La crisis desatada en Vox, que ha salpicado al equipo de Gobierno de Cartagena con la salida de su número uno, Diego Salinas, del partido, ha reactivado las esperanzas de la oposición para arrebatar el bastón de mando de la ciudad a Noelia Arroyo, por un lado, y borrar de la ecuación a la ultraderecha, por otro. Están esperanzados unos, los que gobiernan, que todo quedará como está de aquí a mayo de 2027, pero los que quieren quedarse con el control municipal sonríen cuando se les pregunta y esperan dar el golpe de mano en unos días, no más allá de Semana Santa.
Aunque la alcaldesa actuó con una maniobra rápida y eficaz, al sofocar el fuego interno que le surgió con la marcha de Salinas -recordemos, hasta entonces teniente de alcalde- del partido de Abascal, la realidad es que quedan unos rescoldos que no le permiten perder de vista este conato de incendio que puede reavivarse en cualquier momento.
Pero son muchos los actores implicados en esta trama tan variopinta -por la variedad y cantidad- que acertar una quiniela de catorce se antoja de lo más complicado, a no ser que pongamos en alguna casilla una apuesta triple, que no la hay.
Se reabre el escenario, aunque el único que, de momento, tiene 'pleno al quince' es el equipo de Gobierno, si bien el resultado final, o la suma de las variables, no se da del todo por seguro. Y es que, recordemos, la mayoría absoluta está en 14 concejales -son 27 en la corporación municipal- y Partido Popular (10), Vox (3) y Salinas (no adscrito) conforman esa mayoría de estabilidad política.
Por el otro lado están MC (7 concejales), PSOE (4 concejales), Sí Cartagena (1 concejal) y no adscritos (1 concejal): un total de 13 concejales. Por muy de acuerdo que cartageneristas y socialistas estén, necesitan el voto de Juan Pedro Torralba y otros dos más, pero aquí entran los detalles.

- -De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Beatriz Sánchez del Álamo, Diego Salinas, María Dolores Ruiz y Juan Pedro Torralba
Juan Pedro (Sí Cartagena), exconcejal socialista y exmano derecha de Castejón, a la que sustituyó cuando la exalcaldesa dejó la política, va de la mano con ese posible pacto para encarrilar la moción de censura. A Torralba, experimentado en la política, le supondría una oportunidad que ni pintado entrar en el Gobierno, más aún cuando es consciente del escaso peso que tiene, a día de hoy, navegar con un único concejal en tierra de nadie. Sí Cartagena puede diluirse en el sueño de los justos y convertirse en un vago y fugaz recuerdo político. Su presencia en la gobernabilidad le daría una mínima esperanza para seguir remando.
Diego Salinas (no adscrito) es el gran interrogante en este tablero de ajedrez. No sabemos si ejerce mejor como peón, capaz de sostener la maquinaria por su papel discreto pero necesario, o como un caballo imprevisible, disruptivo: un auténtico outsider político que ha sido capaz de ‘tontear’ con la oposición para una fallida moción de censura, mostrar su ‘fidelidad’ a Antelo cuando fue ‘quemado en la pira pública’ o mantenerse en el Gobierno municipal de Cartagena pese a su degradación. Aquí se juega una clave: convencer a Salinas puede decidir la partida.
María Dolores Ruiz (no adscrita) actúa como un alfil ideológico, firme en su diagonal. Su salida de MC, tras una supuesta alteración estatutaria -que ahora se debate en los juzgados- , marcó una ruptura sin retorno. No pactará con MC ni con Giménez Gallo, con quien mantiene una disputa profunda. Fiel a sus principios, representa una pieza que no se mueve al dictado y que complica cualquier suma alternativa.
Beatriz Sánchez del Álamo (Vox Cartagena) es otra pieza clave. Su reciente nombramiento como concejala de Área impulsa y refuerza su peso político (y económico). Desde la oposición aseguran que ha escuchado “cantos de sirena” para sumarse a una posible moción de censura. Nada está confirmado, pero su postura puede resultar determinante en el equilibrio del tablero.

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Y así, con todas las piezas en tensión y el tablero lejos de aclararse, Cartagena encara un final de partida donde cada movimiento puede ser decisivo. El rey, por ahora a resguardo, sigue dependiendo de unas defensas que no terminan de asentarse; mientras, la oposición busca ese jaque sostenido que desgaste la posición dominante.
La partida sigue abierta. Y, en política como en el ajedrez, no siempre gana quien más piezas tiene, sino quien sabe cuándo y cómo dar el golpe final. El jaque mate, de momento, sigue lejos ¿o no?.