Hasta 'the times' se ha hecho eco de la historia de la isla del fraile

El espía británico y la isla de los tesoros: el misterio y la arqueología ponen a Águilas en el punto de mira

17/01/2021 - 

MURCIA. Una isla. Un tesoro. Un espía británico. No se trata de ninguna novela de John le Carré ni de una nueva entrega de James Bond, aunque tendría todos los ingredientes para poder serlo. Hablamos de la isla del Fraile en Águilas, donde la campaña arqueológica llevada a cabo el pasado mes de septiembre, por parte de la Concejalía de Cultura y la Universidad de Murcia (UMU), ha demostrado que esta formación rocosa situada en la Bahía del Hornillo es una auténtica cantera de tesoros del pasado, al tiempo que ha puesto de actualidad la historia del espía escocés Hugh Pakenham Borthwick, don Hugo para los lugareños, que vivió allí de forma misteriosa durante los años de la Primera Guera Mundial. 

Y es que don Hugo era un tipo extraño, que dormía con un revolver debajo de la almohada, vivía rodeado de una jauría de perros medio salvajes, quemaba la numerosa correspondencia que le llegaba y no mantenía relación con el resto de la numerosa colonia británica, que estaba asentada en Águilas como consecuencia del negocio de la minería y el ferrocarril. Toda una serie de extravagancias que alimentaron la intriga y los rumores sobre la vida de este noble escocés y que hoy en día han captado el interés de la prensa internacional, especialmente de la británica. Tanto es así, que periódicos como El País (El espía que se ocultaba en un yacimiento arqueológico), The Times (Hugh Pakenham Borthwick: the British aristocrat who spied from a Spanish islet) o The Indepedent (Our man on the rock) se han hecho eco de esta historia de espionaje que, dicho sea de paso, sirve para dar a conocer fuera de las fronteras regionales el incalculable valor arqueológico, natural, industrial y etnográfico que tiene la isla del Fraile. 

Así lo explica a Murcia Plaza el arqueólogo municipal Juan de Dios Hernández, quien junto Alejandro Quevedo (Área de Arqueología de la UMU) ha dirigido los trabajos de campo -adelanta que la Concejalía de Cultura y la UMU van a firmar un convenio para continuar con las campañas como cursos de la Universidad del Mar- y con quien ha publicado el estudio Arqueología de la Hispania tardoantigua: un nuevo proyecto de investigación en la isla del Fraile (revista Sagvntvm de la Universidad de Valencia). Hernández, quien recuerda que la isla está declarada BIC con la categoría de sitio histórico desde 2013, señala que los resultados de la primera campaña han sido "impresionantes", destacando un cementerio medieval islámico (se desconocía un asentamiento en la isla), las estructuras de época tardorromana del siglo V y unos almacenes con ánforas completas. Y eso que "tan sólo se ha excavado una mínima parte de lo que hay". La historia de Hugh Pakenham Borthwick también forma parte de la historia de la isla y como tal la han documentado en su estudio.

Los primeros coches que se vieron por la zona

"Está claro que era un espía", señala sobre este personaje Juan de Dios Hernández, quien recuerda que España era neutral en la Primera Guerra Mundial y que desde la isla se controlaba el embarcadero del Hornillo, que explotaba una compañía inglesa y al que llegaban numerosos barcos con distintas banderas para cargar un preciado cargamento: el hierro que iba a ser vital para la guerra. Sus actividades como espía también explican que no prestase atención a los restos arqueológicos que le rodeaban y que, en muchos casos, estaban a la vista al haber sido reutilizados en las construcciones más modenas. Se puede decir que don Hugo estaba en otras cosas. También sería una prueba de su labor como informante que "cuando abandonó España se le hiciera un acto oficial en la embajada de Madrid".

Para poner en antecedentes, el arqueólo muncipal se remonta a cuando la isla del Fraile perteneció a un banquero y empresario escocés llamado John Gray -más conocido como 'Juan' Gray-, que "vino con la minería e introdujo el fútbol en Águilas, uno de los primeros sitios en el mundo donde se jugó a este deporte gracias a la presencia de británicos". Este hombre de negocios mandó, además, a muchos aguileños a formarse a Escocia y "se involucró mucho con la población". Pero parece ser que a raíz de unas deudas que tenía, la isla pasó a ser propiedad del teniente coronel Alexander Borthwick, quien finalmente se la traspasó a su hijo: el Hugh Borthwick de esta historia

Así fue como el joven don Hugo, que por entonces contaba con 25 años y dejaba atrás sus estudios en Oxford, llegó en 1912 a Águilas, donde montó un taller de coches sin mucho éxito; se cuenta que fue él quien "trajo el primer coche a la ciudad". Juan de Dios Hernández añade que, además de en la isla, también vivió en dos casas de campos, en Villa  Isabel y en la Cuesta de la Cabra. 

