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como ayer / OPINIÓN

San Fulgencio, sus reliquias y el rito mozárabe

21/01/2021 - 

MURCIA. La imparable sucesión de suspensiones, aplazamientos y recortes de actos festivos alcanzó el pasado sábado a las celebraciones en honor de San Fulgencio, patrón de la Diócesis de Cartagena. Muy pronto se puso el acento en la supresión del tradicional convite a base de boniato en dulce y mistela que el Obispado ofrece en el patio del Palacio Episcopal (y en la de las pelotas galileas de Pozo Estrecho).

Pero lo verdaderamente relevante de la conmemoración no está en ese anecdótico y simpático acto, sino en la oportunidad de participar, en la Catedral, en una misa de rito mozárabe, la única que se celebra periódicamente en la Diócesis, y de venerar las reliquias del santo cartagenero, llegadas desde Berzocana (Cáceres) en 1594, junto a las de su hermana Santa Florentina, y conservadas en una urna de plata.

Con todo, el vínculo entre la festividad de San Fulgencio y la misa mozárabe no es demasiado antiguo, ni fue iniciado, al menos en nuestros días, en la Catedral, sino en San Nicolás, donde una imagen del santo (la misma que hoy se conserva en la ermita de San Antón) recibió ese específico culto llegada la fecha del 16 de enero de 1975. La novedad tuvo su eco en la prensa. Y el diario Línea se interesó por el hecho entrevistando al oficiante, el sacerdote José Bohajar, que pasaba por ser el único de la Diócesis autorizado por entonces para celebrar la santa misa de acuerdo con el antiguo rito.

Explicaba el cura Bohajar que se celebraba esa particular misa porque "con San Fulgencio, el rito hispánico o mozárabe alcanza su momento más brillante". Contaba también que el rito mozárabe se remontaba "a los primeros tiempos de apostolado de la Península, época de la que conserva bastantes rasgos. Pero es hacia el siglo IV cuando toma carácter propio", alcanzando su esplendor, en la época de San Fulgencio. "Consiguió subsistir durante el período de dominación árabe gracias a su carácter litúrgico de fuerte raigambre popular". Concluía el oficiante recordando que la misa de rito mozárabe se celebraba (y se celebra) regularmente en Toledo.

Explicaba el cura Bohajar que se celebraba esa misa porque "con San Fulgencio, el rito hispánico o mozárabe alcanza su momento más brillante"

Pero en lo que se refiere a la Catedral murciana se puede encontrar una interesante referencia con ocasión de la clausura de los actos conmemorativos del séptimo centenario de la incorporación del Reino de Murcia a la Corona de Castilla. Fue el día 3 de diciembre de 1944, la misa mozárabe se dijo en honor de la Virgen de la Arrixaca, ocupó la sagrada cátedra el arzobispo de Valladolid, el bullense Antonio García, e intervino, en la parte musical, la Capilla Mozárabe de Toledo, junto con elementos corales de la capital manchega, Murcia y Elche. Entre las autoridades presentes en el primer templo diocesano, el ministro de Educación, José Ibáñez Martín.

Por lo que se respecta a las reliquias, San Fulgencio y Santa Florentina fueron enterrados en Sevilla, junto a sus hermanos San Leandro y San Isidoro, siendo venerados sus restos por su santidad. Pero a partir del año 711, cuando los musulmanes iniciaron la conquista de España, muchos cristianos huyeron hacia el norte llevando consigo reliquias y ornamentos y ocultándolos.

Posteriormente, cuando estas tierras fueron reconquistadas en el siglo XIII, en tiempos de Fernando III, se repoblaron con nuevos cristianos, que fundaron aldeas y villas como Berzocana, cercana a la Guadalupe extremeña. Según la tradición, parece que fue en 1223 cuando se descubrieron los restos de los santos Fulgencio y Florentina, al enganchar el arado de un campesino el arca que los contenía, y se depositaron en el templo de la localidad. Ya en el siglo XVI, se levantó un bello templo de hermosas proporciones, que es en el que se veneran hoy las reliquias.

O parte de ellas, porque en tiempos del rey Felipe II, un obispo de Cartagena, Sancho Dávila, reclamó las reliquias, y ante la oposición de su colega de Plasencia recurrió al monarca, que ordenó que parte de los sagrados restos fueran a la sede episcopal cartaginense, en Murcia, y parte al Escorial, cobrándose así su porción en el trato. Por tanto, se sacaron cuatro huesos de los mayores, de los que dos, uno por santo, fueron enviados a orillas del Segura.

La entrada de las reliquias en la ciudad, el día 2 de enero de 1594, fue un gran acontecimiento. Terminada la misa mayor en la Catedral, marcharon en procesión a la ermita de San Roque, situada en terrenos del actual Parque de la Seda, el obispo, cabildo, comunidades, cofradías, gremios, mascaradas, danzas de cristianos y moros, timbales de la ciudad con pendones reales, autoridades y todo el pueblo. Llegó, procedente de Espinardo, una litera que portaba las reliquias, escoltada de soldados. Frente a San Antón, los jesuitas instalaron un altar donde los alumnos del Colegio de la Anunciata (hoy Casa de los Nueve Pisos) hicieron un diálogo en honra de los gloriosos santos.

Siguió la procesión cantando las vísperas del día con música, cantores y chirimías. En el trayecto tomaron las andas, portadoras de una caja forrada de verde que contenía un cofrecito pequeño sellado, y entre tafetanes carmesí y verde, los huesos de San Fulgencio y Santa Florentina, los religiosos de Santo Domingo, San Francisco, Trinitarios, de la Merced y del Carmen hasta las Cuatro Esquinas de la Trapería, donde las tomaron el deán, canónigos, racioneros y medios, que las llevaron hasta la plaza de las Cadenas (de la Cruz), en la cual había un altar desde el que se presentaron al pueblo las reliquias, que fueron adoradas por la multitud postrados todos en tierra.

Se leyeron las cartas de Felipe II para el obispo, cabildo y ciudad, haciendo donación de tan preciadas reliquias. Y luego entraron a la Catedral por la puerta de la Trapería, llamada desde aquella memorable fecha de San Fulgencio. Fueron colocadas en el presbiterio del altar mayor, lado de la Epístola, en el lugar opuesto al que ocupan las entrañas de Alfonso el Sabio, de donde es sacada la urna de plata que las contiene  en la actualidad cada 16 de enero para la procesión claustral, a hombros de seminaristas, y posterior misa de rito mozárabe. También ha sido así en 2021, pero sin procesión.

 

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