Además de la conmemoración, el próximo sábado, del centenario de la inauguración del primer monumento Sagrado Corazón de Jesús en Monteagudoal , efeméride de la que ya se ocuparon estos ‘ayeres’, la semana viene caracterizada por la festividad de Todos los Santos, el primero de noviembre.
No me extenderé en la distinción, por reiterada, entre lo que se celebra el próximo día 1, una fiesta de la Iglesia que honra la memoria de los santos conocidos y desconocidos, y el 2, la conmemoración de los fieles difuntos. La inmediatez de las fechas y el carácter festivo de la primera es lo que ha dado lugar a que se convierta en el día preferido para la tradicional visita a los cementerios.
En 1926, junto con la información de la inauguración indicada, la prensa se hacía eco de lo que se preparaba para las celebraciones con que arranca el mes undécimo del año. Por ejemplo, la vigilia general de difuntos organizada en la Iglesia de San Bartolomé para la noche del 1 al 2 por la Adoración Nocturna. Comenzó a las once de la noche, con la exposición del Santísimo, plática, nocturno de maitines y trisagio. A las tres de la madrugada, oraciones de la mañana y preparación para la comunión, concluyendo esta parte con la reserva del Santísimo y el Oficio de Difuntos. A las cuatro y media, misa solemne de réquiem, con comunión, y procesión de responsos.
Junto a esta solemne vigilia, los ejercicios y novenas de ánimas se extendían por todos los templos de la ciudad: San Pedro, San Andrés, San Bartolomé, San Antolín, San Nicolás, San Miguel, San Lorenzo, Santa Catalina y el Carmen aparecían en la relación que ofrecía la prensa.
Con la apertura del cementerio de Nuestro Padre Jesús, dejaron de usarse los situados a las afueras de la ciudad, en los caminos que conducían a Orihuela y a Castilla"
Hace un siglo, ya se ponía de relieve en el 1 de noviembre la patente confusión entre las dos jornadas, inundando la conmemoración de los fieles difuntos el día de teórica fiesta con algunos aspectos que lo convertían, según la prensa de hace un siglo, en algo “tétrico y lúgubre”, y se le comparaba con otra celebración “trascendentalísima y tristísima a la vez: el Jueves Santo”.
Pueden llamar nuestra atención tanto algunos de los rituales y oraciones enumerados en el programa de la vigilia de difuntos como esa singular comparación con uno de aquellos tres jueves del año que relucían más que el sol, que es en nuestros días el único que sigue celebrándose litúrgicamente en tal día de la semana. Pero es que la Iglesia ha cambiado mucho en estos cien años, sobre todo con las medidas derivadas del Concilio Vaticano II y algunas incluso anteriores, como la reforma de la Semana Santa promovida por Pío XII en 1955.
El caso es que el 1 de noviembre volvió a ser una jornada de cementerios muy concurridos, y “el tránsito por el camino de Espinardo fue verdaderamente extraordinario, yendo tranvías, automóviles y otra clase de vehículos abarrotados de gente que fue a depositar en la tumba de sus deudos el homenaje de unas luces piadosas y unas flores recogidas con cariño”.
En uno de los diarios que se difundieron el 2 de noviembre se hacía un poco de historia de lugares tan significativos para la conmemoración de los fieles difuntos como los cementerios.
De este modo, se recordaba que el actual cementerio de Nuestro Padre Jesús fue bendecido el 5 de junio de 1887, por lo que el año próximo cumplirá 140 años como camposanto de Murcia. El encargado de la bendición fue el párroco de Espinardo por designación del obispo Bryan y Livermore, que no pudo hacerlo por encontrarse delicado de salud.
Por lo que se refiere a la capilla del cementerio, la primera misa se celebró el 28 de octubre, de modo que la primera doble jornada de los días 1 y 2 de noviembre en el actual cementerio de Murcia fue la del año 1887.
Hay que indicar que la entrada en servicio del cementerio actual no fue cuestión pacífica, por las disputas que suscitó entre las autoridades civiles y eclesiásticas. De hecho, la inauguración estaba prevista unos días antes de la fecha que se ha indicado más arriba, pero fue preciso que viajara hasta Murcia un representante del Gobierno de la nación para que se allanara el camino.
La concordia entre las partes permitió la puesta en marcha del nuevo espacio para el enterramiento de los murcianos, si bien el acuerdo se firmó el día 17 de julio. Conforme al mismo, la parte eclesiástica recibiría una indemnización anual de 1.500 pesetas por el cierre de los dos cementerios antiguos, el de la Puerta de Orihuela y el de la Puerta de Castilla o de La Albatalía, además de la cesión de una parcela de terreno en el nuevo camposanto para el entierro de presbíteros ordenados y religiosas no sujetas a clausura.
Cuando se abrieron sus puertas, el cementerio distaba cinco kilómetros de los que eran entonces los límites de la ciudad, la fachada medía (y lo sigue haciendo) 230 metros y de fondo contaba con 400, más que superados con las sucesivas ampliaciones de que ha sido objeto. La superficie disponible era de 100.000 metros cuadrados.
Con la apertura del cementerio de Nuestro Padre Jesús, dejaron de usarse los situados a las afueras de la ciudad, en los caminos que conducían a Orihuela y a Castilla, si bien, pese a los numerosos traslados de personas sepultadas en ellos al nuevo camposanto, siguieron siendo visitados durante mucho tiempo por personas que prefirieron que sus familiares difuntos permanecieran en ellos, aunque el rápido e imparable deterioro condujo, años más tarde, a su cierre definitivo.
Estaba el cementerio de la Puerta de Orihuela en la actual calle de Pablo VI, y se situaba en los terrenos que en la actualidad ocupa el jardín llamado de Las Palmeras, en el Polígono de La Paz.
Por lo que se refiere al de La Albatalía, o de la Puerta de Castilla, cuando escribí sobre esta cuestión, hace años, en otro medio, no encontraba referencias claras sobre dónde podía encontrarse exactamente. Luego, aprovechando alguna pista, como la que indicaba que los cortejos tomaban el camino de La Ñora, y rastreando la zona mediante una serie de fotografías aéreas, deduje que en un espacio sin urbanizar al final del carril de Los Lucas, que parte a la derecha de la carretera tras pasar el actual puente sobre la autovía, podía ser el viejo cementerio. El hallazgo poco después de restos humanos por unos niños que jugaban en las proximidades acabó por confirmarme que estaba en lo cierto.