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reportaje MP | un paseo por la aga

Las alas de la Región: así es el corazón de la Academia General del Aire de San Javier

25/11/2023 - 

MURCIA. La Región de Murcia es un enclave militar de referencia a nivel nacional. Instalaciones como la Base Naval de Cartagena, la Base Aérea de Alcantarilla o el Regimiento de Artillería Antiaérea de Tentegorra son muestra del peso de la Región en materia de defensa. No obstante, también cuenta con un enclave formativo referencial en todo España. Bañada por las aguas del Mar Menor y situada junto a la pequeña localidad de Santiago de la Ribera, se encuentra la Academia General del Aire (AGA). La institución, que a mediados de este año cumplía ochenta años de servicio y formación, es una de las grandes desconocidas para los murcianos.

La Academia, que hace uso de las antiguas instalaciones del aeropuerto de Murcia-San Javier, cuenta con aproximadamente 150 edificios en los que trabajan 823 especialistas de diversos campos. Y aunque lo primero que uno imagina al pensar en el Ejército del Aire son sus aviones, la base es mucho más que eso. Empezando por algo que no muchos esperarían encontrar dentro de un área militar restringida: un museo. 

La AGA hace gala de su historia, mostrando cómo ha evolucionado desde sus inicios en términos de equipamientos, armamento, uniformidad, símbolos y, por supuesto, aeronaves. Expuestos en diferentes armarios acristalados, los visitantes pueden ver todo tipo de aparataje militar: antiguos paneles de control analógicos, armamento de combate como los icónicos fusiles CETME o Mauser, instrumentos de navegación, maquetas de aviones, estandartes y banderas, medallas y conmemoraciones, uniformes de vuelo…

Como centro de preparación teórico y práctico en el que los cadetes conviven durante los primeros cuatro años de su formación, el centro también está preparado para cubrir sus necesidades esenciales. Los estudiantes conviven en grupo en amplios barracones, unos junto a otros

Cada uno cuenta con una cama individual, un escritorio para el estudio y un armario para su ropa. Sobre el armario, dos mochilas, una negra de uso general y otra con el representativo patrón árido pixelado del ejército español, considerablemente más grande y preparada para ir de maniobras. En ambos lados de la sala, dos armarios de armas para diferentes tipos de rifles. Al fondo, el baño común, donde convergen la zona de los lavabos, las duchas y los vestuarios. Todo limpio y ordenado de manera metódica, tal y como se les ha instruido para hacerlo.

Además de estos barracones, la Academia también cuenta con una amplia variedad de edificios e instalaciones con diferentes usos: pistas deportivas, salas de eventos y conferencias, el comedor, los jardines exteriores o las aulas de formación teórica. 

Los aviones, sin embargo, quedan algo más alejados. Situados ligeramente por encima de la Punta de Casablanca, se encuentran los hangares que resguardan a los aviones de La Patrulla Águila, entre tantos otros. Decenas de aeronaves descansan dentro y fuera de estos enormes edificios. Muchos de ellos, los recientemente adquiridos Pilatus PC-21, el nuevo modelo con el que los cadetes están llevando a cabo su primer vuelo. 

Al menos, el primero real. Y es que junto a los hangares es posible encontrar un renovado edificio de formación más. En él, los pilotos se enfrentan a una experiencia extremadamente fiel a la realidad gracias a los simuladores de última generación con los que cuenta la academia. Unos sistemas que, imitando a escala el espacio y los controles de la cabina, permiten conocer cada detalle del funcionamiento de la aeronave sin tener que despegar. 

Aunque desde fuera no se vea más que un muro blanco con alambradas, la Academia General del Aire, esconde mucho en su interior. Disciplina, sacrificio, dedicación, constancia, trabajo en equipo… Valores que los aspirantes a pilotos interiorizan para poder prepararse como futuros profesionales de la aviación y defender nuestros cielos aún más alto.

Uno de esos futuros alumnos será, nada menos, que la princesa Leonor, heredera de la Corona, que en 2026 completará en San Javier su formación militar, tal y como ya hicieron su padre y su abuelo. El por entonces infante Juan Carlos estudió dos años, entre 1955 y 1957. Allí aprendió a pilotar las avionetas Bucker, el modelo de la época. Su hijo, el actual monarca, ingresó en el centro en 1987 y se formó durante todo un año. En su caso, Felipe pudo volar a manos de una C101. Leonor, en cambio, podrá surcar los cielos con un Pilatus C-21. Un capítulo más de la Academia General del Aire, a la que aún le queda mucha historia por escribir.

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