He leído con atención las declaraciones de Juan Pedro Torralba sobre el futuro de Sí Cartagena y el anuncio de una Asamblea General en la que, según se afirma, la organización decidirá su futuro. Como antiguo militante y miembro de la Ejecutiva de Sí Cartagena, y ahora ya fuera del partido, creo que tengo la obligación -y también la libertad- de aportar una reflexión desde el conocimiento de lo ocurrido en los últimos tiempos.
Lo hago sin pretender hablar en nombre de nadie y sin intención de interferir en las decisiones que corresponden ahora a quienes continúan formando parte de la organización.
Pero precisamente por haber estado dentro, hay algunas cuestiones que no puedo pasar por alto.
La primera es sencilla: la Asamblea llega tarde.
Desde la salida de Ana -exalcaldesa de Cartagena- se reclamó en repetidas ocasiones la celebración de una Asamblea General. Se pidió por activa y por pasiva porque entendíamos que el partido necesitaba un espacio en el que hablar de lo ocurrido, analizar la situación y decidir colectivamente el camino a seguir.
Aquella Asamblea no se celebró.
Hoy, cuando el futuro de Sí Cartagena vuelve a estar en cuestión y se plantea incluso la posibilidad de no concurrir a las elecciones municipales de 2027, se anuncia nuevamente una Asamblea como el instrumento para decidir qué hacer.
No puedo evitar preguntarme qué habría sucedido si aquella Asamblea se hubiera celebrado cuando fue solicitada.
Probablemente nunca lo sabremos.
Pero sí sabemos algo: las organizaciones políticas necesitan mecanismos democráticos precisamente cuando atraviesan momentos difíciles, no solamente cuando la situación ya se encuentra prácticamente al límite.
Las organizaciones políticas necesitan mecanismos democráticos precisamente cuando atraviesan momentos difíciles, no solamente cuando la situación ya se encuentra prácticamente al límite.
La fractura que no se puede ignorar
El artículo de estos días hace, a mi juicio, una lectura excesivamente sencilla de la situación actual.
Habla del futuro del partido, de la posibilidad de crecer electoralmente y de convertirse en la llave del próximo Gobierno municipal. Todo ello es legítimo y forma parte del discurso político de cualquier organización.
Pero se pasa por alto algo fundamental: Sí Cartagena ha sufrido una profunda fractura interna.
Y esa fractura no puede analizarse sin hablar de las decisiones políticas que la provocaron o contribuyeron a profundizarla. Entre ellas está la apuesta personal por una moción de censura que terminó teniendo unas consecuencias políticas y orgánicas muy diferentes de las que probablemente se esperaban.
Cada cual puede valorar aquella decisión como considere oportuno. Pero negar sus consecuencias sería cerrar los ojos ante la realidad.
Hubo un antes y un después.
Y cuando una organización sufre un cisma de esa naturaleza, no basta con continuar adelante como si nada hubiera ocurrido. Hay que detenerse, escuchar, debatir y, sobre todo, asumir responsabilidades.
Una Asamblea no debería servir para legitimar decisiones ya tomadas. Debería servir para decidir
¿Cien militantes?
También me genera dudas la referencia a más de cien personas.
No porque cien militantes sean muchos o pocos, sino porque desconozco cuál es hoy el número real de militantes activos de Sí Cartagena.
Después de todo lo ocurrido, sería razonable conocer cuál es el censo y quiénes son las personas que realmente forman parte de la organización y están llamadas a decidir su futuro.
Una Asamblea que pueda determinar si un partido continúa existiendo, si concurre a unas elecciones o si modifica completamente su estrategia debe contar con todas las garantías democráticas.
No debería ser una cuestión de números para llenar una sala.
Debería ser una cuestión de legitimidad.
Sí Cartagena ha sufrido una profunda fractura interna.
El optimismo de Torralba
Entiendo, por otra parte, el optimismo de Torralba.
Si alguien continúa al frente de un proyecto político, es lógico que defienda su continuidad y que quiera transmitir confianza hasta el último momento. También es legítimo que aspire a que Sí Cartagena no solo sobreviva, sino que pueda crecer y convertirse en una fuerza decisiva en Cartagena.
Pero el optimismo no puede sustituir a la autocrítica.
Y si finalmente se celebra esa Asamblea, creo que la militancia debería tener la oportunidad de hablar de todo.
No solamente de las elecciones de 2027.
También de lo ocurrido.
De las decisiones que se tomaron.
De las que no se tomaron.
De la fractura interna.
De la ausencia de una Asamblea cuando fue reclamada.
Y de las razones por las que un proyecto que nació con vocación colectiva ha llegado a plantearse, apenas unos años después, si merece la pena continuar.
Una Asamblea no debería servir para legitimar decisiones ya tomadas. Debería servir para decidir.
Una reflexión desde fuera
Hoy ya no soy militante de Sí Cartagena ni formo parte de su Ejecutiva.
Por eso no me corresponde decirles qué deben hacer.
Pero sí puedo decir, desde mi experiencia dentro de la organización, que la continuidad por sí misma no es un objetivo político suficiente.
Si Sí Cartagena continúa, debería hacerlo sobre bases diferentes. Con mayor participación interna, con capacidad para escuchar la discrepancia y con mecanismos democráticos que permitan que las decisiones importantes sean realmente colectivas.
Y si decide no continuar, esa decisión también debería poder tomarse con la misma libertad y dignidad.
Lo importante es que esta vez la decisión sea verdaderamente de quienes forman parte del proyecto.
Porque una Asamblea no debería servir para legitimar decisiones ya tomadas.
Debería servir para decidir.
Y quizá esa sea la gran oportunidad que todavía tiene Sí Cartagena: no limitarse a preguntarse si tiene futuro, sino preguntarse qué proyecto quiere construir y qué está dispuesto a hacer de manera diferente para merecer ese futuro.
Yo ya no formo parte de ese proyecto.
Pero precisamente por haber formado parte de él, creo que Sí Cartagena merece que esa reflexión se haga con honestidad.
Jerónimo V. Navarro
Exmiembro de la Ejecutiva de Sí Cartagena