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LAS DEMANDAS DE DIVORCIO SE DUPLICAN EN TRES MESES

Lo que Dios ha unido, lo separa el coronavirus

22/06/2020 - 

MADRID. "Prometo serte fiel, amarte, cuidarte y respetarte, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida". A ver, como teoría está muy bien. Hay que reconocer que como declaración de intenciones es perfecta, redonda, intachable. El problema es que en ella no se habla de un confinamiento. No se habla de pasar 24 horas juntos los 7 días de la semana durante 3 meses encerrados en un piso de 50 metros cuadrados, con 2 hijos y sin sueldo. O en su defecto, teletrabajando desde casa y encadenando videollamadas con la oficina a la vez que vigilas que el niño preste atención a ese profesor de matemáticas que se asoma a la pantalla del ordenador. Nadie dijo que lo más estimulante del matrimonio iba a ser cocinar bizcochos, hacer gimnasia en el salón o bajar a hacer la compra.

En el rito nupcial se habla de amarse también "en lo malo", pero visto lo visto en estas circunstancias anómalas que vivimos, esa fórmula parece que se queda corta. Falta la letra pequeña, esa que debería especificar cómo es la convivencia en tiempos de pandemias apocalípticas. Y por eso, según certifican las cifras, a muchos matrimonios ese 'contrato' que sellaron en el altar o en el juzgado ya no les vale. Las demandas de divorcio se han disparado a raíz del confinamiento. Los expertos hablan de un incremento de más del doble en el último trimestre en comparación con el mismo periodo del año anterior. 

De hecho, la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA) ha alertado de una "avalancha" de solicitudes de divorcio. Algo similar a los que suele ocurrir en septiembre, el mes que acumula el mayor número de demandas de disolución matrimonial con cerca del 30 por ciento. Parece que otra de las secuelas que deja el coronavirus es el desamor.

Fuente: AEAFA

El valenciano Óscar Martínez, abogado de familia con despacho en Alaquàs, es uno de los vocales de la AEAFA y está comprobando en primera persona estos días cómo se duplican las consultas de divorcio porque "la intensa convivencia y la incertidumbre económica han generado un estrés añadido a muchas parejas". Y no es el único tipo de consulta que se repite permanentemente en su despacho. "También nos han contactado muchas parejas ya divorciadas para modificar el régimen de visitas de los hijos o sobre todo para revisar las pensiones de alimentos porque no pueden pagar". 

Aluvión en el segundo mes y sin videollamadas

Ahora bien, las peticiones de divorcio tardaron en llegar, "uno no toma una decisión tan importante en un solo día", pero a partir del segundo mes de confinamiento se multiplicaron. Lo hicieron, eso sí, a través de un canal de comunicación que no empeorara aún más las cosas. "Todo por correo electrónico y alguna llamada de teléfono. Pero nada de videollamadas porque la persona que nos contacta para divorciarse tiene generalmente a su pareja al lado en el domicilio y es una situación incómoda".

A través del mail por tanto - y cada vez más de manera presencial - Óscar Martínez está teniendo que emplearse a fondo en su labor de "confesor" de sus clientes. "El derecho de familia trata la parte más íntima de la persona, los aspectos más cercanos de su vida, por lo que se alcanza un grado de confianza muy alto con las personas que acuden a nosotros". Y aunque su bandeja de entrada en esta nueva normalidad está atiborrada de correos que son gritos de auxilio, también es cierto que ha apreciado una tendencia conciliadora en muchos de sus clientes dentro del propio proceso de divorcio. Una especie de alto el fuego en medio de la encarnizada batalla para unirse ante el enemigo común. "A mí personalmente me ha sorprendido encontrarme con parejas en situación de conflicto grave que con la crisis sanitaria han reconducido el asunto y se han divorciado dentro de la sensatez y cordura". 

Dejarlo, pero de 'buen rollo'

Ya antes de la pandemia el 77’7% de los casos de divorcio se resolvían de mutuo acuerdo. Algunos de los casos cercanos que se está encontrando este letrado valenciano invitan ahora a pensar que ese porcentaje podría mantenerse o incluso aumentarse. "Por ejemplo llevo un asunto que desde hace años es muy conflictivo y en el que no hubo forma de que se entendieran. Se llevó a todas las instancias y fue imposible que se pusieran de acuerdo, tenían fuertes discusiones". Sin embargo, el letal virus desarmó a los contendientes. "Fue llegar el estado de alarma y me quedé impresionado cuando mi cliente me dijo que había hablado con el padre y habían solucionado sus problemas para separarse pacíficamente". Un haz de luz entre tanta tiniebla. "Me hizo confiar en la especie humana. Es posible que la gente se entienda".

Las parejas valencianas, las que más de divorciaron en 2019. Foto: KIKE TABERNER

Las cifras de divorcios por tanto van a alcanzar cotas muy elevadas en un país, España, que ya antes del coronavirus se encontraba entre los 10 países con más divorcios de Europa con cerca de 100.000 al año. Y dentro del territorio nacional, la Comunidad Valenciana está a la cabeza con una tasa de 2’4 divorcios por cada mil habitantes. La tasa más alta de España junto con Cataluña y Ceuta, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas. 

Atasco judicial

Este aumento nos aboca inexorablemente a una saturación del sistema judicial, tal y como augura Óscar Martínez. "Después de la crisis sanitaria y la crisis económica, ahora llega la crisis judicial". Un pronóstico poco optimista que está sólidamente argumentado. "La avalancha de procedimientos va a provocar un atasco aún mayor al que ya había antes. Además, ahora hay que reagendar todos los juicios que no se celebraron. Va a ser imposible evitar el colapso porque la Justicia ya estaba atascada desde hace tiempo”. Frente a esto, la Asociación Española de Abogados de Familia reclama más medios técnicos y humanos. Las cifras les avalan en su petición ya que en España solo hay 12 jueces por cada 100.000 habitantes mientras que la media en Europa es de 21.

Fuente: AEAFA

En conclusión, muchos de los matrimonios que entraron juntos al confinamiento salen ahora por separado. La recién estrenada nueva normalidad se presenta por tanto como un escenario en el que mucha gente prefiere algo más de dos metros de distancia respecto a su pareja.

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