CARTAGENA. En el verano de 1945, un grupo de vecinos de Cabo de Palos posaba orgullosos con la enorme raya que habían pescado ante el objetivo del fotógrafo cartagenero Rodríguez de Viguri. Esa imagen en blanco y negro, que ha permanecido custodiada y a buen recaudo en el Archivo General de la Región de Murcia (AGRM), ha servido a investigadores de la UMU para identificar más de ochenta años después esta especie inédita en el Mediterráneo español. Se trata, en concreto, de un chucho negro (Taeniurops grabatus), una raya ligada al fondo marino que, según se sabe ahora gracias a esta foto y otras evidencias, ha tenido poblaciones en aguas murcianas desde hace décadas.
Sorpresas como esta se pueden encontrar cuando se bucea en la memoria gráfica de las localidades de la Región gracias al fondo documental que atesora el AGRM, que sirven para 'refrescar' la memoria en estas fechas veraniegas, pero también para comprobar cómo ha cambiado el paisaje y el urbanismo de los lugares que habitamos o visitamos. En el caso de Cabo de Palos, muchas de estas fotografías corresponden a los negativos de las postales sobre la localidad que editó Ediciones Arribas, por ejemplo, o forman parte de colecciones particulares donadas al Archivo.
De uno de estos álbumes familiares es, por ejemplo, la instantánea de uno de los autobuses que comunicaban Cartagena con Cabo de Palos alrededor de los años 30. Llama la atención el modelo antiguo de vehículo que, al no tener la capacidad de los actuales, también habilitaba la parte superior para los viajeros de un trayecto que no parece que fuera demasiado cómodo. En el cartel del autobús, estacionado frente a la cartagenera Iglesia de Santa María, se puede leer el siguiente recorrido: Cabo de Palos, Ricón, Estrecho, Llano, Beal, Algar, Beatos y Cartagena.
También son llamativas las instantáneas que muestran como un zepelín alemán sobrevolaba el pueblo de pescadores en los años treintas, con la playa de Levante llena de bañistas. En este sentido, cabe recordar que el cronista oficial de Cartagena, Miguel Ángel Pérez Adán, ha escrito que entre 1933 y 1936 una de estas aeronaves germanas sobrevoló Cartagena más de medio centenar de veces, causando gran expectación entre los vecinos que presenciaban tan colosal artefacto surcando los cielos.
En este fondo gráfico se pueden encontrar, asimismo, numerosas imágenes de la localidad pertenecientes a la primera mitad de siglo XX, cuando era un tranquilo pueblo de pescadores donde ya se habían edificados grandes casas para el veraneo de familias acomodadas. Así, hay imágenes de la playa de Levante enmarcada en rocas y sin su paseo actual o de un embarcadero en el histórico muro de la sal, al final del Paseo de la Barra, donde actualmente ha abierto un restaurante.
El Faro está presente en muchas de las instantáneas, como el vigía y testigo de todos los acontecimientos históricos ocurridos en la localidad, desde el naufragio de El Sirio en 1865, en el que fallecieron cerca de trescientos pasajeros, a una de las batallas navales más importante de la Guerra Civil en 1938, que se saldó con 700 muertos y alrededor de un centenar de desaparecidos. Como curiosidad, cuenta el escritor Paco López Mengual en su libro Tres cucharadas de lentejas que tras la tragedia del trasatlántico italiano los vecinos de Cabo de Palos dejaron de consumir pescado debido a la presencia de cadáveres en las aguas en las que se alimentaban. El Faro permanece ajeno al devenir de los tiempos, aunque las vistas que se ven desde su linterna sí han cambiado.
Y es que Cabo de Palos se ha transformado con los años sin perder su identidad marinera, siendo actualmente uno de los destinos turísticos más deseados y exclusivos del litoral regional, donde los precios de las casas han alcanzado precios desorbitados; además de convertirse en un referente internacional en la práctica del buceo debido a los fondos marinos excepcionales la reserva marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas.