Opinión

Opinión

HUMANOS CON RECURSOS

Poder y salud mental

Publicado: 03/03/2026 ·06:00
Actualizado: 03/03/2026 · 06:00
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

En 2018, una docena de congresistas de EEUU decidió preguntarse si el presidente de entonces estaba en condiciones de ejercer. Para ello, consultaron a la psiquiatra Bandy X. Lee (Yale), autora de El peligroso caso de Donald Trump: 27 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un presidente.

¿Es nuevo dudar de la salud mental de quienes mandan? En absoluto. Calígula ya daba señales sin necesidad de X (Twitter). Ricardo III tampoco necesitó rueda de prensa para inquietar. Y el neurólogo David Owen se ocupó de ponerlo por escrito en En el poder y en la enfermedad, repasando dolencias y efectos secundarios del mando en el último siglo. Y es que la actualidad nos regala cada día motivos para preguntarnos si nuestros dirigentes están preparados... o simplemente colocados en el lugar correcto en el momento adecuado.

El sociólogo Erving Goffman lo explicó con precisión quirúrgica: lo que hoy llamamos “síntoma”, ayer parecía simplemente “una desviación de las normas”. Primero pensamos “qué personaje”; después, si insiste, pensamos “ah... era esto”. En el trabajo pasa igual: al inicio se confunde el problema con “estilo de liderazgo”. Y claro, luego vienen las bajas.

En el filme La trama, Russell Crowe (alcalde de Nueva York) se lo suelta a Mark Wahlberg sin anestesia: “Nosotros infringimos porque podemos; infringimos porque nos gusta”. Hay jefes que han adoptado esa frase como misión, visión y valores. Con la ventaja de que no se les exige guion: se les exige resultados. Y el miedo, ya se sabe, es muy productivo... durante un rato.

Aquí entra Stanley Bing, que resume en cinco los síntomas del “jefe loco”:

  1. Rigidez de carácter, que le impide admitir que las cosas no son siempre como a uno le gustaría. La realidad, ya se sabe, tiene el mal gusto de no obedecer.
  2. Inadaptación, que se compensan con la necesidad de agrandarse y exhibirse en todos los aspectos. Cuanto menos encaja, más volumen ocupa.
  3. Reafirmación frágil: le cuesta decir “no” y también decir “sí” con criterio; vive en el “ya veremos” como estrategia corporativa.
  4. Perfeccionismo desconfiado: nadie lo hace bien, salvo él. Y a veces ni eso.
  5. Episodios de furia incontrolada: a veces por algo; a veces por deporte. Hay quien entiende “gestión emocional” como “que los demás gestionen mi emoción”.

Y por si el diagnóstico se queda corto, Bing remata con su “pentaedro” que configura el cerebro del “jefe loco”. Cinco nodos —en combinación más o menos predominante— que quizá le resulten inquietantemente familiares. Traduzco a lenguaje de oficina:

  1. El abusón: su emoción es la ira. Lidera por amenaza, interpreta la resistencia como traición y confunde autoridad con miedo. En resumen: si preguntas, molestas; si discrepas, conspiras.
  2. El paranoico: su emoción es el miedo. Desconfía de todo, carece de empatía y la contradicción le parece un golpe de Estado.
  3. El narcisista: emoción variable. Temerario, disperso, convierte su “generosidad” en factura de admiración.
  4. El pusilánime: ansiedad en vena por un íntimo sentimiento de que no está a la altura. Se refugia en burocracia, micromanagement, comisiones y modas. Si no sabe liderar, organiza reuniones.
  5. El adrenalínico: vive al borde del abismo. Crea fuegos para poder apagarlos y llamarlo “gestión de crisis”.

Moraleja: hay menos pacientes diagnosticados que personalidades complicadas con tarjeta de visita. Y no olvidemos que los políticos y los jefes —¡sorpresa!—  salen de entre nosotros. Así que sí: la salud mental también se sienta en la mesa de dirección. 

Al fin y al cabo, en este asunto se suelen identificar dos hipótesis:

  1. El mundo es razonablemente normal, pero lo dirigen trastornados.
  2. El mundo está loco... y para dirigirlo hay que estar un poco loco también.

La pregunta no es cuál es cierta. La pregunta es: ¿en qué bando se coloca usted... antes de la próxima reunión?

Recibe toda la actualidad
Murcia Plaza

Recibe toda la actualidad de Murcia Plaza en tu correo