David Pérez Sañudo retrata en 'Sacamantecas' una Vitoria volcada en la guerra

Entrevista

Murcia Plaza Cultura

El director cuenta la historia de Juan Díaz de Garayo desde la búsqueda de justicia de la hermana de una víctima, con la Tercera Guerra Carlista a las puertas de Vitoria

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CARTAGENA. Ángela vuelve a Vitoria para enterrar a su hermana y averiguar quién la mató. Con la guerra a las puertas de la ciudad y los recursos volcados en el frente, tendrá que buscar respuestas por su cuenta. Patricia López Arnaiz interpreta a Ángela y Antonio de la Torre a Juan Díaz de Garayo, el campesino conocido como el Sacamantecas y uno de los primeros asesinos en serie documentados en España.

David Pérez Sañudo lleva esta historia al cine en Sacamantecas, que se estrena el 6 de noviembre. En la entrevista, el director explica por qué quiso contarla desde las víctimas y qué le interesaba de la Álava del siglo XIX, desde el retroceso del euskera hasta las diferencias entre una Vizcaya industrial y una Álava agraria.

P. Te lo decía fuera de cámara. Me ha encantado la película, me parece un peliculón y ojalá se lleve muchos premios. Cuentas la historia del Sacamantecas, uno de los primeros asesinos en serie documentados en España. En pleno auge del true crime, ¿qué querías contar con esta historia? ¿Qué querías aportar?

R. Juan Díaz de Garayo, el Sacamantecas, es un personaje muy popular en la tradición alavesa y vasca. A todos los niños nos han dicho en algún momento: "Duérmete, que viene el Sacamantecas". Siempre habíamos tenido el anhelo de acercarnos a esa historia, pero nos parecía un poco utópico porque recrear el siglo XIX es muy costoso en términos de producción. Creo que empezamos a pensar en serio en ello después de hacer Ane, cuando nos sentimos con la legitimidad suficiente para escribir y financiar una película de mayor calibre.

Al documentarnos pensamos: "Ostras, esto quizá nos permite hacer un episodio nacional". Contar algo de la historia del siglo XIX, que está muy olvidada. De la Guerra Civil se ha hablado tantas veces que está exprimida. Hay historias maravillosas, contadas desde mil perspectivas, pero es cierto que el siglo XIX, con las tres guerras civiles que hubo, no se ha tratado tanto.

Nos dimos cuenta de que al Sacamantecas no se le había relacionado lo suficiente con el territorio en el que vivió ni con la situación de ese territorio en aquella época. Es un territorio que atraviesa tres guerras civiles, donde el euskera retrocede constantemente y están a punto de nacer los nacionalismos. Está también el contraste entre la potente industrialización de Vizcaya y cómo Álava queda relegada al mundo agrario. Hay una serie de condicionantes muy interesantes.

 

 

P. No lo había visto desde esa perspectiva, quizá por desconocimiento. Me parece muy interesante el retrato de la sociedad vasca que hace la película. Desde fuera conocemos Vizcaya como un gran polo industrial, pero quizá no sabemos cómo se sentían los demás territorios vascos respecto a Vizcaya.

P. También valoro mucho la sobriedad de la película. Estamos acostumbrados a que, cuando se retrata a asesinos en serie, se cree cierto halo alrededor de su figura, casi se los mitifique. ¿Te preocupaba que se pudiera generar esa fascinación por el Sacamantecas? Aquí ocurre todo lo contrario.

R. Sí, hay una fascinación excesiva por un personaje que no era tan fascinante. Lo más relevante de él es que asesinaba a mujeres. Era un campesino analfabeto que, a cinco días de ser ejecutado a garrote vil, dijo que quería aprender a leer y a escribir. No sabemos si era una pulsión latente, una declaración espontánea fruto de la desesperación de sus últimos días o un anhelo que había persistido.

