En menos de 24 horas, lo que se presumía un grave problema de indigestión institucional ha acabado en un simple empacho. La salida de Salinas fue la chispa que avivó el incendio político que, en unas horas, no solo ha visto cortada su propagación para evitar que la llama se extendiera, sino que el conato quedó reducido a humo político.
Noelia Arroyo ha sido capaz de mantener el equilibrio institucional con una cirugía política precisa y un reajuste de piezas en el que nadie ha salido malherido y el pacto ha sido capaz de sobrevivir, al menos por ahora, gracias al malabarismo negociador que la actual alcaldesa de Cartagena ha mostrado en las últimas legislaturas.
Un político me comentaba que se había puesto tan interesante esta combustión interna que había comprado unas palomitas para asistir, desde fuera, a cómo esta apariencia de normalidad entre Vox y PP se consumía como si de un cigarrillo se tratase. Lástima -para él, digo- que haya tenido que volver a guardarlas, las palomitas, en la despensa para otro momento, porque la alcaldesa actuó como bombero político y apagó el fuego antes de que prendiera el Palacio Consistorial.
Recuerdan desde el equipo de Gobierno que hay un bien mayor que proteger: la gobernabilidad de Cartagena hasta el final de la legislatura. Pero, sobre todo, lo que hay es mucha experiencia con pactos, y solo hay que recordar aquella maniobra de puro equilibrismo entre PP, Ciudadanos y PSOE de la anterior legislatura, digna de guardarse para ilustrar el término opuesto a la polarización. “Hay ciertas habilidades propias de Arroyo”, añaden esas mismas fuentes, que destacan su perseverancia para convencer a propios y contrarios.
Si todos esperábamos una reacción airada de Vox y una sentencia al PP de que si no dejaba caer a Salinas lo que se rompía por los aires era el pacto, nos hemos encontrado con que el que algunos denominan como tránsfuga -es decir, Diego Salinas- no solo no se marcha por la puerta de atrás, sino que conserva su concejalía de Empresas y sobrevive a la alianza entre su expartido y los populares como una ‘rara avis’ en medio de esta nueva realidad política.
¿Cómo se explica la decisión de que apenas nada cambie? Gonzalo López Pretel, el gran ganador de la crisis interna de Vox en Cartagena, aduce que aquel acuerdo firmado bajo el nombre de ‘Comprometidos por Cartagena’ a principios de legislatura tenía como objetivo garantizar la estabilidad institucional y permitir el desarrollo de las políticas municipales. “Cuando firmamos este pacto dijimos que buscábamos estabilidad para Cartagena, evitar bloqueos y poder sacar adelante las medidas que necesita la ciudad”, explicó. Bien para López Pretel en sus argumentos, aunque otra teoría aparece sobre la mesa y es que salir de la gobernabilidad y romper un pacto que, además, ha funcionado, al sacar adelante las políticas que hacen comunes a unos y a otros, sería darle la razón a Antelo.
Arroyo corría el riesgo de jugar a los malabarismos institucionales con un partido que tantos desequilibrios es capaz de transmitir sobre el alambre en unos segundos, pero se arriesgó no solo al considerar que el acuerdo con Vox es un pacto de lealtad, sino también a haber sabido cultivar las relaciones personales y profesionales con aquellos con quienes había que entenderse para no faltar a su palabra. López Pretel, que no era de la cuerda de Antelo, sí ha sabido mantener una línea directa con sus jefes de Madrid, quienes han valorado más mantenerse en un gobierno que funciona que hacerlo todo saltar por los aires.
El Ejecutivo local ha optado por recomponer el engranaje, redistribuir responsabilidades y preservar un pacto que, más allá de las fricciones inevitables, sigue siendo la base de la gobernabilidad de Cartagena. En política municipal, donde las mayorías son frágiles y las relaciones personales pesan tanto como los programas, sobrevivir a un episodio así no siempre significa haber ganado la partida, pero sí haber evitado perderla antes de tiempo. El tiempo dirá si lo ocurrido ha sido solo un sobresalto pasajero o la señal de que la legislatura entra en su fase más delicada.
Ambos partidos, PP y Vox, se necesitarán probablemente en 2027 de nuevo para gobernar y, aunque todo es tan voluble y etéreo en este mundo de la política, el repliegue estratégico del partido de Abascal ha podido evitar un jaque mate. En esa capacidad para recomponer equilibrios cuando el tablero se desordena reside buena parte del peso político de la actual Alcaldesa en la Cartagena actual.