Tenía cuervos y un cementerio de perros

Lo que más llama la atención de la vida de don Hugo "fue lo desligado que estuvo de la comunidad inglesa, que estaba muy unida", señala Hernández, quien ha tenido acceso a las grabaciones que dejó una de las asistentas que trabajó para el noble escocés en la isla. "Era muy introvertido, pero puede que fuera como consecuencia de sus actividades como espía", explica. También cuentan que "dormía con un revolver debajo de la almohada, tenía cuervos y un cementerio de perros". Las mujeres que trabajaron para él señalaron, por otra parte, que "recibía mucha correspondencia, pero después la quemaba toda, mientras que la prensa la guardaba". Igualmente, aseguraban que el patrón les dejaba hacer algo de extraperlo para compensar lo poco que ganaban.

"Era un joven alto y delgado, un poco cargado de espaldas, el cabello rubio y los ojos azules. Vestía siempre de negro, fumaba pipa y utilizaba lentes, dando la imagen de 'un inglés de exportación', o sea, lo que se dice un inglés clásico", escribió por su parte el escritor aguileño Juan Navarro en su libro Huellas del pasado, donde le dedicó un capítulo entero a este británico "casi legendario que vivió durante algunos años en la isla del Fraile, de una manera misteriosa y extraña, en la soledad más abrumadora y con una jauría de perros medio salvajes".

Este autor aguileño introdujo en su relato algunos ingredientes más que avivan el misterio que rodea a la figura del espía escocés, con "datos que han llegado hasta nuestros días de forma oral". Así, por ejemplo, en este libro se habla del misterioso asesinato de un estudiante en Oxford, investigado por Scontland Yard, que podría estar detrás de que el joven, ayudado por su padre, abandonara su país "con sigilo y dentro del mayor secreto" y  de que "embarcase en un vapor de cabotaje en el puerto de Liverpool rumbo a Águilas". Se saca a colación, incluso y con bastantes datos, que tuvo un hijo con una aguileña al que dio sus apellidos... pero eso ya sería otra historia.

Un futuro centro visitable con la bahía de fondo

Lo cierto es que la historia de Hugh Borthwick no es más que una anécdota dentro de todo el proyecto de campañas arqueológicas que van a tener lugar para recuperar y poner en valor el inmeso patrimonio cultural, natural, industrial y etnográfico que tiene la isla del Fraile, que en un futuro podría convertirse en un centro visitable enmarcado en la hermosa Bahía del Hornillo. Y es que los descubrimientos llevados a cabo hasta ahora confirman la hipótesis de que en la isla se produjeron y comercializaron productos derivados de la pesca durante la Antigüedad, siendo un activo punto de intercambio con el resto del Mediterráneo.

Además, el arqueólogo municipal Juan de Dios Hernández señala que también se tiene previsto rehabilitar este año el embarcadero del Hornillo. "Nos han concedido el 1,5% cultural para su rehabilitación. La primera fase tiene un montante de un millón de euros, de los cuales el Ayuntamiento de Aguilas ha aportado una cuarta parte, corriendo el resto a cargo del Ministerio de Fomento. En total, se han proyectado tres fases".

Juan de Dios Hernández ya se imagina, aunque sabe que llevará tiempo, mostrar todo el potencial de la isla del Fraile -donde aún está por excavar una factoría de salazón-, con visitas que partan del embarcadero, como legado industrial que dejaron los ingleses a principios del siglo XX, y que desemboquen en la formación rocosa con los tesoros arqueológicos que allí esperan. Todo ello en un entorno idílico que, como recogió Juan Navarro en su libro, le hizo decir a un anciano del lugar: "¿Cómo no he de estar contento si he vivido toda mi vida en un pueblo donde vienen a morir los ingleses ricos?".

        

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