patrimonio

Las voces de la Catedral de Murcia: del repicar de las campanas a los secretos susurrados

27/06/2021 - 

MURCIA. "¿Es Dios?", preguntó un niño después de escuchar una voz tras una de las paredes de la torre de la Catedral de Murcia. Sacra, la guía, le explicó reprimiendo la risa que no, que lo que ocurre es que la sala en cuestión, llamada de los Susurros, está envuelta por una bóveda que le proporciona esa misteriosa acústica: lo que uno diga muy flojo frente a una pared podrá ser escuchado perfectamente por quien esté con la oreja pegada al otro lado de la sala; y si se coloca en el centro, bajo la cúpula, le llegarán todas las conversaciones que se estén produciendo en ese momento. No hay secretos que valgan en esta estancia, que es una de la que despierta más curiosidad entre los visitantes que emprenden la subida a la segunda torre más alta de una catedral española (que con 95 metros se sitúa después de la de Sevilla). 

La torre-campanario es la visita 'estrella', la más demandada por los turistas y por los propios murcianos, de las que ofrece el templo, con dos recorridos guiados diarios (excepto los domingo que solo hay uno). Porque tras el ascenso a través de 18 rampas, donde no faltan las curiosidades, el visitante verá recompensado el esfuerzo con unas impresionantes vistas de la ciudad y conocerá de cerca las verdaderas voces de la Catedral de Murcia: las de las veinte campanas que, cada una con su nombre, siguen comunicándose con los murcianos.

Sacra lleva una llave que parece sacada de El nombre de la rosa para abrir la Puerta del Pozo que da acceso al interior de la torre, construida entre 1521 al 1793. Guía a Murcia Plaza por un ascenso que, dentro de lo que cabe, dice que resulta "cómodo", ya que las rampas (seis por cada planta) no son demasiado empinadas... hasta el último tramo. En la primera planta se encuentra el Archivo, que no se puede visitar, y en la tercera, la ya mencionada Sala de los Susurros, también llamada 'casa del relojero', ya que éste antiguamente solía vivir allí.

'María' da las horas

La siguiente parada es la del Balcón de los Conjuros, el más grande de España -indica Sacra-, donde los sacerdotes realizaban las ceremonias destinadas a proteger a la ciudad de catástrofes y calamidades, como pudieran ser tormentas, riadas u epidemias. Además, si alguien sentía curiosidad por esos áticos del centro que se adivinan desde la calle, tendrá la oportunidad de contemplar una magnífica panorámica de la ciudad desde las alturas y desde los cuatro puntos cardinales.

Y ya, por fin y tras subir por una escalera de caracol, el visitante se encuentra en el campanario, desde donde, por ejemplo, 'María' da las horas y 'Águeda' anuncia el Ángelus. Así las llama Sacra con la confianza que dan tantos años hablando de ellas. Y es cada una de las campanas tiene un nombre y una historia detrás, siendo la mayoría de los siglos XVIII y XIX. La más antigua es La Mora (1383) que se encuentra en el Museo de la Catedral, sustituida en el campanario por La Mora Nueva (fundida en 2002). La de mayor peso es Santa Águeda (1790), con 6.420 kilos; seguida de María Madre de Dios, del mismo año y con 4.722 kilos; San José (1818), con 2.500 kilos; y Nuestra Señora de Belén (1869), que pesa 1.416 kilos.

Todas ellas funcionan en la actualidad de forma automática, tanto las del primer cuerpo -entre las que también se encuentran las llamadas Cristo, Santa Florentina, San Pedro, San José, San Victoriano, Fuensanta, San Isidro y San Leandro-; como las del segundo cuerpo, bautizadas como Santa Bárbara la Menor, Santa Bárbara la Mayor, San Patricio, Santiago, San Agustín, Santa María, Santo Tomás de Aquino y San Antonio.

Como curiosidad, la campana de San Victoriano o Nona, realizada en 1889 y con un peso de 1.104 kilos, es la única que lleva el símbolo del trabajo en la fundición: la salamandra.

El campanero que salió 'volando'

Aunque Sacra es más de ciencia que de leyendas, existe una sobre el supuestamente primer campanero de la Catedral, un joven llamado Diego Alba que tenía demasiada afición por el vino. Esto provocaba que no siempre diese los toques de campana cuando correspondía (lo que indignaba a los vecinos, cuyo horario se guiaba por las campanadas). Cuenta la leyenda (página Descubriendo Murcia) que una noche Diego subió al campanario para anunciar una novena a San Fulgencio, uno de los patrones de Murcia, para la que tenía que hacer sonar las campanas Bárbara, Pilar y Águeda. No calculó bien las distancias y una de ellas lo levantó y lo lanzó por los aires, estrellándose contra el tejado de una de las casas de la calle Oliver. Una anciana dijo haberlo visto volar a lomos del diablo.

Hoy en día, las veinte campanas de la torre siguen hablando a los murcianos con sus diferentes toques y su distintas voces (ninguna suena igual que otra), aunque ya no dependen de la destreza y puntualidad de un campanero gracias al sistema de automatización. Así, las voces de la Catedral continúan señalando los momentos del día a los vecinos de Murcia que, de momento, nunca se han quejado de unos repiques que se repiten entre las ocho de la mañana y las once de la noche, respetando las horas de sueño. Las centenarias campanas de la Catedral también descansan entonces.