Análisis

Región

Las lecciones que deja Aragón (y Extremadura) para la Región de Murcia

  • Fernando López Miras, en Génova.
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¿En Aragón se celebraban unas elecciones autonómicas o se dirimía la enésima batalla por el relato de la política nacional? Aragón es más que nunca el Ohio español. La actual política española coloniza los debates regionales e invade todas las agendas, incluidas las locales; una tendencia que ni los propios políticos se molestan en disimular. Verbigracia: un Azcón que proclama el “Tic-tac, el sanchismo se acaba” o un Sánchez enviando a sus ministras a salvar las provincias. Son las reglas de juego de la nueva política, con resonancias en todos los territorios. Por eso la contienda aragonesa deja serios avisos a navegantes para el resto de las comunidades. También en la Región de Murcia.

El primer mensaje es para el PP: por mucho que públicamente se refugie en la victoria contra el sanchismo, los populares no monopolizan las ansias de cambio y se ven abocados a compartir la tierra prometida con Vox. Dicho de otra manera, traducida en clave autonómica: las anheladas mayorías absolutas se antojan una misión casi imposible habida cuenta del auge de Vox. Los movimientos de Guardiola y Azcón no han servido para desprenderse de ellos, sino al contrario: han alimentado a su adversario por la derecha y han acentuado su dependencia. Es una advertencia directa para López Miras, que si bien nunca ha flirteado con la idea de un adelanto electoral ahora tiene más motivos que nunca para evitar el botón rojo. El tiempo es su aliado: les queda 15 meses para acertar con la estrategia. La actual les condena a ser presos de Vox.

  • José Ángel Antelo encabezó la delegación murciana presente en Zaragoza. -

Extremadura y Aragón confirman que aquella traumática decisión de abandonar los gobiernos autonómicos ha resultado un acierto para la formación de Abascal. El ascenso de Vox encierra una paradoja interna, cual tragedia griega: se ha desentendido de muchos nombres históricos (Espinosa de los Monteros, Ortega Smith, Macarena Olona...), ha ligado su nombre a los compañeros de viaje de la extrema derecha internacional e incluso ha rebajado la exposición pública de su líder. Pero viven su mejor momento: están en su prime. Liberados del corsé institucionales que obliga un gobierno, exentos de cometer errores de gestión, caminan por vía ancha para disparar sus consignas. Y la gente se las compra. Es así. Canalizan el descontento y calan en una parte de la sociedad necesitada de soluciones. Y, mientras tanto, sus adversarios pierden el tiempo disparando al aire: no rebaten, no replican, no contrargumentan, sino que se limitan a estigmatizarlos. No hay debate en el terreno de la razón ni de las ideas, sólo emociones, cuyo campo está ganando claramente Vox. Todos estos vientos son recogidos por la delegación murciana de Vox, cómoda en el papel de oposición. Antelo y los suyos siguen bien posicionados, pues nunca se desmarcaron un ápice del camino de Abascal, y conscientes de que la Región es una tierra fértil para sus políticas.

  • Pedro Sánchez y Francisco Lucas. -

El proyecto de Pedro Sánchez se agota. Sus ministras no movilizan, no arrastran votos ni cortan la sangría. Illa queda ya como una excepción en un territorio, Cataluña, de difícil extrapolación para el resto del país. Tampoco suma el mantra del miedo a la ultraderecha. El relato del lobo hace tiempo que dejó de funcionar. Al contrario: parece que su invocación da más votos aún al lobo. En la Región no habrá ministros de aterrizaje forzoso: Lucas no es un paracaidista de Madrid. Conoce bien la Región, conoce bien a los cuadros del partido y se está dejando la piel con una exposición constante para que la gente le conozca; sin embargo, ha ligado su suerte al sanchismo. Y esta marca ahora no ayuda en las urnas. El único socialista que vence es Page. No es casualidad. Tampoco hace falta que Lucas se convierta en un disidente del sanchismo, porque no lo es, ni siquiera que imite al manchego; pero sí necesita ampliar el abanico: reivindicar un perfil propio, alzar la voz en determinados asuntos, dar un golpe de efecto… En cualquier caso, como el PP, los socialistas tienen 15 meses para dar con la tecla. Culpar al auge de la extrema derecha a Feijóo sólo puede servir como lema para salir del paso (aunque cada vez cuela menos entre los votantes), pero es insuficiente si el PSOE quiere volver a ser relevante y útil. Si no hay autocrítica ni cambio de estrategia, acabará devorado por Vox.

  • José Luis Álvarez-Castellanos y María Marín. -

El resultado de Aragón es muy doloroso para Podemos. Es un desnudo integral frente al espejo del partido que hace una década marcó el rumbo de la política española. De los 14 escaños y el 20,5% de apoyo en 2015 al desastre de este domingo, con apenas el 0,9% de las papeletas. Para más inri, el partido de Alvise, que tampoco ha conseguido un escaño, les triplica en votos. Un desastre, se mire por donde se mire. Pero en el otro lado de la moneda está el ejemplo extremeño: aliado con Izquierda Unida, la formación morada cosechó un digno resultado. Es la misma fórmula que ya aplicó en la Región, que le sirvió para obtener dos diputados, menos de lo que desearían (permanecen anclados al Grupo Mixto) pero suficiente para tener voz en la Asamblea Regional. Podemos no puede cometer la osadía de pelear en solitario. Esa es la lección de Aragón. Y tal vez tampoco pueda concurrir sin toda la izquierda a su lado. Las divisiones son un lujo que no se pueden permitir. Y no sólo ello: deben ir más allá del tacticismo electoral para recuperar el pulso. En un contexto como el actual, con las ideas de la derecha adueñándose del relato, la izquierda debe encontrar la respuesta a una dura pregunta: por qué la gente no les cree, por qué no les votan. Hace diez años se apoderaron de la indignación de la ciudadanía, se hicieron cargo del malestar y la gente confió en ellos. Hoy no sucede.

En cuanto a Izquierda Unida, tampoco es un resultado para sacar pecho (solamente una diputada), pero el viejo partido de izquierdas sigue resistiendo contra viento y marea, combatiendo modas y cambios de tendencias: presentes en Extremadura y Aragón. Al igual que Podemos, tampoco puede viajar sola. Necesita del resto de la izquierda para tener una mínima influencia, para poder crecer y para evitar que su suelo sea su propio techo; pero la lección de este domingo es clara: cualquier movimiento en pos de la unidad de la izquierda debe contar con ellos; sin ellos, sin sus fieles cuadros y su base militante, todo es oscuridad.

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