La actriz Ana Rujas y el director Gabe Ibáñez presentan La desconocida, el thriller de Netflix que combina tensión policiaca, trata de personas, pérdida de identidad y una Barcelona alejada de los tópicos turísticos. Ambos reflexionan sobre la construcción de unos personajes "hechos polvo", la importancia de la memoria y los desafíos de una historia donde nada es exactamente lo que parece. Acompaña en el reparto protagonista Candela Peña y Pol López.

- Ana Rujas en en una escena de la película. -
- Foto: Quim Vives
Pregunta. Presentáis La desconocida, de la mano de Netflix. ¿Qué tiene de especial este thriller respecto a otros del género?
Gabe Ibáñez. Yo te diría que hemos intentado que tenga los elementos que debe tener un thriller: una narración interesante que arrastre al espectador, que lo lleve desde el principio hasta el final, haciéndose preguntas que se van respondiendo poco a poco hasta que concluye la historia. Es un thriller funcional, que funciona.
Pero luego tiene otra capa de interés basada en la presencia de actores muy buenos y en un triángulo protagonista caracterizado por algo muy concreto: los tres personajes están heridos. Los tres tienen conflictos personales distintos, pero muy graves.
Son personajes disfuncionales, un tanto crepusculares, deambulando por una ciudad que para mí también es especial. No es la Barcelona de la marca Barcelona, sino una ciudad más relacionada con su esencia portuaria y con esa identidad de thriller que también tiene. Está presente en los lugares donde hemos rodado y en cómo están nuestros personajes.
Creo que eso es lo más especial de la historia. Tenemos tres personajes hechos polvo, cada uno con conflictos que deben resolver a lo largo de la trama, en una Barcelona que hemos visto pocas veces, y todo ello articulado alrededor de una historia que funciona y resulta entretenida.
Ana Rujas. Por añadir algo, para mí también es especial porque son tres personajes con muchísimo conflicto, muy raros entre sí y con una carga emocional enorme. Creo que hay algo de mucha verdad. Todo el ecosistema que se generó durante la producción buscaba precisamente eso. Había una voluntad de trabajar desde la verdad que yo no estoy tan acostumbrada a ver en un thriller.
Gabe hizo mucho hincapié en ello y además somos tres actores que trabajamos de esa manera. Cuando vi la película me gustó mucho encontrar esa verdad porque, como actriz, es algo que me gusta ver en el cine.
Gabe Ibáñez. A veces existe una cierta contraposición entre el thriller y el cine de personajes. Aquí hemos intentado que el thriller tenga una base muy sólida en el trasfondo de los personajes, que es lo que realmente mueve la historia.
Y además hemos intentado tratarlo cinematográficamente desde cierto nivel de realismo. Podríamos haber sido mucho más elaborados o más peliculeros, pero quisimos mantener esa dualidad entre thriller e historia de personajes siendo bastante sobrios.
P. Ana, tu personaje parte de una premisa poco habitual: no conoce nada de su pasado. ¿Cómo afrontaste la construcción de un personaje así?
Ana Rujas. Fue de los mayores retos que he hecho hasta ahora en mi carrera porque era muy complejo estar en un limbo en el que no sabes realmente qué le pasa al personaje y trabajar desde ahí.
La mirada de Gabe y su dirección fueron imprescindibles. Era muy difícil para mí saber hasta qué punto debía mostrar ese desconocimiento. Me sentí muy perdida durante el rodaje en muchos momentos porque había mucha incertidumbre. Tampoco sabía hasta dónde podía llegar. A veces me preguntaba si, haciendo tan poco, se veía realmente lo que le estaba pasando al personaje o si estaba consiguiendo transmitir lo que tenía que transmitir.
Confié muchísimo en el trabajo que hicimos con Gabe. Él iba calibrándome durante el rodaje. Había ocasiones en las que yo tenía una acción interna muy concreta, algo que habíamos trabajado juntos o que surgía de la intuición, pero luego lo que se transmitía era otra cosa distinta de la que queríamos contar. Y no tenía que ver con las palabras. Era más una cuestión de energía, de actitud. Por eso fue tan complejo para los dos. A veces yo pensaba: "Pero si estoy haciendo esto". Y la respuesta era: "Ya, pero parece que estamos contando otra cosa".
Había que estar muy conectados y afinar muchísimo con las emociones del personaje. Cuando construyes un personaje desde el minimalismo, con tan poco texto y apoyándote tanto en la mirada, es muy fácil pasarte o desviarte.
Gabe Ibáñez. Había que estar todo el rato controlando eso e intentando valorar positivamente ese desconcierto en el que vivíamos durante el rodaje, porque era una materia prima muy importante. Quizá la más real de todas las emociones que podía sentir el personaje.
Ana maneja muy bien esa sensación de miedo. Percibes que el personaje tiene miedo, pero al mismo tiempo no termina de ser vulnerable. Si fuera vulnerable dejaría de ser peligroso, y tiene que resultar peligroso. Además, hace cosas que te hacen sospechar de ella. De repente ves que sabe pelear o que actúa por instinto. Eso hace que te preguntes constantemente si nos está mintiendo.
Manejarse en esa ambigüedad era delicado. Creo que luego quedó bien equilibrado en el montaje, pero durante el rodaje fue complicado para todos porque teníamos que confiar en que con muy poco iba a funcionar.
Ana Rujas. También ayuda que tengo bastante control del gesto, de la mirada y de la presencia. Pero sí, es el personaje que menos habla de toda mi vida.
Gabe Ibáñez. Y aun así está transmitiendo constantemente ese desconcierto.
Ana Rujas. Totalmente. Pero precisamente por eso, desde el punto de vista interpretativo, fue muy complejo.

