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informe

Las cuatro fases para acabar con el coronavirus... y recuperar una vida 'normal'

19/04/2020 - 

MURCIA. ¿Cuánto tiempo más durará el confinamiento? ¿Qué pasará después? ¿Podremos llevar a una vida 'normal'? Seguramente son las preguntas que más se hacen todos los ciudadanos que están confinados en cualquier parte del mundo. Y algunos expertos están intentando responder a esas cuestiones, como los que han realizado en Estados Unidos el informe 'National Coronavirus Response. A road map to reopening', promovido por el think tank American Enterprise Institute.

Este informe, dirigido por el médico Scott Gottlieb, que ha trabajado en la FDA americana (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos), describe básicamente la respuesta que debería darse ante el coronavirus, qué esperar del confinamiento y las distintas fases y objetivos que se deben seguir para superarlo y volver a una relativa normalidad.

En concreto, describe cuatro fases. En la primera fase, 'Slow the Spread', el objetivo es ralentizar la expansión del virus. Para lograrlo, el confinamiento es la única forma posible ante la carencia de una vacuna o medicamentos específicos contra la enfermedad. Es la etapa en la que se encuentra España así como la mayor parte de los países a nivel internacional. La máxima es "Quédate en casa" (Stay at home) y no socialices. Para frenar la propagación en este período, las escuelas están cerradas, los trabajadores en casa y todos los lugares de ocio cerrados. 

Esta fase acaba cuando el número de contagios se ralentiza de forma notable durante al menos 14 días consecutivos y los hospitales pueden gestionar el brote y cuidar a los enfermos con relativa facilidad y las regiones son capaces de hacer test a todas las personas con síntomas de coronavirus. Algo que, a día de hoy, a nivel nacional aún no ha ocurrido. De hecho, aunque el incremento ha descendido hasta el 2%, cada día siguen dándose más casos positivos que el día anterior. A escala regional la situación varía. Desde hace una semana los casos están disminuyendo, aunque poco a poco, y el sistema sanitario no parece desbordado por los ingresos ni por los pacientes que requieren estar en la UCI. Pero para esa reducción considerable aún debería continuar esta dinámica durante, al menos, otra semana más y el sistema sanitario poder realizar pruebas  a todas las personas con síntomas.

La segunda fase, 'State-by-State Reopening', señala como afrontar la reapertura de los espacios públicos y el contacto social siempre y cuando se hayan alcanzado unos objetivos mínimos, observando los datos de cada territorio o región para adaptar la respuesta. Esta fase requiere que se pueda diagnosticar, tratar y aislar a todas las personas contagiadas de Covid-19. Para lograrlo, los test de inmunidad o pruebas para detectar la enfermedad deben ser generalizadas con el fin de obtener una radiografía social completa y el control de la epidemia. 

Durante esta fase, las escuelas y las empresas pueden reabrir y gran parte de la vida normal puede comenzar a reanudarse de forma gradual. Sin embargo, la distancia social debe mantenerse en cualquier situación, por lo que no se pueden realizar eventos y actos multitudinarios que conlleven la concentración de más de 50 personas, lo que podría acelerar la trasmisión de nuevo. Entre ellos estarían celebraciones como bautizos, comuniones o bodas, espectáculos musicales, obras de teatro, conciertos, festividades locales o eventos deportivos de toda índole.

También debe mejorar la higiene en los espacios públicos, las limpiezas en espacios compartidos deberían volverse rutinarias y las superficies compartidas desinfectarse con frecuencia, entre otras medidas.

En esta fase los mayores de 60 años y los enfermemos crónicos, como los inmunodeprimidos, los que sigan tratamiento con cáncer o padezcan enfermedades del corazón, entre otros, no deberían integrarse a la vuelta a la normalidad. Son millones de personas en España pero también las más vulnerables al virus y a sufrir complicaciones, por lo que deben extremar las precauciones hasta la fase tres.

También es importante identificar a aquellos que sean inmunes. Si bien aún no se sabe con certeza la fuerza de la respuesta inmune en casos leves y durante cuánto tiempo las personas permanecen inmunes de reinfección, sí se sabe que hay un período en el que la mayoría de las personas tendrán suficientes anticuerpos para ofrecer protección. Así, las personas inmunes podrían tener un rol importante en situaciones de alto riesgo en el sistema de salud y en la atención social a personas que aún deben mantener el distanciamiento, como los mayores de 60 años.

En la tercera fase,  'Establish Immune Protection and Lift Physical Distancing', el distanciamiento físico y el resto de restricciones se pueden levantar. Esta fase se alcanzará cuando haya tratamientos realmente eficaces para el Covid-19 o una vacuna. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud ya ha dicho que eso no se debe esperar en un espacio de tiempo inferior a un año. Y no hay garantía de ello. Cabe recordar que algunas vacunas, como la del Sida, aún no se han conseguido.

En esta fase debe haber una monitorización muy cercana de la población con tecnologías seguras y efectivas para controlar la transmisión y saber qué personas en un momento dado se contagian y atajar pronto cualquier posible brote. Un ejemplo sería el sistema que ha puesto en marcha Corea a través de los móviles, que rastrean todos los contactos que ha tenido una persona que da positivo y los avisa a través de un programa. Sin embargo, esto plantea dudas sobre la protección de datos personales y las democracias occidentales deberían abordar como llevarlo a cabo con el consentimiento de sus ciudadanos.

En la cuarta fase, 'Rebuild Our Readiness for the Next Pandemic', plantea que sociedad, instituciones y administraciones públicas deben comenzar a prepararse para la siguiente pandemia. El Covid-19 ha expuesto graves vacíos en la preparación a nivel internacional y no será la última emergencia de salud pública que amenace a la sociedad. Por ese motivo, el informe defiende la necesidad de invertir en investigación científica, salud pública y recursos médicos para detectar y responder a la próxima amenaza de una enfermedad infecciosa. Si algo ha dejado claro el coronavirus es que lo improbable ocurre y que es mejor prevenir que curar.

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