El debate sobre inmigración en el Pleno de Cartagena acabó convirtiéndose en algo más parecido a una liga entrepartidos de análisis bíblico que a una sesión municipal al uso. La moción de Vox para rechazar la regularización extraordinaria de inmigrantes impulsada por el Gobierno central derivó, entre intervención y réplica, en una inesperada competición de citas sagradas.
Vox defendía su propuesta en términos de presión migratoria, sobrecarga de servicios públicos y “efecto llamada”, reclamando además una ordenanza sancionadora sobre el padrón y una política migratoria “firme, ordenada y con prioridad nacional”. Hasta ahí, el guion político previsto. Lo inesperado vino después.
Partido Popular y Vox votaron a favor de la propuesta, algo que, como no podía ser de otra manera cuando la política nacional se inmiscuye en la discusión local, desató un debate apocalíptico con versículos en ristre, proponiendo cada uno, según su interpretación, una arenga evangélica capaz de convencer hasta a los ateos… políticos.
En esta homilía política, el Partido Socialista, en boca de su ‘predicador’ Manuel Torres, defendió que la regularización no es “efecto llamada”, sino “efecto dignidad”, y recurrió al Éxodo 22:21: “No maltratarás ni oprimirás al extranjero…”. El Pleno se convirtió en púlpito. Después llegó Mateo 25, recordando que lo que se hace con “los más pequeños” se hace con el propio Cristo.

- Manolo Torres, en primer término, portavoz del PSOE de Cartagena
En la pugna de versículos cruzados, sin alcanzar un concilio cartagenero, intervino el concejal de Gobierno Nacho Jáudenes acusando al PSOE de utilizar la inmigración como “munición” y recurriendo a Mateo 13 para hablar de cargas que otros imponen sin mover un dedo.
Y cuando el debate ya parecía una catequesis acelerada, el edil de Vox, López Pretel, añadió Romanos 13 (1-7) para recordar la sujeción a la autoridad y el respeto al orden establecido. Porque, vino a decir, en cualquier sociedad civilizada la ley marca el marco de convivencia.
“Vivimos en una civilización que hunde sus raíces en una cultura cristiana”, resumió.
Y así, entre citas del Éxodo, advertencias de Mateo y recordatorios de Romanos, el Pleno terminó convertido en un sínodo municipal, donde cada bancada blandía su propio evangelio político. Unos apelaban a la dignidad; otros, a la responsabilidad; algunos, a la obediencia.
La moción salió adelante con los votos previstos, pero lo que quedó fue la imagen de un salón de plenos transformado en púlpito, donde la Biblia sirvió de argumento, escudo y proyectil retórico a partes iguales. Porque, al final, más que un debate sobre inmigración, Cartagena asistió a una demostración de que la política, cuando quiere elevar el tono, no duda en recurrir a las Escrituras… aunque cada cual las lea con su propio subrayador; Palabra de concejal.

- Gonzalo López Pretel, portavoz de Vox
Ni Scarlett O’Hara resistió tanto: MC levanta el veto a la no adscrita
Y hablando de la palabra de concejal, he de señalar un hecho que no ha pasado desapercibido y es el veto que ha levantado MC Cartagena a la concejala no adscrita María Dolores Ruiz, a la que le prometió no votar ni una moción a su favor tras marcharse del partido en plena legislatura. Así había sido hasta ahora, porque en esta sesión en la que la no adscrita sumó cuatro mociones, en tres de ellas MC Cartagena votó a favor y solo en una se abstuvo.
Según se deslizó con cierta retranca, quizá el cambio de voto tenga una explicación muy terrenal: “La gente los criticaba” y, puestos a elegir, siempre es más cómodo levantar la mano a favor que enfrentarse al runrún ciudadano. “Debe ser eso”, apuntaba un concejal con aparente candidez.

- María Dolores Ruiz, concejal no adscrita
“Dijeron que no votarían a favor de las mociones tránsfugas en modo Scarlett O’Hara” jurando que nunca más volvería a pasar hambre, pero casi. Solo que, en este caso, el juramento duró lo que dura una sesión plenaria con presión en la puerta.