no se puede huir de la trasmisión comunitaria

La falsa amenaza de los brotes demuestra que existe descontrol en la quinta ola

21/07/2021 - 

MURCIA. Todos los indicadores están ya disparados. Con una incidencia de 291,3 casos en los últimos 14 días, la Región se encuentra en nivel dos de alerta con las nuevas restricciones a la reunión recién estrenadas. En consecuencia, los brotes dejan paso a la trasmisión comunitaria para crear, ahora sí, la quinta ola del coronavirus.

Con un total de 467 casos en total, los nueve brotes detectados en la Región desde que comenzó la escalada ni siquiera llegan a alcanzar los 549 contagios que se detectaron durante el pasado fin de semana. 

De esta forma, se prueba que los positivos que nacen de incidentes aislados son nimios, apenas comparables a la magnitud de infectados que acumula la Región día a día de manera orgánica, sin ningún desencadenante.

"el aumento en la incidencia provoca que la madeja crezca demasiado como para continuar tirando de los hilos"

Esto se debe a que una vez que los positivos han aumentado a estos niveles, controlar el virus se vuelve una tarea imposible y los focos de contagio concretos pierden valor en la incidencia.

Al fin y al cabo, el riesgo de contraer la enfermedad a través de un amigo o familiar ya es mucho más elevado que la probabilidad de contagiarse en un evento.

De hecho, el Consejero de Salud, Juan José Pedreño, ya admitió en su última intervención que la Región ya había alcanzado la transmisión comunitaria.

En consecuencia, realizar una eficaz labor de rastreo pasa a resultar imposible, pues el aumento en la incidencia provoca que la madeja crezca demasiado como para continuar tirando de los hilos. Por tanto, las restricciones se presentan como la única solución restante cuando controlar los focos uno a uno deja de ser una opción.

De todas formas, las limitaciones no dejan de ser la manera que tiene el Gobierno de intentar que sus ciudadanos sigan las recomendaciones sanitarias, lo que significa que la responsabilidad sigue cayendo sobre nuestras espaldas. Al fin y al cabo, el virus ya ha demostrado que no tiene piedad ni con los más jóvenes ni con los vacunados.

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