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La directora bilbaína estrena 'Cada día nace un listo'

Arantxa Echevarría: "Los que nos mangan por arriba nos mangan de verdad"

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Tras el éxito de 'Carmen y Lola', 'La familia perfecta' o la premiada 'La infiltrada', Arantxa Echevarría regresa a los cines con 'Cada día nace un listo', una comedia negra y gamberra que llega a las salas este 5 de junio. La directora habla sobre el éxito tardío, las dificultades para abrirse camino en una industria tradicionalmente masculina, la picaresca, los poderosos y los peligros de la fama instantánea.

Pregunta. Tengo la sensación de que ocurre algo parecido contigo, con Carla Simón o con Alauda Ruiz de Azúa. Cuando uno descubre vuestros primeros trabajos se pregunta: ¿dónde estabais antes? ¿Por qué el gran público no os conoció antes?

Respuesta. Yo llevo trabajando en el cine desde los 18 años. He sido meritoria, auxiliar, ayudante de dirección, operadora de cámara... He intentado abrirme camino por todos los medios posibles, pero era muy difícil. Era un mundo muy masculino y también hay que tener en cuenta que hacer cine cuesta muchísimo dinero. Los productores solían ser hombres y apostaban por hombres.

Mi primera película, Carmen y Lola, me la tuve que producir yo misma porque veía que no había manera. Ya tenía 50 años, sentía que se me estaba pasando el tiempo y pensé que iba a morirme sin rodar una película. Así que decidí dar el paso. Aquello fue una auténtica locura. Estábamos rodando y, en mitad de una secuencia, podía venir alguien de producción para decirme que no había dinero para pagar los seguros sociales. Yo respondía: "Dame diez minutos, termino la secuencia y busco el dinero". Nuestro trabajo ha sido un trabajo de muy largo recorrido.

Al final tuve muchísima suerte porque Carmen y Lola funcionó. Y digo suerte porque no todo depende de que una película sea buena o mala. Depende de la distribución, de que llegue a la gente, de que entre en festivales. Hay auténticas maravillas que nadie ha visto por falta de oportunidades. Yo tuve la fortuna de que aquella película encontrara su camino.

P. Cuando escucho historias como la tuya siempre pienso lo mismo. Los responsables de la industria conocen mejor que nadie el sector. ¿Cómo es posible que a veces no apuesten por proyectos que luego terminan siendo un éxito?

R. Es muy complicado. Si fuera tan fácil saber qué va a funcionar en taquilla o en festivales, en lugar de productores habría banqueros. Es imposible saberlo. Cuando iba a presentar Carmen y Lola y explicaba que era una historia de amor entre dos chicas gitanas, interpretadas por actrices no profesionales, y además era mi primera película, el riesgo era enorme. Muchos productores me decían que no lo veían claro. Y es lógico. Están arriesgando mucho dinero.

Es verdad que la industria suele ser bastante conservadora. Si funciona la comedia familiar, de repente aparecen seiscientas comedias familiares. Si funciona una temática concreta, llegan trescientas películas parecidas. Sin embargo, yo creo que si miraran con atención los resultados verían que lo que realmente funciona es la diversidad. Los domingos no tiene nada que ver con Sirat o con Una quinta portuguesa, por poner ejemplos. Son películas completamente distintas y cada una encuentra a su público. El espectador quiere variedad. Si ya ha visto una película, no necesariamente quiere ver la siguiente exactamente igual.

  • Arantxa Echevarría en un momento del rodaje. -

P. Entrando en Cada día nace un listo, da la sensación de que había un hueco para una película así dentro del cine español.

R. Totalmente. Había un agujero. Muchas de las comedias que se hacían eran muy blancas, familiares o muy intelectuales. Yo echaba de menos una comedia más negra, más gamberra, más rota.

