Verano del 26:

Opinión

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Con las gafas de cerca
Publicado: 03/09/2026 · 06:00
Actualizado: 03/09/2026 · 09:29
  • Migrantes en la playa del Trampolín, en Ceuta. Foto: EFE/REDUAN
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“Verano de 2026. Un aire ardoroso, febril. Sopor constante, sin dar respiro. Una gota de sudor refresca un instante mi espalda. La tela del polo que me cubre la absorbe con sagacidad. Más por necesidad que por vehemencia.

La mano derecha se desliza con dificultad intentando trazar estas letras, mientras mi antebrazo busca cualquier superficie para adherirse.

Tu caricia quiere ser reconfortante y cálida. No consigue desplazarse con la suavidad habitual. Rugosa, languidece. Soy indolente frente a la estimulación. 

En esta atmósfera, solo soy capaz de remover el aire abrasador a ritmo de la pequeña muesca donde una y otra vez tropieza el oxidado ventilador que me acompaña. El mero cambio de ubicación a otra estancia o la parada brusca del aparato por un corte en la luz me traslada al infierno.”

Bien podría ser el asunto principal en las tertulias de este verano. ¡Qué calor hemos pasado!, ¡qué poco me gusta bañarme en un caldo lleno de algas!, ¡me ha picado una carabera portuguesa!...

Pero no. La canción del verano ha venido de África, de Ceuta. Recuerdo que mi madre, ante la pregunta de ¿cuál es más bonita, Melilla o Ceuta?, en un alto grado de objetividad, siempre decía que Ceuta tenía muchas cuestas…

Este artículo viene detrás y delante de un sinfín de análisis, declaraciones, manifestaciones e incluso, por desgracia, violencia. No quiero ser original, solo quiero compartir mi honda preocupación.

Tenemos dos focos principales en torno a lo ocurrido: la crisis inducida por la presión migratoria y su gestión, y la crisis de integridad territorial que se ha manifestado claramente exigua.

La más fácil de gestionar es sin duda la primera. Quizá no de resolver, pero sí de gestionar. Aplicar la ley, ser rápido, decidido, riguroso y generoso en el esfuerzo, mostrar empatía (con ciudadanos e inmigrantes), actuar con humanidad, … Usar el sentido común y una comunicación franca que merezca confianza. De todos es sabido que la tarea fácil la llevamos bastante regular. 

Mi aguda inquietud viene por el segundo foco. El objetivo buscado por Marruecos para mostrar la vulnerabilidad que soportan Ceuta y Melilla ha sido un rotundo éxito. Sabíamos que incomunicar ambas ciudades (sobre todo en el caso de Melilla) es muy sencillo y que asfixiarlas económicamente es ya un hecho. Pero lo acontecido nos deja dos nuevas e inquietantes enseñanzas. Una, que la llave de entrada la tienen ellos y son los que deciden si abren o cierran y quién y cuántos entran y salen. Otra, la tibia y decepcionante respuesta de nuestros compañeros europeos, que están a otras cosas.

Estos días me viene a la cabeza el interesante y acertado trabajo que realizó el eurodiputado Jordi Cañas, junto con dos abogados de la prestigiosa consultora EY allá en el año 2022, “Ceuta y Melilla, +España y +Europa. Estrategias para una mayor integración política, institucional y económica de las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla en la Unión Europea”.

A continuación, os muestro el mensaje que escribe el autor en el prólogo del informe. ¿Sería posible que en estos momentos, algún eurodiputado redactara las mismas palabras?

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La idea es, en resumidas cuentas, la integración de Ceuta y Melilla en el Territorio Schengen, en el Territorio Aduanero de la Unión y la aplicación del Estatuto de Región Ultraperiférica. Con la necesidad de varias reformas y algunos inconvenientes, pero reforzando su integración en Europa. 

Hace tan solo 4 años, en el Parlamento Europeo eran capaces de mostrar una razonable postura común de condena al expresar con amplia mayoría “su rechazo a la utilización por parte de Marruecos de los controles fronterizos y de la migración y en particular, de menores no acompañados, como medio para ejercer presión política contra un estado miembro de la Unión”. Y quizá hubiera sido posible buscar el acuerdo para esta integración mayor en Europa de nuestras dos Ciudades Autónomas. 

Pero en la actualidad, veo bastante improbable encontrar consensos parecidos en el seno de la UE y flagrante la presión que ejercería Marruecos para evitarlo.

Con nuestro vecino del sur, tradicionalmente las negociaciones por debajo de la mesa son de mucho mayor calado que las que se muestran por encima. Una maraña intrincada de intereses. Con el viento a favor por su situación geopolítica, con la costumbre del uso de la extorsión como método para relacionarse, usando las reivindicaciones de Ceuta y Melilla como estrategia de orden interno y teniendo la llave del asunto que más polariza en Europa, nos encontramos con un escollo importante.

¿Pero no se le puede oponer mayor resistencia? ¿Es posible mostrar mayor firmeza? ¿Por qué mantenemos el relato de “el mejor momento histórico con nuestro vecino estratégico, socio y amigo”? 

Es duro, para un oriundo de Melilla, ver como Marruecos estrangula la economía de nuestras ciudades, las aísla, las hace cada vez más dependientes de los PGE (con lo que anima a la desafección del resto de España), las ocupa cuando quieren reivindicar algo… Y además no podemos ser bruscos en nuestras reacciones por ser presos de un chantaje. Porque no son relaciones diplomáticas, es una extorsión en toda regla.

La solución, complicada. La que actualmente se ejerce es la de confiar en nuestro “amigo estratégico” y permitirle ciertas licencias (como una invasión híbrida, por ejemplo) para lograr otros fines. Impulsivamente, se me ocurre otra mucho más beligerante, pero la ausencia de trasparencia en las relaciones me hace ser más cauto.

Quizá en nuestra pirámide de Maslow, debemos volver a preocuparnos por cuestiones más básicas como la soberanía e integridad, antes de escudriñar otras inquietudes.

A modo de chascarrillo, tras el arduo trabajo realizado por el eurodiputado Jordi Cañas para reforzar la integración europea de ambas ciudades (y haber promovido la resolución del Parlamento de 2021), Ciudadanos obtuvo en las Municipales de 2023 236 votos en Ceuta y no se presentó en Melilla. Y en las Europeas de 2024 (donde la cabeza de lista era el propio Jordi), 98 votos en Ceuta y 116 en Melilla. 

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