El tintero / OPINIÓN

El año sin verano

Así es como se le recuerda al año 1816 pero quizá el 2020 sea el año sin año, porque cuando empieza la vida, en primavera, una pandemia procedente de China nos arrebató todo, salvo las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

16/04/2020 - 

Empiezo este Tintero con un cariñoso y emotivo recuerdo a los miles de víctimas mortales, a sus familiares y amigos y en general a la gente de bien que sentimos cada día el dolor por las muertes que la pandemia está produciendo en España. A ello se suma el agravante que a todos nos hace sentir una profunda impotencia y tristeza, la ineficaz cuando no errónea acción del gobierno de la nación. Las cifras avalan la peor gestión de todas, especialmente si nos comparamos con países de nuestro entorno geográfico y cultural y que además tienen sistemas de salud peores (en medios materiales y recursos humanos) que el nuestro, como son Portugal o Grecia. Clama al cielo querer justificar o defender la bochornosa gestión en todos los frentes del gobierno socialcomunista que sufrimos y padecemos.

Esta primera declaración creo es fundamental en un momento crucial para España, pues nada más peligroso que actuar de palmero o escudarse en que es una epidemia que no conocemos y es normal que muera toda esa gente, porque claro que muertes habría, pero con una gestión hecha por técnicos y no políticos sectarios que sólo piensan en su permanencia y hacer campañas de marketing, habría menos muertos y podríamos sentirnos más seguros todos. Y tras esta reflexión no exenta de la necesaria indignación y la lógica preocupación, vamos a pensar en cómo será el futuro inmediato, que poco a poco vamos vislumbrando.

Este 2020 pasará a la historia como uno de los peores años de la historia, no de la reciente, ni de la democrática, no, de toda la historia. A nivel mundial por la pandemia que asoló y paralizó al planeta Tierra, pero a nivel local, en Europa y especialmente en España como epicentro de la muerte, porque tanto Italia como España están a la cabeza de ese triste y cruel ranking de muertos por millón de habitantes. La historia nos habla del “año sin verano”, fue el año 1816, hace 204 años, más de dos siglos. La erupción de un volcán provocó una nube de ceniza que causó 70.000 muertos y bloqueó la luz solar, provocando una bajada drástica de las temperaturas, cosechas perdidas y una especie de invierno prolongado.

El tiempo presente nos deja una situación sanitaria gravísima pero sin duda lo que se ha puesto de manifiesto es una gestión pública lamentable y una crisis económica sin precedentes, no por el daño que el virus cause a nuestras vidas, sino por el que las erróneas y perversas decisiones políticas nos van a llevar a una situación de gran complejidad que nuestro tejido empresarial sufrirá, la destrucción de empleo ya es elevadísima y algo que supone un gran lastre para la economía española, es la brutal cantidad de empleados públicos que no producen y si consumen los recursos de todos, porque sus sueldos los pagan los trabajadores reales que cada día luchan por sacar adelante su negocio y familia y pagando sus impuestos mantienen a una clase política dirigente que debe avergonzarnos a quienes tengamos un mínimo de decencia y dignidad.

En las últimas semanas he hablado con personas que trabajan en diferentes ámbitos y sobre todo en el mundo de la hostelería, todos coinciden en que 2020 será el año sin verano, es decir, sin verano tal y como pensábamos hasta hace mes y medio, sin turismo, sin masificaciones, sin festivales ni eventos masivos, o sea, nada que ver con la imagen de un verano en el Mediterráneo. Pero cada vez más profesionales, consideran que 2020 puede ser un año para olvidar, para borrar del calendario, un año donde la muerte física de miles de españoles irá unida a la muerte de cientos de empresas y negocios, parafraseando a ese 1816 podríamos decir “2020 un año sin año”, un año de luto. Toda esta situación de crisis sanitaria, social y política debería conducirnos a un tiempo nuevo, que esperemos sea una etapa de renacimiento para nuestra sociedad y nuestro país, un cambio de gobierno que debería formalizarse tras unas elecciones anticipadas en los próximos meses y que debería ir seguido de un juicio a todos los responsables públicos que con su negligencia diaria no dejan de causar un daño irreparable a la sociedad española. En estos aciagos días nos quedan pocas cosas, algunas que nos reconfortan es la lectura y en especial de la poesía. Así que acabaré con unos versos del poema Retrato de ausentes de Jaime Siles. 

“Todo está vivo y muerto al mismo tiempo.

Todo fluye por un río sin fin.

Nada comienza:

Lo que digo y yo ya estamos muertos…”

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