MURCIA (EP). Personal investigador de los centros oceanográficos de Santander, Baleares y Murcia del Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC) han colaborado en dos estudios para identificar especies clave en las comunidades marinas y, a partir de estas comunidades de referencia, diseñar indicadores que permitan el estudio de la sensibilidad de las comunidades marinas a los efectos del cambio climático y la pesca.
Ambos trabajos observan la composición 'funcional' de la comunidad, o sea los atributos funcionales de las principales especies que conforman la comunidad como pueden ser su talla, la forma de su cuerpo, su movilidad o su preferencia térmica, en lugar de enfocar el análisis de las comunidades atendiendo a su composición de especies, es decir desde el punto de vista taxonómico, según informaron fuentes del IEO en un comunicado.
En este sentido, en comunidades con alta biodiversidad como las predominantes en los ecosistemas marinos de la península ibérica con cientos de especies, el equipo de investigación ha desarrollado una guía metodológica para seleccionar las especies más relevantes y cuyos atributos funcionales dominan la comunidad.
Este primer trabajo demuestra la importancia que tienen los criterios de selección de especies en el desarrollo de indicadores, y el sesgo que puede suponer centrarse exclusivamente en un grupo taxonómico, destacando el papel esencial de los organismos invertebrados (moluscos, crustáceos y equinodermos, entre otros) en definir las dinámicas de la comunidad.
El trabajo recomienda atender a criterios de abundancia pero también de distribución espacio-temporal en la selección de especies, mientras que desestima otros criterios como la taxonomía o la relevancia comercial de las especies, sentando las bases para estandarizar estudios ecológicos a nivel de comunidad en otros ecosistemas marinos.
Los investigadores ponen el foco en los atributos funcionales de las especies, porque éstos determinan en gran medida la sensibilidad de las especies frente a diversos impactos. "Por ejemplo, una especie fija al sustrato, como un coral, será más sensible a los efectos del paso de una red de pesca, y una especie de afinidad cálida será menos sensible a un aumento de la temperatura en su hábitat", tal y como ha explicado Marta Sáinz-Bariáin, investigadora del Centro Oceanográfico de Santander y líder de este trabajo.
"Teniendo en cuenta estos datos para todas las especies de las comunidades de referencia es posible identificar la sensibilidad del ecosistema a agentes externos como el calentamiento de las aguas o a la pesca de fondo", ha declarado Sáinz.
Al aplicar los indicadores en las comunidades de peces e invertebrados de la franja demersal del norte y el este de la península ibérica -en el Mar Cantábrico y la franja ibérica del Mediterráneo- se ha confirmado, entre otras cosas, que a lo largo de las últimas décadas, los procesos de 'tropicalización' de ambas regiones se han producido de forma diferente.
Este fenómeno consiste en el incremento relativo en la abundancia de las especies con preferencia por aguas más cálidas, y en ambas regiones es un proceso asociado al cambio climático. Mientras que en el Mediterráneo, que está experimentando de forma más pronunciada los efectos del calentamiento, las comunidades han disminuido la presencia relativa de especies sensibles al cambio climático, en el Cantábrico, las especies de afinidades más frías han aumentado su presencia en aguas profundas, y han disminuido en el interior del Golfo de Vizcaya, la zona más expuesta al calentamiento de la franja norte ibérica.
"Este trabajo utiliza un marco especialmente útil para conocer el estado real de vulnerabilidad y riesgo de estos ecosistemas", explica Julia Polo, primera autora de uno de los estudios. "Entendiendo estos valores de sensibilidad de las comunidades a su exposición al calentamiento y a la presión pesquera, se puede obtener una idea más clara de cuál es la capacidad de un ecosistema de soportar un impacto, y a partir de ahí, estos indicadores pueden llegar a facilitar la toma de decisiones en cuanto a prioridades de conservación o protección de ecosistemas", ha concluido Polo.
El estudio se ha llevado a cabo en el marco del proyecto VADAPES, cofinanciado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a través de su Programa Pleamar; cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura (FEMPA) dentro del Programa Nacional de recopilación, gestión y uso de datos del sector pesquero y el apoyo al asesoramiento científico en relación con la política pesquera común y por el proyecto B-USEFUL, financiado por el programa Horizonte Europa de la Unión Europea.