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La oposición acusa a la Alcaldesa sostener un gobierno “dividido e inestable”
La oposición en el Ayuntamiento de Cartagena ha aprovechado la reciente crisis en el Gobierno municipal para cuestionar la estabilidad del Ejecutivo que encabeza Noelia Arroyo. Tanto MC Cartagena como el PSOE han cargado contra la alcaldesa y el pacto entre PP y Vox, al que acusan de sostenerse entre tensiones internas y luchas de poder. Mientras los cartageneristas hablan de una estabilidad “que ya nadie se cree”, los socialistas advierten de una situación de “inestabilidad absoluta” que, a su juicio, perjudica la confianza en el Gobierno local y en proyectos clave como el Plan General.
El portavoz de MC Cartagena, Jesús Giménez Gallo, ha cargado duramente contra la estrategia de propaganda de la alcaldesa Noelia Arroyo, asegurando que la supuesta cohesión del equipo de Gobierno es una ficción que ya no se sostiene. “Arroyo y los suyos llevan años intentando vender estabilidad, pero en Cartagena todo el mundo sabe que es mentira”, ha aseverado el líder de la formación, quien califica de “vox populi” que el Gobierno local está fracturado por constantes problemas internos.
Para Giménez Gallo, las recientes crisis de gobierno y los cambios de cromos en el Ejecutivo no son más que maniobras de distracción. Al portavoz no le sorprenden las luchas de poder, centrando su crítica en la ambición personal de la regidora: “A nosotros no nos preocupa quién se quede en el sillón o esas peleas dentro del gobierno para que Noelia Arroyo pueda mantenerse en un sillón que ya consiguió con malas artes en el anterior mandato”, ha explicado el portavoz cartagenerista.
Sin embargo, el líder de MC ha tildado de "extrema gravedad" que esa permanencia en el poder se esté cobrando hipotecas urbanísticas que marcarán el futuro de los cartageneros durante décadas. El punto más crítico de la denuncia de MC Cartagena se centra en el Plan General, cuya aprobación ha quedado bajo sospecha tras las revelaciones de coacciones dentro del propio Gobierno de Arroyo. “Lo grave es que hoy sabemos que hay un concejal en el gobierno, al menos uno, que ha reconocido que lo presionaron para sacar adelante un plan general que es malo para Cartagena”, ha denunciado.
Mientras estas tensiones internas consumen al Ejecutivo, la realidad del municipio es, según MC, desoladora, con unas cuentas municipales que presentan un saldo negativo que compromete la inversión, servicios públicos que empeoran cada día y la ausencia absoluta de un proyecto de futuro para la ciudad.
A pesar de la dureza de la situación, el portavoz de MC ha lanzado un mensaje de optimismo para los ciudadanos, fijando ya la fecha de caducidad del actual mandato. “La única buena noticia que hay a estas alturas es que a este gobierno le queda menos de quince meses”, ha concluido, dando por iniciada la cuenta atrás para el relevo en el Palacio Consistorial.
El portavoz del Grupo Municipal Socialista, Manolo Torres, ha señalado, por su parte, que la situación del Gobierno de Cartagena es de absoluta “inestabilidad, tal y como ha quedado de manifiesto en la comparecencia de la alcaldesa. El problema es que su debilidad y la inestabilidad de su gobierno genera falta de confianza. El problema es su insolvencia y su inestabilidad”.
Torres ha señalado que la alcaldesa ha demostrado una vez más durante esta crisis de Gobierno que lo único que le importa “es el poder por encima de todo”.
El portavoz socialista ha criticado que esta crisis haya servido como excusa para que Arroyo de más poder a Vox, nombrando vicealcalde a uno de sus concejales, asimismo critica que los concejales de Vox “con tal de mantenerse en el Gobierno sean capaces de gobernar con quien ha abandonado sus filas y al que han criticado, tachándolo de no hacer nada y de aprovecharse de los medios públicos”.
“Este sí que es un gobierno Frankenstein cuyo único objetivo es mantenerse en el poder a toda costa, como han dejado claro. Al final quien sale perdiendo es Cartagena y los cartageneros, que tendrá un gobierno dividido, con concejales enfrentados y luchas internas que perjudicarán de verdad a nuestro municipio”.