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Como ayer

Moralidad sardinera de hace un siglo: cuando Murcia no tuvo Entierro de la Sardina entre 1923 y 1928

"Fue un debate que se libró en los medios escritos de la época"

Publicado: 12/02/2026 ·06:00
Actualizado: 12/02/2026 · 06:00
  • El Entierro de la Sardina de Murcia.
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Si los sardineros estuvieran celebrando su 175 aniversario mediante la recreación, por ejemplo, del Entierro de hace un siglo, lo habrían tenido muy fácil, porque en 1926 no se celebró.

En realidad, no lo hacía desde 1923, porque en 1924 no se organizaron Fiestas de Primavera, y en los tres años siguientes se quedó fuera del programa el Entierro de la Sardina, que arrastraba el sambenito que se le colocó de cabalgata inmoral por la participación de aquellas “diosas” aligeradas de vestuario que formaban parte del ornato o la tripulación (según se mire) de las carrozas.

El de la moralidad fue un debate que se libró en los medios escritos de la época. En esa cuestión, el director de La Verdad, Francisco Martínez García, que rigió el periódico entre 1919 y 1931 y fue alcalde de la ciudad de 1926 a 1928, fue sumamente beligerante, y ya escribía en el extraordinario de arranque del año sobre “el Entierro de la Sardina, con su acostumbrada inmoralidad”, en tanto que Levante Agrario y El Liberal reprochaban al colega su posición respecto a la vieja cabalgata.

Y así, el 2 de febrero despachaba el primero de los indicados diarios, cuando adelantó La Verdad (“el colega que más derecho tiene a saber de estas cosas por hallarse en interioridades”) que habría Fiestas de Primavera, pero no sardinada, una crítica a la exclusión de “esa cabalgata de tan original prestigio, que costó tanto dinero organizarla y en la que se pujaba el interés de los antiguos y ejemplares murcianos que no vacilaban en hacer cuantos sacrificios reclamase la brillantez de tan esplendoroso espectáculo”.

 

Tanto el provisor del Obispado como el deán de la Catedral expresaron su oposición a la celebración del Entierro de la Sardina"

 

“Mixtificando el Entierro de la Sardina, consumiéndolo a fuerza de restricciones y ambages, y ensañándose en su crítica, provistos de la mala intención que ve en el desnudo la deshonestidad, en la belleza el ludibrio y en los trajes de época, disfraces; cercenándolo a fuerza de análisis y en nombre de la ética, no hay manera alguna de seguir alentando un festejo en el que todo es fantasía y expansión”, subrayaba. Y concluía: “para que salga el Entierro de la Sardina, como un espectro de su pasado, más vale darle el golpe de gracia”.

El Liberal afirmaba de forma contundente, unos días más tarde: “Lamentamos que en este programa no figure el Entierro de la Sardina, que tradicionalmente ha venido siendo el alma mater de las Fiestas de Primavera; y como creemos interpretar el sentir de la opinión murciana, nosotros no podemos prestar apoyo a los festejas abrileños en que no figure la popular y simpática cabalgata del Entierro de la Sardina, desterrada arteramente del abolengo murciano por la intransigencia de un periodista, aprovechándose de su hegemonía municipal”.

Lo cierto es que en la reunión celebrada en el Ayuntamiento el 6 de febrero, con miembros del consistorio y representantes de diferentes entidades y sociedades murcianas, se acordó un programa de festejos formado por concurso de escaparates, Bando de la Huerta, Batalla de Flores, Coso Iris, fiesta regional, tiradas de pichón, partidos de tenis y cante flamenco.

Como probables se apuntaron algunas comidas de toros, retreta militar y conciertos de la banda municipal de Madrid, orquesta sinfónica y coros orensanos. Mostraron su conformidad con el programa y prometieron ayudar los presidentes del Casino, Real Tiro de Pichón, gremio de vinos y alcoholes, Unión Mercantil, Círculo Mercantil y Club Deportivo.

  • Una imagen antigua del Entierro de la Sardina. -

Antes de final de año, comenzaron a adoptar acuerdos las comisiones nombradas para la celebración de las Fiestas de Coronación de la Virgen de la Fuensanta, en las que quedaban insertas en 1927 las Fiestas de Primavera. Y el 14 de diciembre se emitieron los informes de todas ellas y se aprobaron las programaciones propuestas por las comisiones de actos religiosos y literarios.

Al llegar a la comisión de actos cívicos, la propuesta que hizo su presidente, José Ibáñez Martín, catedrático del Instituto desde 1922, presidente de la Diputación desde septiembre y futuro ministro de Educación entre 1939 y 1951 ofreció la relación formada por Batalla de Flores, Corrida de toros, Bando de la Huerta, Coso Blanco, exposicines de fotografías, esculturas de Salzillo, y productos agrícolas y Entierro de la Sardina.

Fue entonces cuando tanto el provisor del Obispado como el deán de la Catedral expresaron su oposición a la celebración del Entierro de la Sardina, alegando el segundo el pesar del obispo ante el anuncio, días antes, de que iba a celebrar el festejo dentro de las Fiestas de la Coronación, y añadiendo que "era poco edificante ofrecer ese espectáculo a los arzobispos y al nuncio de Su Santidad”.

 

En 1928, desde el primer momento, no sin críticas, se apostó por su regreso"

 

Se opuso a esas razones que la cabalgata era “la fiesta más característica y popular de Murcia” y que si se desarrollaba “exento de toda inmoralidad, podían presenciarlo el Nuncio y los obispos, como lo vieron en otras ocasiones”, siendo además “la única fiesta gratuita que se ofrece al pueblo”.

El caso es que se acudió a la votación, que arrojó nueve votos a favor del Entierro de la Sardina y ocho en contra, que con el voto del alcalde fueron nueve y con el de calidad se convirtieron en diez.

De modo que se prolongó la espera que duraba desde 1923 hasta 1928, cuando desde el primer momento, no sin críticas, se apostó por su regreso. Lo que supuso aquella luz verde lo expresó con acierto el semanario Murcia Gráfica

“Por fin ha sido acordada la celebración del Entierro de la Sardina, la gran fiesta netamente murciana que entre el conjunto de actos vulgares ponía su nota brillante de casticismo y originalidad. Cuando en todo el mundo las grandes ciudades tienden a exaltar sus antiguas costumbres, que aromara la leyenda y la poesía, Murcia, que siempre puso con sus fastuosos Entierros una pintoresca nota localista, iba dejando caer en el olvido estas incomparables cabalgatas en las que los artistas con su inspiración, y abril con sus turbadores perfumes, cooperaban a un éxito siempre renovado”.

“Murcia, con sus áureas piedras centenarias fantásticamente iluminadas por las luces de bengala y las grandes carrozas plenas de monstruos de ensueño, volverá a celebrar en esas noches únicas, en las que parece caer de las estrellas una lluvia de azahar, no una solemne cabalgata fúnebre, sino un gran nacimiento de maravillas. El nacimiento de la Primavera”.

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