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crónicas de una región misteriosa

La oscura verdad que esconde la leyenda del Tío Saín de Lorca

2/06/2024 - 

MURCIA. La leyenda habla de un hombre bajo un sombrero de gancho (como un brujo), con profusa barba y tuerto de un ojo; localizado por la zona de la Sierra de Almenara de Lorca y al que siempre se le veía sólo, apartado del mundo y abstraído en sus pensamientos. Tampoco se le conocía pareja. Sí es cierto que era muy buen conocedor del terreno y por ese motivo nunca se le veía por caminos anchos y principales vías de comunicación, desplazándose por vías secundarias y atajos, que era los que aprovechaba para escapar de sus fechorías.

A los niños que no se dormían rápidamente se les decía que este hombre vendría, se los llevaría y les sacaría la sangre, echándolos después al aljibe. Al más pequeño ruido que se escuchara en la casa, ahí aparecía el nombre de Saín. Por supuesto en las noches de lluvia y tormenta era cuando más efectiva era esta historia.

Este personaje estuvo tanto en la mentalidad colectiva que decirle a alguien "eres un Saín" era llamarle ruin, mezquino y mala persona. O, por ejemplo, diarios de la época (1889) tuvieron que afirmar en varias ocasiones que era falso el rumor que corría por tierras aguileñas y lorquinas de que "haya llegado a esta ciudad algún destripador o Tío del Saín".

La base real de la creencia

Pero esta historia tiene una base en la realidad histórica. Y no es otra que la enfermedad tan terrible a finales del siglo XIX y hasta bastante avanzado el siglo XX de la tuberculosis, provocada por las condiciones sanitarias de las nuevas formas de trabajo (revolución industrial, por ejemplo). En este contexto, había familias con mucho dinero que contrataban a este tipo de individuos para realizar estos homicidios con la finalidad de traficar con órganos, conseguir sangre para transfusiones o para que estas familias la bebieran, como último recursos para salvar la vida ante la segura muerte de otras muchas enfermedades infecciosas como la malaria, la gripe española, la fiebre amarilla, el tifus, la peste,  etc.

La creencia popular decía que era posible curar, como antes hemos apuntado, mediante la toma de sangre humana caliente, sangre fresca de niños o con los cataplasmas a base de entrañas de niños (lo que la en la Edad Media se conocía con el nombre de "mantillo de niño"). En este sentido, existía un curandero en la Huerta de Murcia que usaba un método muy "novedoso" para sanar: el beber un libra de sangre propia.

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