El valor de tu empresa no es el precio que vas a cobrar

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La mirada de AJE Región de Murcia
Publicado: 28/10/2026 · 06:00
Actualizado: 28/10/2026 · 06:00
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"¿Cuánto vale mi empresa?" Es una pregunta que suelen hacerme en los corrillos que se forman entre empresarios durante los eventos de la Asociación de Jóvenes Empresarios de la Región de Murcia (AJE).

Entiendo que mis compañeros empresarios puedan pensar que la respuesta es sencilla y que todo se resume en cuántas veces puedes conseguir que te paguen el EBITDA. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.

Desde un punto de vista económico, existen diferentes métodos para determinar cuánto vale una empresa. Cada negocio requiere un análisis específico de su actividad, sus perspectivas de crecimiento y los riesgos que asume.

Es habitual que, para calcular ese valor, se tenga en cuenta el EBITDA, un indicador que permite aproximarse a la rentabilidad del negocio antes de determinados gastos financieros, impuestos y amortizaciones. Sin embargo, dos empresas que generan el mismo EBITDA pueden tener valores muy diferentes. No es lo mismo un negocio que necesita invertir constantemente para seguir funcionando que otro con clientes estables, buenas perspectivas de crecimiento y menos riesgos.

Acordar cuánto vale una empresa no significa haber acordado cuánto va a cobrar su propietario"

Pero hay algo que, desde nuestra experiencia asesorando operaciones, resulta especialmente importante: ponerse de acuerdo en cuánto vale una empresa es más sencillo que determinar cuánto se pagará finalmente por ella.

Una vez acordado el valor del negocio, comienza otra negociación igualmente relevante: la de los ajustes al precio, que pueden llegar a frustrar una operación. ¿Por qué? Porque acordar cuánto vale una empresa no significa haber acordado cuánto va a cobrar su propietario.

Aquí entran en juego conceptos como la deuda financiera neta o el working capital necesario (capital circulante operativo), es decir, el dinero que necesita el negocio para funcionar en su día a día, por ejemplo, para pagar a proveedores mientras cobra de sus clientes.

Ambos pueden modificar significativamente el importe final que recibe el vendedor. Y lo complicado no es hacer las cuentas, sino ponerse de acuerdo en qué partidas deben considerarse deuda o qué niveles de circulante son habituales en la empresa.

El precio que ofrece el comprador tiene un límite, marcado por la rentabilidad que espera obtener y los riesgos que está dispuesto a asumir"

En muchas ocasiones, la falta de planificación, unida al coste fiscal de la operación, termina provocando una reflexión habitual entre empresarios: "Para eso sigo explotando yo el negocio, que gano más dinero".

Y puede que tengan razón. Pero eso no significa que el comprador esté dispuesto a pagar más. Al fin y al cabo, una cosa es lo que el comprador considera razonable pagar por la empresa y otra, el dinero que el vendedor termina llevándose a casa después de los ajustes y los impuestos.

El precio que ofrece el comprador tiene un límite, marcado por la rentabilidad que espera obtener y los riesgos que está dispuesto a asumir. Por su parte, el dinero que recibe el vendedor también depende de cómo haya preparado la operación.

Tan importante como saber cuánto vale tu empresa es planificar cuánto vas a recibir realmente por ella.

 

Daniel López Olmos es economista, socio de BAL Partners y tesorero de la Asociación de Jóvenes Empresarios de la Región de Murcia (AJE)

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