Opinión

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VALS PARA HORMIGAS

Todo es western, querido Bryce

Publicado: 11/03/2026 ·06:00
Actualizado: 11/03/2026 · 06:00
  • Alfredo Bryce Echenique
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Una de las noticias que mejor me ha atrapado en estos tiempos de asombro y napalm es, probablemente, falsa. También es probablemente cierta. Quizá por eso me ha cautivado, por su circense equilibrio y alehop, caída sin red sobre la arena de la pista central. Es la que asegura, no me parece haber visto ninguna fuente fidedigna que lo confirme, que el hijo menor de Donald Trump, Barron, compró barriles de petróleo por una cifra que pone a bailar a los 30 y los 50 millones de dólares. No es esa la supuesta clave, por supuesto. El meollo del asunto es que lo habría hecho dos días antes de que su padre diera el visto bueno al bombardeo de Irán. Cuarenta y ocho horas antes de que, por tanto, subieran los precios y se cerrara el Estrecho de Ormuz. Cada vez estoy más convencido de que es falsa. Necesito convencerme de que es falsa. Porque de lo contrario, un movimiento empresarial de ese calibre sería tan obsceno como dibujar un pene con tiza en las paredes de un colegio de Primaria, de un convento de clausura, de una sede de Vox. Tan obsceno como asegurar que no son los precios propios los que apuntan hacia el sol, sino los de las materias primas.

El problema radica en que estos tiempos de estupor y fósforo blanco, las verdades son más difíciles de creer que las mentiras. Vas por las calles empapadas y no te extraña divisar a un malevo escupiendo tabaco por un colmillo. A una dama con vestido y polisón apeándose de una diligencia con ayuda de un atildado tuberculoso. Un cartel de saloon, una tienda de legumbres secas a granel y munición de Winchester, un caballo desbocado que arrastra a un bandido acribillado que se ha quedado enganchado en las riendas. Y por supuesto, allá en lo alto, un grupo de apaches que vigilan los movimientos del hombre blanco. Es mucho más complicado dar crédito a las noticias que abren los periódicos, los boletines de radio, los telediarios. Es mucho más complicado asumir que no aprendimos nada del sanguinario siglo XX. Ya lo escribió Alfredo Bryce Echenique, muerto ayer en Perú a los 87 años. “En aquellos tiempos, todo era western”. O algo así, seguro que captan el espíritu de lo que quiero decir.

Conocí a Bryce, por cierto. Fue tan amable que accedió a reunirse conmigo en el hotel Goya. Yo empezaba a llamarme nadie, como Ulises frente a Polifemo. Y ya me habían raptado Cortázar, Onetti y Rulfo, con quienes desarrollé un extraordinario síndrome de Estocolmo. Aún no me han soltado, de hecho. Sin más propósito que una charla a deshoras, Bryce me regaló un largo rato donde me confirmó, también probablemente, lo que yo había ido a escuchar sobre el boom latinoamericano de los 60. Que Gabo y Vargas Llosa luchaban por un trono inexistente, destinado al macho alfa de la generación, y que Cortázar luchaba por escapar constantemente de sí mismo. Nos despedimos y un día después, protagonizó una de las anécdotas más inolvidables que se hayan vivido jamás en la isla de Tabarca. Pero esa es otra historia. La que toca en estos momentos de terror y misiles cuenta que, al menos, Donald Trump, y no se ha contrastado convenientemente que su hijo Barron, siguen invirtiendo en poblar el territorio de EEUU de líneas de ferrocarril cuando ya asoma el primer modelo de Ford T. Que el enfrentamiento entre tres villanos desatados amenaza esta pequeña aldea de 8.000 millones de almas. Que Calpurnio dio una solución en una de las viñetas de Cuttlas. Y que nos hace falta un jinete pálido que vuelva a poner las cosas en su sitio. Lo sabe, seguro, el profesor John Sanderson. Lo escribió Bryce. Todo es western.

@Faroimpostor

 

 

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