La vivienda de Molina de Segura donde el verano parece eterno: así es 'Casa Swing', donde la arquitectura se convierte en un ritmo

Plaza Inmobiliaria

Se trata de un proyecto del estudio de arquitectura murciano Ambigua en Altorreal

  • Casa Swing
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MURCIA. Hay viviendas concebidas para habitarse y otras que parecen diseñadas para marcar el compás de una forma de vivir. Casa Swing, el último proyecto del estudio de arquitectura Ambigua en la urbanización Altorreal, en Molina de Segura, pertenece a esta segunda categoría. La intervención transforma por completo la planta inferior de una vivienda para convertirla en un oasis abierto al paisaje, un espacio donde el interior y el exterior dialogan con naturalidad y donde cada elemento parece seguir el ritmo pausado de un verano que se resiste a terminar.

Su propio nombre encierra una doble declaración de intenciones. Swing remite tanto al movimiento del golf —el proyecto se vuelca hacia el campo y la piscina— como al ritmo musical que inspira una propuesta concebida para el ocio, el encuentro y el disfrute cotidiano.

La primera decisión arquitectónica fue también la más radical: eliminar los límites innecesarios. La desaparición de los tabiques libera la planta y convierte el espacio en un escenario continuo, organizado únicamente mediante piezas de mobiliario diseñadas a medida. En lugar de compartimentar, la arquitectura ordena mediante objetos que adquieren una dimensión casi escultórica.

Nada más cruzar el umbral aparece la cocina como gran protagonista. Una contundente isla de acero inoxidable cepillado ocupa el centro de la estancia y actúa como verdadero eje vertebrador de la vivienda. Su presencia tecnológica, casi industrial, refleja la luz y multiplica las perspectivas de un espacio concebido para compartir. A su lado, un mueble de madera con puertas escamoteables introduce un contrapunto cálido y doméstico: un pequeño santuario dedicado al café y los desayunos que permanece oculto cuando no se utiliza, preservando la limpieza visual del conjunto.

Pero es la escalera la que termina convirtiéndose en el elemento más singular del proyecto. Lejos de entenderla únicamente como un elemento de comunicación entre plantas, Ambigua la transforma en una pieza arquitectónica que estructura todo el recorrido interior mediante tres cuerpos claramente diferenciados.

El superior corresponde a la estructura original de la vivienda, un volumen macizo que ha sido recortado hasta su límite resistente para aligerar su presencia. El inferior, completamente nuevo, se materializa en un gran volumen de madera de arce americano que funciona simultáneamente como arranque de la escalera, banco, respaldo del sofá y mueble de almacenamiento para la colección de cerámica y vinilos de los propietarios. Entre ambos aparece el tramo más ligero: una estructura de acero galvanizado lacado que parece descender suspendida desde el forjado. Sin llegar a tocar el volumen de madera, la escalera queda flotando sobre él en un gesto de sorprendente ligereza visual que desafía la percepción del visitante.

El recorrido continúa hacia una zona de estudio bañada por la luz de un patio inglés de hormigón visto cuya superficie ha sido pintada de un rojo intenso sin ocultar la textura original del material. Este inesperado estallido cromático introduce una energía vibrante en el corazón de la vivienda y se convierte en uno de los recursos más expresivos del proyecto.

Las zonas de servicio quedan envueltas tras grandes cortinas textiles que sustituyen a las tradicionales divisiones rígidas, reforzando la continuidad espacial. Entre ellas destaca especialmente el baño, resuelto mediante un volumen curvo de pavés que, al anochecer, transforma la estancia en una gran linterna doméstica. La luz filtrada a través de los bloques de vidrio convierte esta pieza funcional en un elemento escenográfico que cambia la atmósfera de toda la planta.

La selección de materiales responde a un delicado ejercicio de contrastes. La precisión técnica del acero inoxidable y el carácter mineral del hormigón pulido dialogan con la calidez del arce americano, mientras el rojo aparece estratégicamente para introducir tensión, vitalidad y profundidad. El resultado es un lenguaje contemporáneo que rehúye el exceso decorativo y apuesta por la fuerza expresiva de la materia y la luz.

Con Casa Swing, Ambigua firma una intervención donde la arquitectura desaparece como límite para convertirse en experiencia. La vivienda ya no se entiende como una sucesión de habitaciones, sino como un paisaje interior que acompaña los distintos momentos del día, desde el desayuno hasta las largas tardes junto a la piscina. Un espacio abierto al exterior y al tiempo lento, donde cada detalle invita a dejarse llevar por el mismo ritmo sereno que inspira su nombre.

Detrás del proyecto se encuentra Ambigua, un estudio de arquitectura que define su trabajo como un equilibrio permanente entre dos impulsos aparentemente opuestos: uno emocional, intuitivo y experimental, y otro racional, preciso y meticuloso. De esa tensión nacen espacios que buscan emocionar sin renunciar a la funcionalidad, combinando una marcada personalidad estética con soluciones cuidadosamente adaptadas a la vida cotidiana. Casa Swing representa con claridad esa filosofía: una arquitectura valiente y precisa que convierte una reforma doméstica en una experiencia espacial cargada de carácter.

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