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Como ayer

Las verbenas de Murcia y el mes de San Juan

"Las verbenas más célebres eran las de San Juan y las del Carmen, que siempre generaban gran expectación y atraían a numeroso público"

Publicado: 18/06/2026 · 06:00
Actualizado: 18/06/2026 · 06:00
  • Arco y plaza de San Juan y vista trasera del Palacete de Floridablanca.
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Las verbenas han estado presentes desde antiguo en el corazón de nuestras fiestas populares. El diccionario de la Academia de la Lengua Española se refiere a ellas como “fiesta popular con baile que se celebra por la noche, al aire libre y, normalmente, con motivo de alguna festividad”.

Resulta de interés, antes de llevar a cabo nuestro habitual recorrido por el tiempo, precisar que la palabra verbena, para referirse a esos bailes populares, deriva de la otra acepción de este término, tenida por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como primera: “Planta herbácea anual, de la familia de las verbenáceas, con tallo de 60 a 80 centímetros de altura, erguido y ramoso por arriba, hojas ásperas y hendidas, flores de varios colores, terminales y en espigas largas y delgadas, y fruto seco con dos o cuatro divisiones y otras tantas semillas, y que es común en España”.

La costumbre de llevar un ramito de esta planta en la solapa cuando se acudía a los bailes fue lo que trasladó la denominación de aquella herbácea a las populares citas musicales que salpicaban las fiestas patronales de pueblos y barrios.

 

La emulación y competencia entre barrios iba en beneficio de los festejos, porque la meta era superar al vecino y el personal disfrutaba con las novedades"

 

Las verbenas más célebres, situadas en las barriadas, eran las de San Juan y las del Carmen, que siempre generaban gran expectación y atraían a numeroso público. Eso explica el comentario que recogemos de la publicación Juventud Literaria, en junio del año 1889, que refería: “Mucho se hablaba del entusiasmo de los vecinos del Barrio de San Juan por presentar unas espléndidas fiestas en honor de su titular; pero la verdad sea dicha, estas han superado a todo lo que se había anunciado”.

Y daba las pertinentes explicaciones: “La verbena de San Juan podemos decir que ha sido brillantísima. Había calles, como la de la Gloria, en que los arcos, bombas de colores, colgaduras, banderolas, formaban un conjunto verdaderamente fantástico. De música no hablemos. No solo han asistido las cuatro bandas de la ciudad, sino que a la puerta de muchos vecinos se improvisaron bailes con acompañamiento de acordeones y guitarras. Todo ha sido animación y alegría. Bien por los vecinos del Barrio da San Juan. Veremos cómo se portan los de San Pedro”.

Y es que la emulación y competencia entre barrios iba en beneficio de los festejos, porque la meta era frecuentemente superar al vecino, próximo o lejano, y el personal disfrutaba con las novedades y hasta sorpresas a que daba lugar ese afán por sobresalir y ser objeto de comentarios elogiosos.

La misma publicación se refería en 1895 a San Juan y San Pedro, próximos en el plano de la ciudad los barrios y en el calendario los santos, en estos términos: “Bonita semana la que ha pasado. Con fiesta y algazara la recibimos, y con armoniosos acordes le dimos el saludo final. San Juan y San Pedro: he aquí dos barrios dignos de la gloria que los cubre. En particular San Juan, el de la verbena. San Pedro, como hombre más sesudo, alborota menos, pero también, también hace mis delicias”.

Y precisaba: “Nosotros también felicitamos desde este humilde periódico a nuestros vecinos, y alentaremos con los que esté a nuestro alcance sus pensamientos, para que resulten otro año más pomposas, si cabe, estas fiestas, hechas con el corazón”.

 

Nada queda hoy de aquellas animadas noches musicales que congregaban al vecindario propio y ajeno a las respectivas barriadas"

 

Las fiestas sanjuaneras de 1896 contaron con animadísimas calles, “luciendo sus encantos las bellas y graciosas hijas del mismo, que paseaban ataviadas con sus mejores galas. La banda de música que dirige el señor Mirete, tocó un escogido repertorio y recorrió las calles de la parroquia ejecutando bonitos pasodobles”. El cura de San Juan, don Antonio Munera, “fue objeto de una espontánea manifestación de cariño, siendo vitoreado por el vecindario”.

Algún escritor decimonónico se refirió al mes de junio como el de las verbenas, porque en Murcia se celebraban las de San Antonio, San Juan y San Pedro, con ocasión de las celebraciones en torno a los respectivos santos (días 13, 24 y 29 de este mes). Pero lo cierto es que nada queda hoy de aquellas animadas noches musicales que congregaban al vecindario propio y ajeno a las respectivas barriadas.

Escribía en El Liberal hace cien años justos que llegaba junio “con todo su caliente vaho canicular, que enciende el entusiasmo canicular de los barrios para que se dispongan a sus tradicionales verbenas. Y esto hace que cada barrio piense en la fiesta de su titular que se avecina, y se piense en amenizar las víspera y el día con músicas, luces e íntimos regocijos”.

La primera verbena que se anunciaba aquel año 1926 era la de San Antonio: “Es este santo popularísimo, especialmente entre la juventud femenina, que le asedia con sus devociones interesadas”.

Y llegaba luego la verbena de San Juan, “una de las más acendradas tradiciones que tienen arraigo en el alma del pueblo. Y tan es así, que a este mes de junio apenas si se le llama por su nombre, especialmente entre Ias gentes de la huerta y campo; mes de San Juan, es como suele denominársele, y eso que este famoso santo tiene dentro de estos días de su mes otros compañeros que no le van detrás en popularidad y devociones”.

Y en aquel año hace un siglo, el cronista escribía que el barrio sanjuanero quería “que sus verbenas sean de gran atracción, es decir, que ya no se limitan aquellos entusiastas vecinos a organizar verbenas familiares para la intimidad del vecindario, sino que las rodea de fastuosidad y alegría, de modo que pueda compartir toda Murcia de las horas pintorescas que ofrecen aquellas calles en donde el ingenio y el buen humor triunfan siempre”.

Ni aquel barrio castizo es lo que fue, ni queda asomo de las verbenas o de las hogueras que se llegaron a quemar, pero San Juan siempre será digno de visita y paseo. Sobre todo si celebra a su patrón.

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