La idea original era de Michel Gaztambide y Enrique Urbizu, que son dos de los mejores guionistas de nuestro cine. Urbizu empezó a desarrollar esta historia en 2014, pero llegó un momento en el que no iba a dirigirla y decidió dejar el proyecto libre. Entonces el guion llegó a Patricia Campo y a mí. Cuando lo leímos pensamos que aquello era una especie de Guy Ritchie pasado por el filtro español. Nos parecía algo muy diferente y quisimos potenciar todavía más esa personalidad.

Por ejemplo, reforzamos mucho los personajes femeninos y empujamos la película hacia un terreno todavía más gamberro y más disparatado. Lo hicimos precisamente porque sentíamos que faltaba una buena comedia negra en la cartelera española actual.

P. La película retrata a personajes sin escrúpulos, pero movidos por motivos muy diferentes. Algunos actúan por pura ambición y otros porque apenas tienen otra forma de sobrevivir. ¿La picaresca forma parte de nuestra naturaleza o la aprendemos cuando las circunstancias nos empujan?

R. Yo creo que la llevamos dentro. Hay algo muy humano en ser un poco mezquinos. No conozco a nadie que no se haya quedado alguna vez con unas vueltas mal dadas o que no se haya colado en algún sitio porque tenía prisa. Todos lo hacemos en mayor o menor medida.

El problema es cuando lo hacen los poderosos. Cuando lo tienen todo y, además, muchas veces lo hacen con dinero que es de todos. Ahí es donde aparece una sensación muy dolorosa. Porque, además, parece que nunca pagan las consecuencias. Nunca van a la cárcel, nunca pasa nada. Mientras tanto, cualquier pequeño error que cometa una persona corriente puede acabar teniendo consecuencias enormes.

Creo que todos nos sentimos identificados con esa sensación de desigualdad. Hay una frase de la película que me encanta y que dice un camarero: "Trabajando no te da tiempo a hacerte rico". Y es verdad que a veces uno mira alrededor y piensa: ¿cómo puede ser que un jueves laborable haya gente en la playa mientras yo estoy trabajando? Hay algo ahí que provoca frustración.

P. Incluso cuando hablamos de delitos, el espectador suele distinguir entre quien roba por necesidad y quien lo hace simplemente por codicia. ¿Crees que son situaciones moralmente diferentes?

R. Sin ninguna duda. Son dos formas completamente distintas de afrontar la vida. Una cosa es no llegar a final de mes y no tener comida para tus hijos. Yo soy la primera que, si llegara a una situación así, me llevaría comida del supermercado. No tendría ninguna duda. Mi familia está por encima de mí misma.

Lo que genera ira y frustración es ver cómo determinadas personas, que ya tienen absolutamente todo, siguen queriendo más. Te pongo un ejemplo. Elon Musk se quejaba hace poco de que pagaba demasiados impuestos. Estamos hablando de una de las mayores fortunas del planeta. Aunque le quitaras la mitad de su dinero seguiría siendo uno de los hombres más ricos del mundo.

Por eso pienso que ciertas quejas no son ni dignas, ni solidarias, ni tienen demasiado sentido. Y, sin embargo, como sociedad lo estamos permitiendo. Nos enfadamos, protestamos, nos quejamos, pero dejamos que siga ocurriendo. A mí eso me da mucha rabia.

La película también habla de eso. De recordar que quienes realmente nos roban son muchas veces los que están arriba. Los otros son supervivientes. Gente que intenta salir adelante en situaciones que no siempre ofrecen demasiadas alternativas.

  • Hugo Silva en un momento de la película. -

P. Otro personaje muy interesante es el de Hugo Silva. Alguien que alcanzó la fama gracias a un talent show y que después termina viviendo en un coche. Hay algo que nos fascina como sociedad cuando vemos caer a una persona famosa.

R. Sí, y eso dice bastante de nosotros. Además, vivimos un momento en el que las redes sociales han acelerado muchísimo los procesos. Hoy alguien puede convertirse en influencer prácticamente de la noche a la mañana, sin formación específica, opinando sobre cualquier tema y acumulando miles o millones de seguidores porque el algoritmo decide amplificar sus mensajes.

