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¿En qué ha quedado el Armagedón que habían previsto para 2032?

"La trayectoria de muchos asteroides cruza regularmente la órbita de la Tierra, pero las distancias en el espacio son tan grandes que hacen muy difícil que un impacto llegara a producirse. A finales del año pasado descubrieron uno que podría colisionar con nuestro planeta en 2032"

Publicado: 25/02/2025 ·06:00
Actualizado: 25/02/2025 · 06:00
  • Trayectoria 2024 YR4 en el Sistema Solar. Vemos como cruza la órbita de la Tierra y Marte.

El pasado 29 de octubre Murcia Plaza publicó mi artículo de divulgación científica con el título de Los Asteroides: Un peligro real para la humanidad, en el que suponía que pasaría muchísimo tiempo antes de que nuestro planeta sufriera un devastador impacto de una de estas rocas espaciales. ¿Y si al final no tuviéramos que esperar tanto tiempo? 

 

El 27 de diciembre de 2024 en la estación chilena del Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS por sus siglas en inglés), organismo financiado por la NASA y con varios telescopios repartidos por el mundo, se descubrió el asteroide al que se denominó 2024 YR4. Se trataba de un objeto tipo Apolo, es decir, que gira alrededor del Sol y su órbita se cruza con la de la Tierra por lo que la posibilidad de que impacte no es nada despreciable. Se conocen numerosos objetos de este tipo desde hace mucho tiempo y la cosa no parecía demasiado preocupante hasta que se empezó a calcular su órbita con más precisión. En una primera aproximación se llegó a estimar que la probabilidad de que chocase con la Tierra era algo superior al 1%. Esa probabilidad nos puede parecer baja, pero es la que estima la Oficina de Asuntos del Espacio Ultraterrestre de las Naciones Unidas para activar el Protocolo de Seguridad de Alerta Planetaria. Esta es la primera vez que esta alerta es activada. 

 

Podría generar una energía de aproximadamente 7.7 megatones, es decir, casi 500 veces la bomba atómica de Hiroshima"

 

 

Estudiando su albedo (cantidad de luz del Sol que refleja) y teniendo en cuenta su composición, se le ha estimado un tamaño de entre 40 y 90 m. Con el espectro de esa luz reflejada se puede también deducir el material del que está compuesto. En este caso se ha determinado que es del tipo S o L, es decir, rocoso con baja proporción de metales. Conociendo sus dimensiones y la velocidad con la que entraría en la atmósfera, se estima que podría generar una energía de aproximadamente 7.7 megatones, es decir, casi 500 veces la bomba atómica de Hiroshima. Sería capaz de destruir el área metropolitana de una gran ciudad como París o Londres (más de 50 km) y si cayese en el mar, el tsunami generado podría ser de dimensiones devastadoras. 

 

En estos momentos muchísimos telescopios a lo largo de todo el planeta están siguiéndolo para poder determinar su trayectoria con mayor precisión. Con los datos que se tienen hasta ahora la predicción de su recorrido futuro se hace muy difícil. En este momento se está alejando de la Tierra y dejará de ser observable a finales de abril. No obstante, su órbita volverá a acercarlo a la Tierra en diciembre de 2028 y en 2032 que es la fecha en la que se prevé el posible impacto.

 

En 2028 estaremos preparados para poder medir su órbita con una precisión casi absoluta, pero nadie sabe lo que en los siguientes 4 años pudiera acontecer. Cuando se calcula y predice la órbita de un objeto de este tipo además de utilizar las leyes de Kepler y la teoría de la gravedad de Newton, se han de realizar predicciones con modelos de perturbación y de radiación solar, ya que un objeto de pequeño tamaño como este es fácilmente alterable y su órbita puede variar de manera impredecible. Generalmente con potentes ordenadores se calculan miles y miles de trayectorias que el asteroide podría seguir y se comprueba cuantas de ellas coinciden con la Tierra en un futuro; esto nos da la probabilidad de impacto.

