra empecé así. Desde pequeño escuchaba mucha música porque mi hermano mayor traía a casa discos de Bruce Springsteen, Los Rodríguez o los Rolling Stones. Pero lo de tocar empezó un verano en el que estaba castigado por suspender. Estábamos en una casa en Toledo y allí no había instrumentos. Le dije a mi hermano que quería aprender a tocar la guitarra y, en una de las visitas que hizo, me trajo una guitarra española. Ahí empezó todo. Me entró el veneno y ya no ha parado nunca.
P. Después de tantos años juntos, ¿cuál es el secreto para que la banda siga funcionando?
R. Creo que hemos aprendido a cuidarnos mucho. Somos tres hermanos y, antes que una banda, somos amigos. Cuando no estamos de gira nos vamos juntos de vacaciones. Estamos muy pendientes unos de otros y eso es fundamental. En el momento en el que la convivencia se deteriora, también desaparecen las ganas de hacer música. Y luego está el hecho de haber hecho siempre lo que queríamos. Hemos tenido la suerte de que las discográficas nunca se han metido en nuestra parte artística y eso hace que cada disco siga ilusionándonos. Creo que es la relación más larga que hemos tenido y espero que siga durando mucho tiempo.