El problema es que esa misma fama puede desaparecer igual de rápido. A mí me da pena la gente que piensa que puede llegar muy lejos sin esfuerzo. Lo siento, pero normalmente no funciona así. A mí me ha costado muchísimo llegar hasta aquí. Estoy segura de que a ti también te habrá costado mucho construir tu carrera.

Esto es un trabajo de largo recorrido. Me alegro muchísimo por quienes tienen éxito rápido, pero siempre pienso que deberían tener cuidado. Porque cuando algo llega tan deprisa, también puede desaparecer muy deprisa.

P. Hay muchos juguetes rotos por el camino.

R. Muchísimos. Y por eso me interesaba tanto el personaje de Tony Novas, el personaje que interpreta Hugo Silva. Es alguien entrañable. Creo que, en el fondo, a todos nos produce cierta curiosidad ver cómo alguien a quien le fue muy bien termina pasándolo mal. Es algo muy humano. Igual que cuando alguien se cae en la calle: primero te ríes y luego corres a ayudarle.

Pero Tony tiene una característica que lo salva de convertirse en un personaje triste. Es feliz con muy poco. Sueña con ganar dos millones de euros, claro, pero si hoy consigue cien euros se va a ir a la cama igual de contento. Tiene algo infantil, algo ingenuo, que hace que acabes cogiéndole muchísimo cariño. Porque vive el presente y celebra las pequeñas victorias. Y eso lo convierte en un personaje muy especial.

P. Comentabas en alguna presentación de la película que hubo momentos en los que el público se reía donde no esperabas que lo hiciera. Como directora, ¿cómo se vive eso?

R. Pues lo vivo bien, porque al final se están riendo. Creo que es peor cuando no se ríen donde esperas que lo hagan. Hay una secuencia al principio de la película —sin desvelar demasiado— que tiene un tono muy hitchcockiano, bastante duro, y sin embargo la gente se ríe. La primera vez me sorprendió muchísimo. Pensé: "Pero si aquí no toca reírse".

Pero luego entendí que era buena señal. Cuando la gente se ríe ahí, pienso que la película va a funcionar porque ha entrado completamente en su juego. Lo único que me da rabia es que a veces se ríen tanto que no escuchan el siguiente gag (risas). Ahí sí pienso que para la próxima tendré que dejar una pequeña pausa para que puedan recuperar el aliento (risas).

  • Arantxa Echevarría en un momento del rodaje. -

P. Has pasado del drama a la comedia y de la comedia al drama en varias ocasiones. ¿Cuesta cambiar de registro?

R. Sí, cuesta. Mucho más de lo que parece. Cuando llevas dos o tres años preparando una película, escribiendo el guion, desarrollando el proyecto, planificando el rodaje y viviendo dentro de ese universo, es complicado salir de ahí.

Después de La infiltrada, por ejemplo, fue difícil. Había sido un viaje muy intenso. Habíamos hablado con víctimas, habíamos trabajado una historia muy dura y emocionalmente exigente. Cuando terminas algo así piensas: "Madre mía, ahora tengo que hacer una comedia". Y da vértigo.

Pero en cuanto entro en el nuevo proyecto es como si pulsara un botón. Entro en modo comedia. Y lo noto incluso en mi vida cotidiana. Estoy más simpática, más ligera. Dejo de preguntarme por el sentido de la vida y empiezo a fijarme en cosas mucho más absurdas o más divertidas.

Una película no se hace en un mes. Cada día nace un listo empezó hace casi un año y medio. Entre escritura, planificación, ensayos, preproducción y rodaje pasas muchísimo tiempo dentro de ese mundo. Y al final acabas viviendo en él.

Durante el rodaje de esta película nos lo hemos pasado muy bien. Ha sido divertidísimo. Era una gozada estar allí todos los días. Luego llega el montaje y vuelves a ponerte seria. Empiezas a preguntarte si te has vuelto loca, si lo que has rodado funciona o si se te ha ido completamente la mano. Siempre aparece ese vértigo. Pero cuando has visto una película quince veces y sigues riéndote en el mismo sitio, entonces sabes que algo está funcionando.

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