 

A los pocos días de su descubrimiento se calculó que dicha probabilidad era de un 1,2%; posteriormente, hace una semana subió al 3,1%, para a los pocos días volver a caer a la zona del 1%. Este hecho es normal pues cuantos más datos tenemos más podemos afinar su trayectoria. Estos altibajos en los cálculos son totalmente normales ya que los datos se recogen de numerosas fuentes y las observaciones astronómicas, sobre todo para este tipo de objetos, suelen ser bastante complicadas; por eso más datos implican más precisión y fiabilidad en la predicción. 

 

En el año 1999 en una conferencia científica sobre asteroides en la ciudad italiana de Turín se adoptó una escala desarrollada por el astrónomo Richard P. Binzel del MIT (Massachusetts Institute of Technology) para, de una manera sencilla, transmitir el riesgo de impacto de un asteroide contra la Tierra. Esta es la Escala de Turín y tiene en cuenta el tamaño del objeto, es decir la energía del posible impacto junto a la probabilidad de choque. Esta escala va del 0 al 10 y por encima del 5 ya hay que preocuparse porque la amenaza se considera significativa. Con el cálculo de las primeras trayectorias del 2024 YR4 se le situó entre 3 y 4 de la mencionada escala, es decir, evento que merece atención.

 

"En el caso de que la probabilidad de impacto creciera, todavía tendríamos tiempo para organizar una misión espacial y desviar el asteroide"

 

En el caso de que la probabilidad de impacto creciera, todavía tendríamos tiempo, aunque no demasiado, de organizar una misión espacial para desviar el asteroide. Las distancias en el espacio son inmensas y se tarda mucho en recorrerlas. También se tarda bastante en organizar una misión de este tipo. Afortunadamente, como mencioné en mi artículo citado anteriormente, la misión DART de la NASA demostró que la trayectoria de un asteroide puede ser modificada; logró desviar un poco a Dimorphos y sabemos que con eso es suficiente si lo hacemos con bastante antelación y cerca del perihelio (punto más próximo al Sol de una órbita). ¿Comprendemos ahora la importancia de la investigación del cosmos y de las misiones espaciales?

 

Este asteroide, de momento, tiene un nombre provisional y supongo que, si al final se vuelve famoso es porque crece su probabilidad de choque con la Tierra y seguro que le pondrán un nombre propio definitivo. Lo de “2024 YR4” es porque fue descubierto en 2024 en la última quincena del año de ahí la Y, R significa que es el 17º objeto descubierto en esa quincena y 4 en cuarta ronda. Dicho de otro modo, en la última quincena de 2024 antes que él se descubrieron 91 asteroides. ¡Con esto nos podemos hacer una idea de la cantidad de objetos celestes de este tipo que se descubren continuamente! 

 

Justo antes de terminar de escribir estas líneas me he conectado a la página web CNEOS (Centro para el Estudio de Objetos Cercanos a la Tierra) del Jet Propulsion Laboratory organismo dependiente de la NASA, donde catalogan todos los asteroides y cometas que se descubren para hacer un seguimiento de sus órbitas. Ahora, con más datos, se ha bajado su probabilidad de impacto a 0,36% lo que implica una posibilidad entre 280 de que 2024 YR4 impacte con la Tierra. El nivel en la Escala de Turín ha sido reducido a uno, lo indica que se trata de un evento normal con probabilidad de colisión extremadamente baja por lo que no requiere atención pública. De todas maneras, se le seguirá monitorizando, como a otros muchos objetos cercanos a la Tierra, por si acaso. 

 

¿Le pondrán finalmente nombre propio a 2024 YR4 o caerá en el olvido debido a su cada vez más reducida probabilidad de colisionar con la Tierra? ¿Nos deparará alguna nueva sorpresa este asteroide cuando vuelva a visitarnos en 2028? ¿Encontrará alguna perturbación en su camino de manera que tengamos que volver a preocuparnos de nuevo por su trayectoria?

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