REPORTAJE | plazas de abastos de murcia

El mercado ante el paso del tiempo: "El cambio no es sólo en la forma de comprar, sino en la forma de vivir"

Los puestos de las plazas de abastos más emblemáticas de la capital del Segura relatan a Murcia Plaza la nostalgia del pasado, su desafío en el presente y su optimismo por el futuro

25/04/2021 - 

MURCIA. Las plazas de abastos de Murcia nunca han sido únicamente un lugar de venta. Los mercados mantienen una relación con el crecimiento de la ciudad; su situación es siempre estratégica dentro de la urbe ya que durante mucho tiempo fueron el punto clave de distribución alimentaría para toda la localidad y un gran área de relaciones sociales. Hoy en día, continúan erigiéndose en lugares familiares donde la confianza y el trato personal, siempre con buen humor, está incluido en la transacción.

El municipio de Murcia cuenta con ocho. Y una de las principales es la Plaza de Verónicas, que lleva existiendo, aunque sin ser una construcción, desde 1799, cuando los puestos ya se disgregaban por el Plano de San Francisco. Así comenzó el negocio Casa Ballester que Antonio, tras tres generaciones, dirige a día de hoy. En 1900, su bisabuelo ya ejercía la venta. 

Clanes familiares cuyos descendientes han crecido entre el bullicio diario de los vecinos, precios marcados por balanzas y, ante todo, con respeto por el producto y el cliente por bandera. Paco, heredero del puesto Paco Consuelo, relata con sorna: "Estaba ahí desde que nací, metido en una caja de fruta que mi madre acomodaba con cojines". Él ya tiene 67 años y desea alargar la vida del negocio lo máximo posible puesto que, cuando se jubile, no recibirá relevo familiar: "Es muy sacrificado y no recompensa". No será fácil decir adiós: "Gracias al puesto he recibido educación y, después, se la he dado a mis tres hijos, así que voy a aguantar todo lo que pueda".

En Saavedra Fajardo, el premio a la prole con mayor recorrido es para Carnicería Miguel y Paco Muñoz. "El puesto lo fundaron mis tíos, que venían de Llano de Brujas en 1945. Entonces la plaza era antigua. Se reestructuró en el 1973 a como está ahora y el puesto ya era llevado por mi hermano. Comencé a trabajar con él en 1979, hasta ahora que estoy yo solo", relatan a Murcia Plaza.

Otras plazas son más recientes, pero igual de emblemáticos en sus distritos. El puesto de Carlos, en San Andrés, y Loli, en La Alberca, cumplen 38 años de cara al público. 

Todos ellos han visto el paso del tiempo, han servido a las generaciones que se han sucedido desde hace más de 60 años y sufrido en sus carnes la modernización y los cambios en los hábitos, a los que se han tenido que adaptar inevitablemente sin perder tesón. Comentan que, desde su perspectiva, la sociedad se ha mantenido estable hasta hace diez años aproximadamente, cuando comenzó a primar ganar tiempo y las grandes superficies empezaron a aventajarles en terreno


"EN EL MERCADO SE DIALOGA: HAY INTERCULTURALIDAD, BUEN AMBIENTE Y CONFIANZA"

Adaptar el producto a, por ejemplo, platos preparados es una de las estrategias por las que optan para mantenerse actualizados. “Algunos porque no saben cocinar y otros porque no tienen ganas". Su opinión es que el ritmo de vida acelerado constituye el principal móvil para el cambio de nuestros gustos. Carlos nos habla sobre la forma de vender la carne, su materia prima: "A mí me gusta la tradicional, el papel; pero la gente se está acostumbrando a la forma en la que encuentran los alimentos en las grandes superficies y solicitan bandejas de plástico. No hacerlo es ir contracorriente. La gente te lo va exigiendo y tienes que ceder aunque no sea nada ecológico". Ocurre lo mismo en las panaderías, donde se encuentran galletas y todo tipo de dulces al peso. En Encarna, San Andrés, admiten que "es difícil enfrentarse a los supermercados que tienen precios más económicos, pero la gente que viene sabe que nosotras tenemos mayor calidad, productos más naturales y les gusta este formato de venta. Siendo 'lo mismo', son artículos diferentes".

Confían plenamente en que el valor de su producto les mantendrá a flote, a pesar de que el consumo diario haya derivado del carro a la bolsa de plástico. "Aquí ya no se hacen compras grandes como antes. Los que estamos en los puestos intentamos tener calidad, tener productos más especiales, cosas a por las que la gente tiene que venir específicamente", comenta Loli. Todos coinciden en hacer prevalecer la calidad y destacar productos que no podemos encontrar en supermercados. "Los clientes que vienen nos aprecian mucho, nos quieren, no es su culpa que lo online y lo grande sea tan atractivo", defiende Paco.

El teletrabajo, una realidad reciente en muchas vidas, parece repercutir directamente en el consumo. "Antes, entre semana, venían muchas personas cuyo trabajo se encontraba próximo; eso ha cambiado, creo que debido a que la gente trabaja desde casa", razona Muñoz. También, desde hace algunos años, el engrose de la mujer en el mundo laboral, la liberación de la misma sobre las tareas del hogar y la emigración a la periferia de las familias ha afectado: cada vez menos personas de mediana edad disponen de sus mañanas para hacer compras en lugares céntricos. "Viene gente que vive en la zona, no se desplazan. O de forma esporádica. No es como coger el coche para ir a un súper y hacer una compra gorda. El mercado se ha quedado para comida excepcional y no para el día el día", coincide Antonio.

La venta se focaliza en viernes y sábado. "La gente joven suele comprar los sábados y creo que les gusta venir, pero de lunes a viernes es un perfil completamente distinto y mucho más reducido". Las ventas se han convertido en impredecibles. "El cambio no está solo en la forma de comprar sino en la forma de vivir. Antes sabías cómo iba a ser cada día a nivel de ventas y perfil, ahora no tienes ni idea", comenta Paco.

"Todo se ha modernizado porque lo ha hecho la alimentación. Hace 20 años había 7 quesos en España". Antonio cuenta que ha abierto página web debido a que "en el mercado está uno limitado a exponer cosas". Paco, en cambio, comenta resistirse a lo digital: "La gente aprecia el trato personal, el buen género. Sé que mi producto es bueno y lucho por él".

¿Querrán las generaciones más jóvenes recuperar una forma de consumo que parece oxidarse? La opinión de los vendedores es que "frente a la gente joven hay futuro". Su esperanza reside en que el trato humano que el mercado ofrece es inherente e incomparable a las grandes superficies: "En el mercado se dialoga, hay interculturalidad, hay buen ambiente y confianza". Loli ha intentado abrir por las tardes para estar disponible para nueva clientela; sin embargo, asume que es incompatible con la frescura de producto que caracteriza las plazas de abastos. "Vemos que la juventud se anima a venir, le gusta relacionarse con nosotros y el buen producto, el problema es que solo pueden dedicarnos su tiempo los sábados".

Abandonados tras el confinamiento

Con respecto a la pandemia, Miguel y Paco Muñoz declaran, con pesar, que se sienten abandonados por una parte concreta de la clientela: "El mercado se ha volcado con la gente sirviendo, jugándonosla y esos clientes después han desaparecido. Por mucho que hayamos hecho, no han tenido en consideración nada. Nosotros siendo carniceros hemos servido fruta, verdura, cosas de supermercado… Todo lo que nos han pedido a los que nos lo ha pedido, y luego esa gente ha desaparecido".

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