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'Vergüenza', una comedia que triunfa porque no es sofisticada ni importada

En un contexto en el que la mayoría de comedias de que se estrenan en España son adaptaciones de películas que han triunfado en otros países, la tercera temporada de Vergüenza ha vuelto a dejar el listón muy alto sin basarse en ninguna idea foránea, con un humor directo y no sofisticado, pero sin prescindir por ello de un trasfondo social de calado: los deseos de molar a cualquier precio, incluso la desesperación por ser normal en un mundo de apariencias cada vez mas lacerantes.

22/02/2020 - 

MURCIA. El lunes 17 de febrero Gregorio Belinchón publicó un artículo en El País que ponía de manifiesto la falta de ideas originales de la comedia española. El texto exponía que Padre no hay más que uno, de Santiago Segura, la película más taquillera del año pasado, se basaba en el guión de la argentina Mamá se fue de viaje, del mismo año. La siguiente de la lista de mayor recaudación, Lo dejo cuando quiera, es una versión de la italiana Lo dejo cuando quiero, de 2014. La tercera, Si yo fuera rico, es un remake de una francesa de 2002, Si yo fuera rico. Este año, se ha estrenado Hasta que la boda nos separe, también inspirada en una francesa, La Wedding Planner. 

Belinchón explicaba que los productores están faltos de guiones y que, de algún modo, siguen las modas que se producen en el exterior, como la derivada de Bienvenidos al norte, de Dany Boom, sobre rivalidades regionales y choque cultural. Las ideas se adaptan a nuestro acervo, se les da una vuelta y a ver qué pasa. 

Es una información que contrasta justo en el mes del estreno de la tercera temporada de Vergüenza. Ya comentamos en esta columna su aparición hace dos años. Una grata sorpresa, una serie que producía dolor. Malestar. No es que fuese una idea local, es que tocaba tantos puntos tan perfectamente reconocibles por los españoles y tan sensibles, que era un bochorno. Un prodigio de la tragicomendia, ese género tan propio del Mediterráneo.

Hay opiniones encontradas sobre la segunda temporada, para algunos espectadores bajó algo el nivel, pero también hay mucha más unanimidad en que la tercera ha sido soberbia. Las causas de su éxito hay que buscarlas en varios factores. Primero, los autores de Vergüenza se han lanzado de cabeza a la piscina de explotar la estupidez propia de nuestro tiempo. En el primer capítulo, el protagonista aparece sin quererlo un lamentable vídeo viral. Jesús Gutiérrez se hace famoso por la vía conocida: dar vergüenza. 

Sin embargo, no pretende la serie denunciar ni parodiar este aspecto de la actualidad, el contexto social en el que nos desenvolvemos. Lo bueno, a mi modo de ver, es que sigue con la explotación inmisericorde de la personalidad de los dos protagonistas, de sus personajes, que van más allá de las consecuencias de que alguien se haga viral. 

En Jesús y Nuria hay mucha enjundia. Tienen un espíritu de Carpanta, el personaje legendario de Escobar, que, aunque fuese un autor infantil, no daba puntada sin hilo.  El problema de este matrimonio es que quiere molar, pero no puede. Ni siquiera puede ser normal, ni mediocre. Hay mucha enjundia porque, al igual que con los Pantomima Full es fácil sentirse identificado con ellos en su desgracia. 

En un entorno urbano, donde no falta gente que prospera con trabajos creativos e interesantes, a la par que las personas que están bien situadas porque se lo han ganado o por lo que sea ¿quién no ha experimentado la sensación de que no vale para nada? A lo de sentirse como un fraude a la hora de ir hacia lo que mola como una polilla a una farola, o cuando uno se aplica camuflaje social, ya le han puesto hasta nombre de patología: El síndrome del impostor.

El caso de Jesús y Nuria es extremo, lógicamente, porque es una comedia y una ficción, pero la química con el espectador proviene de ahí tanto como del extraño placer que supone ver a su protagonista hacer el ridículo. La magia de los reality shows, la vergüenza ajena, ha sido perfectamente detectada y adaptada a una serie de humor. 

Dicho lo cual, solo nos queda soñar. Si hay una cuarta temporada, ahora que el protagonista se ha convertido en un famoso de pacotilla, si a los guionistas les diese por meter a Jesús y Nuria en un reality como La isla de las tentaciones se podría producir el crossover más brillante y descojonante de todos los tiempos. Por soñar que no quede. 


Por otra parte, otra de las causas del éxito de esta comedia es que no es sofisticada. El humor nace de un tío que le huele mal el aliento, de una compañera de trabajo que tiene una parálisis en un brazo. El punto álgido de toda la temporada es un equívoco de índole sexual, sobre el que no daremos detalles, pero se basa en un chiste más viejo que la tos y, sin embargo, no es que funcione, es que resulta sublime. 

Vaya por delante que en el primer capítulo el primer gag es ni más ni menos que un chiste de caca. Lo más elemental, lo básico, y qué maravilla lo bien que arranca recurriendo a los clásicos. Ya es casualidad que Inside Nº9, la serie británica de la que está emitiendo Filmin su quinta temporada al mismo tiempo que en el Reino Unido, empiece exactamente igual. Con un chiste sobre cagar. 

La serie de Reece Shearsmith y Steve Pemberton es un tesoro de BBC Comedy. Episodios autoconclusivos sobre temas peregrinos. Lo normal es que los capítulos jueguen en torno a un crimen, a una muerte misteriosa o directamente tengan a algún fantasma por medio, como el genial La muerte no es orgullosa, el último que se ha emitido. 

Aunque todo gire en torno a los trucos del guión, el valor de esta serie está en la textura. El papel de individuos patéticos que representan los creadores, que en cada episodio encarnan a alguien distinto, cambiando completamente de apariencia y de género. Sus a menudo vomitivos o patéticos personajes introducen el humor negro en pequeñas historias que intentan siempre acabar de manera inesperada. Una fórmula clásica, heredera de Alfred Hitchkock Presenta o Twilight Zone.

Pues bien, en el esperado primer capítulo de su quinta temporada se recurre a los mismos gags que en la última de Vergüenza. Se trata de un equipo arbitral, todo transcurre en el vestuario. Nada más entrar, uno de ellos ha ido al baño a hacer de vientre y ha dejado una peste que no se puede estar ni en las duchas. Luego también hay sorpresas que juegan con el equívoco sexual. Es difícil descontextualizar todo lo que ocurre del profundo acervo británico, de cómo se vive el fútbol allí y el fenómeno de los hooligans, pero en esencia las carcajadas son por lo mismo que con las situaciones de dentera que propone la española entre los padres y madres que viven en adosados en Madrid. Es la prueba de que se puede estar muy cerca y facturar productos de alta calidad a lo mejor que hay fuera sin necesidad de adaptar lo que ya ha funcionado ahí.