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Óscar Casas protagoniza ‘Deseo’: “El deseo muchas veces te lleva a hacer cosas impulsivas que destrozan familias y vidas”

  • Óscar Casas en un fotograma de la película.
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Óscar Casas se adentra en el thriller erótico con Deseo, una película en la que interpreta a Matías, un personaje enigmático marcado por el impulso, la obsesión y el silencio. El actor reflexiona sobre el deseo como fuerza animal, habla de la presión de ser “el hermano de”, de su necesidad constante de cambiar de registro para no acomodarse y de cómo está viviendo uno de los rodajes más intensos de su vida bajo la dirección de su hermano, Mario Casas.

P. Presentas Deseo, un thriller salpicado de amor y obsesión. ¿Cómo definirías la película?

R. Yo creo que la definiría como un thriller erótico, sin duda. Un thriller donde el erotismo y el deseo crean precisamente ese suspense.

P. Hay una cosa que llama mucho la atención de la película. De la familia protagonista sí conocemos más detalles, pero de tu personaje, Matías, apenas sabemos nada. ¿Cómo construyes un personaje con tan poca información?

R. Bueno, yo sí que la tengo. Con la directora y con el coach de acting creamos toda una historia de Matías y del personaje para entender por qué hace lo que hace, entender su vida y todo lo que ha vivido antes de la película. Yo, como Óscar, he podido entender perfectamente a Matías por todo lo que ha vivido en el pasado, pero creo que es interesante que dentro de la película solo se vayan conociendo pinceladas poco a poco. Qué fue de él en el pasado y qué le hizo abandonar su vida.

P. La película se llama Deseo y el deseo está muy presente en toda la historia. ¿Qué reflexión te ha generado sobre esa dualidad entre hacer lo que quieres y hacer lo que debes?

R. Creo que esa dualidad es con la que convivimos todos constantemente. Primero es importante conocer muy bien tus deseos y entenderte, entender qué es esa cosa instintiva y animal que aparece dentro de ti. Luego entra la mente, entra lo racional y muchas otras cosas que van frenando ese deseo. Vivimos constantemente con eso. El deseo es algo muy animal y muchas veces te dejas llevar por él. Y muchas veces el deseo te lleva a hacer cosas impulsivas que destrozan familias y vidas.

P. Vuelves a cambiar de género. Y te lo digo también porque tu hermano funciona muy bien en distintos registros. En tu caso da la sensación de que estás construyendo una carrera muy variada, muy rica en géneros y tonos distintos. ¿Es algo buscado?

R. Sí, totalmente. Como actor intento aprender constantemente. Es lo que más necesito ahora mismo: aprender, aprender y aprender. Y obviamente cambiar de género, de tono y de tipo de personaje te hace enriquecerte muchísimo más. Es lo que intentamos hacer dentro de mi equipo, en mi casa y también siguiendo mi instinto, buscando dónde puedo encontrar mi lugar y seguir creciendo. A mí me da miedo repetirme. Más que aburrirme, me pone inseguro. Me da miedo relajarme y pensar: “Esto ya sé hacerlo”. Creo que ahí es donde pueden empezar a salir cosas que no están bien.

P. En Deseo tu personaje habla muchísimo con la mirada. Tiene algo seductor, incluso inquietante. ¿Cómo se trabaja eso?

R. Muy buena pregunta. Primero, intentando no trabajarlo de una forma consciente. Cuando eres demasiado consciente de que quieres poner una mirada concreta, ahí suele aparecer el error. Ahí es donde se mete algo entre tú y el espectador: la mentira. Y deja de sentirse real. Lo que hay que hacer es ser muy honesto con lo que te está ocurriendo dentro y confiar en que eso se traslade a los ojos. Es complicado, porque el actor muchas veces tiene miedo de no estar llegando. Estás pensando algo muy fuerte y de repente dices: “No está llegando, no se está entendiendo”, y entonces aprietas la mirada. Y ahí está el fallo.

Hay que confiar en lo que ocurre dentro, porque los ojos siempre hablan.

  • Óscar Casas y Ludwika Paleta en un fotograma de la película. -

P. Mario Casas decía hace poco que eres mejor actor que él a tu edad, aunque también lo tienes más difícil por ser “el hermano de”. ¿Sientes esa presión o esos prejuicios?

R. Sí, claro, es un estigma con el que voy a convivir siempre, pero a mí me hace sentir orgulloso. Hay algo que me motiva mucho en eso de demostrar quién soy y hacerme un hueco en esta industria. Llegar a lugares preciosos donde mi hermano ha llegado. Pero también es verdad que él ha sido mi guía desde siempre. Sin él yo no estaría donde estoy. Y la gente tiene razón cuando lo dice. No en el sentido de “lo han colocado” o “lo han enchufado”, porque no funcionamos así, pero sí en todo el conocimiento y en todo lo que me ha enseñado y guiado hasta llegar aquí. Por eso tengo muchas ganas de demostrar.

P. Eres un actor muy mediático por distintas razones y eso implica convivir con la exposición pública. ¿Cómo llevas la fama y esa invasión constante de la vida privada?

R. Intentando ser lo más discreto posible. Es verdad que he estado más expuesto porque he tenido que hacer promoción con mi pareja y seguramente ha sido el momento más difícil en ese sentido. Pero intentamos vivirlo con discreción. Somos personas con un círculo muy pequeño, muy familiar, y tratamos de proteger eso. Son cosas que vienen con este trabajo y toca lidiar con ellas intentando ser lo más natural posible.

P. Se lo dije también a Mario: los dos transmitís mucha honestidad y cercanía.

R. Cuando quieras nos tomamos una Coca-Cola (risas).

P. Estás rodando ahora mismo con tu hermano como director. ¿Cómo es tenerle de “jefe”?

R. Bueno, el director es un poco el guía de todo el equipo. Y con él es difícil y maravilloso a la vez, porque nadie me conoce más que él. Nadie me detecta la mentira más rápido. Nadie sabe tocarme mejor las teclas. Entonces está siendo increíble, aunque también muy intenso y agotador. Hay una energía muy fuerte entre nosotros constantemente. Cualquier palabra, cualquier indicación o cualquier escena se vive muchísimo más intensamente. Vivimos uno frente al otro en unos apartamentos y acabamos cada día reventados. Pero de verdad que está siendo una de las experiencias más bonitas de mi vida.

 

P. Claro, pero cuando tu hermano te corrige o te dice “hazlo de otra manera”, ¿no piensas alguna vez: “Qué pesado eres”?

R. (Ríe) Bueno, cuesta canalizarlo a veces. La actuación es algo muy vivo, muy poco matemático. No hay una única manera de hacer las cosas. Entonces intentamos llegar juntos a ciertos lugares y para eso él me va guiando: “Ahora deja de hacer esto”, “ahora prueba esto otro”… Al final se trata de apartar completamente el ego y convertirse en un canal donde juntos vamos jugando, probando y dejándonos llevar. Claro que hay momentos difíciles, pero el resultado está siendo espectacular.

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