- Ana Rujas en una escena de la película. -
- Foto: Sophie Koehler
P. La película tiene pulso de thriller, pero no es excesiva. Mantiene el equilibrio entre la trama y los conflictos internos de los personajes. ¿Era una de tus principales preocupaciones como director?
Gabe Ibáñez. Sí. Cuando tienes delante a actores tan buenos, tienes la responsabilidad de que no sean simplemente un vehículo para el thriller. Esos personajes están contando muchas cosas y tienes que preservar ambas dimensiones. Debes ser entretenido y hacer que la trama funcione, pero no puedes perder de vista todo lo que te están aportando los actores.
Durante el rodaje intuyes que te estás llevando todo ese material, pero es en el montaje donde construyes realmente el equilibrio. Allí decides qué secuencias utilizas, cuáles refuerzas, cómo empleas la música y cómo consigues que la película no sea un thriller espectacular, sino una historia más relacionada con la tensión y con lo que les está pasando a esos tres personajes.
P. Uno de los temas de la película es la identidad. No saber quién eres, hacia dónde vas o en quién puedes confiar. ¿Habéis vivido alguna vez una crisis así?
Ana Rujas. Crisis de identidad sí he tenido. Recuerdo momentos de preguntarme quién soy, qué hago y hacia dónde voy. Creo que incluso es algo necesario porque, si nunca te haces esas preguntas, tampoco sabes hacia dónde te diriges. Evidentemente no a este nivel extremo, pero sí.
Gabe Ibañez. Además, es un tema muy presente en nuestra sociedad. Existen enfermedades degenerativas que te llevan a entrar en esa niebla en la que está el personaje y que pueden acabar arrebatándote tu identidad. El personaje de Ana está muy relacionado con la importancia de la identidad y con cómo la memoria nos construye.
Hablábamos antes del instinto. El instinto también es memoria, solo que almacenada de otra forma. Están los recuerdos concretos y luego esa memoria que actúa a través del instinto.

- Candela Peña y Ana Rujas en una escena de la película. -
- Foto: Sophie Koehler
P. Otro de los asuntos que aborda la película es la trata de personas. ¿Qué os remueve trabajar con una realidad que sigue existiendo?
Ana Rujas. Para el personaje fue algo que me movilizó muchísimo. Cuando tuve que trabajar todo lo que ella ha podido vivir, lo que después empieza a recordar y lo que descubre sobre su pasado, fue muy duro. Pensar realmente en ello y tratar de vivirlo para poder encarnarlo después resulta brutal y desgarrador. Poco más se puede decir.
Gabe Ibáñez. Como te decía antes, el thriller y la novela negra sirven para mostrar las enfermedades de la sociedad. La trata de personas es una de ellas. Convivimos con estas realidades y, aunque resulte asombroso, siguen ahí.
La película intenta ser una película de su tiempo y reflejar temas que están ocurriendo a nuestro alrededor. El suicidio es uno de ellos, la trata de personas también, la disolución de la identidad, o la gente que tiene que seguir trabajando aunque no esté en condiciones de hacerlo. Son capas que espero que conviertan la película en un pequeño testigo de su tiempo.

- Candela Peña y Ana Rujas en una escena de la película. -
- Foto: Quim Vives
P. Mostráis una Barcelona oscura y poco conocida, muy diferente a la imagen luminosa que todos tenemos de la ciudad. ¿Cómo se consigue eso?
Gabe Ibáñez. He leído mucha novela negra catalana y existe toda una literatura relacionada con la Barcelona anterior a los Juegos Olímpicos. Las Olimpiadas maquillaron muchas de las heridas de la ciudad. Pero cualquier herida, por bien maquillada que esté, sigue estando ahí si te acercas lo suficiente. Barcelona continúa siendo una ciudad portuaria y mantiene una realidad que mira a su pasado. Hay que buscarla con lupa, pero sigue presente. Todavía quedan rastros de esa identidad.
Me parecía interesante porque al espectador le gusta descubrir cosas nuevas y otras perspectivas de lugares que cree conocer. Además, visualmente son espacios muy potentes y, sobre todo, reales. Durante el rodaje tenía la sensación de que estábamos filmando lugares que quizá no existirán dentro de pocos años. La Zona Franca sigue existiendo, el Raval sigue existiendo, el Puerto de Barcelona sigue existiendo. No nos hemos inventado nada.
Hemos recreado algunas cosas, pero muy poco. Simplemente hemos elegido una parte de la ciudad que nos parecía interesante porque se ha visto menos y porque también forma parte de la esencia de Barcelona como ciudad portuaria.
Ana Rujas. Y porque lo más interesante de todo es ver las luces y las sombras. Como ocurre en esta película, en todo hay ambigüedad. Hay luz y oscuridad. Y así es también el mundo.

- Pol López, Candela Peña y Ana Rujas en una escena de la película. -
- Foto: Sophie Koehler