También hay una búsqueda de honestidad. Nos hemos preguntado mucho qué significa ser honesto al retratar la historia de un asesino de mujeres que, al mismo tiempo, es un símbolo de la cultura alavesa. Para nosotros pasa por respetar el territorio, acercarnos a él y dejar un testimonio, un mosaico de cómo era el escenario que permitió la existencia del Sacamantecas. Eso nos interesa mucho y hemos tratado de trabajar siempre desde esa perspectiva.

 

 

P. Das mucho protagonismo a las víctimas, y creo que para bien, a través de Ángela, el personaje que interpreta Patricia López Arnaiz. Siguiendo con lo de la mitificación, muchas veces intentamos comprender al asesino y dejamos de lado a las víctimas, que son las principales damnificadas.

R. Totalmente. Creo que, en el caso del Sacamantecas, es legítimo hacer una película desde distintas perspectivas. Se puede contar desde el punto de vista de las víctimas o desde el del asesino. Es una cuestión de sensibilidad y del prisma que utilices. Pero con Juan Díaz de Garayo nos dimos cuenta de que hay una mitificación excesiva y un desconocimiento absoluto de quiénes eran las víctimas. Enseguida vimos que era necesario entender el deseo de reparación a través de una familiar, la hermana de una de las víctimas.

Ella quiere saber por qué, quién ha sido, en un momento en el que todos los recursos están al servicio de una guerra civil que está ya a las puertas de Vitoria. El nombre de guerra carlista puede sonar a algo lejano en el tiempo, casi esperpéntico, pero no deja de ser una guerra civil que enfrenta dos modelos, dos posibilidades de España en ese momento. Tiene mucho que ver con el nacimiento del nacionalismo vasco, o al menos del Partido Nacionalista Vasco, por su relación con el bando carlista.

Por eso no es gratuito que la película muestre en algunos momentos que faltan recursos policiales o que a una sobrina se le diga que, si grita para pedir ayuda, lo haga en castellano para que la entiendan. Se asocia el castellano con el progreso y el euskera va retrocediendo, en una época en la que también tiene una gran variedad dialectal.

Ninguno de esos condicionantes es el tema principal de la película, pero todos son indispensables para entenderla. La historia de Juan Díaz de Garayo, el Sacamantecas, se dio porque el territorio era ese y porque la atención estaba puesta en otros sitios. En un periodo de guerra, quizá no interesaba lo que sucedía fuera de las murallas. Las vendedoras ambulantes, las feriantes, las prostitutas eran víctimas de segunda. Hubo un contexto que hizo posible todo eso.

  • David Pérez Sañudo durante el rodaje con Patricia López Arnaiz -

P. Acabas de mencionar que las víctimas apenas importaban en aquel contexto. ¿Hasta qué punto habla eso también de nuestro presente? En muchos sitios, no tanto en España, sigue ocurriendo que, ante determinados hechos, las autoridades apenas investigan o muestran poco interés.

R. Creo que hay un diálogo con el siglo XXI. Miramos desde el presente y nos valemos de lo que sabemos hoy para hacernos preguntas y mirar la historia del Sacamantecas desde otro lugar. Al mismo tiempo, somos muy prudentes y rechazamos revisitar el siglo XIX con el ventajismo del siglo XXI. Por ejemplo, hemos intentado que la atmósfera y el tempo de la película respiren siglo XIX.

No sabemos cómo habría sido el siglo XIX en el cine porque entonces no existía una producción industrial de películas. Nos hemos acercado al cine del primer tercio del siglo XX, a esa relación entre el individuo y el paisaje que tiene el western. Hemos buscado un ritmo pausado y una banda sonora que prescinde de la electrónica y trabaja con timbres, sonoridades e instrumentaciones propias del siglo XIX.

También hay un respeto pictórico y fotográfico por la luz de entonces. Trabajamos con niveles de luz muy bajos, con las fuentes que se usaban en aquella época para alumbrarse, mucha vela y mucho candil. Eso supone asumir mucha penumbra y mucha oscuridad, porque la luz que había de noche era otra. Todo ese mosaico forma parte de nuestro intento de mirar al siglo XIX con respeto.

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