Opinión

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TRIBUNA LIBRE

El inevitable retroceso de las draconianas políticas climáticas

Está probado y constatado el retroceso que están teniendo las políticas climáticas o políticas verdes en occidente, Europa y EEUU, y esto era inevitable; existe agotamiento e incredulidad ante tanto argumento alarmista por parte de la izquierda activista

Publicado: 11/02/2026 ·06:00
Actualizado: 11/02/2026 · 06:00
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Probablemente la publicación de este artículo me ocasione nuevos enemigos climáticos pero la libertad de expresión y el análisis de las pruebas me avalan y hacen menos dura la reprobación partidista de la izquierda radical.

Está probado y constatado el retroceso que están teniendo las políticas climáticas o políticas verdes en occidente, Europa y EEUU, y esto era inevitable; existe agotamiento e incredulidad ante tanto argumento alarmista por parte de la izquierda activista. Este retroceso no me lo he inventado, constato que 2025 ha sido un pésimo año para el activismo climático, difícil diría yo, por lo que voy a aportar varias evidencias que corroboran esta afirmación.

En primer lugar, Bill Gates, otrora adalid y faro de la izquierda activista, en su memorando publicado el martes 28 de octubre de 2025 y titulado Tres duras verdades sobre el clima, en el que priorizó el bienestar humano frente a una política climática draconiana, en él escribía:

  1. Es hora de poner el bienestar humano en el centro de nuestras estrategias climáticas
  2. Aún estamos a tiempo de adoptar una perspectiva diferente y ajustar nuestras estrategias para abordar el cambio climático
  3. ¿Se está gastando el dinero destinado al clima en las cosas correctas? Creo que la respuesta es no
  4. El cambio climático es un problema serio, pero no será el final de la civilización
  5. Desde la perspectiva de mejorar la calidad de vida, usar más energía es positivo, ya que está estrechamente relacionado con el crecimiento económico
  6. La temperatura global no nos dice nada sobre la calidad de vida de las personas
  7. Dado que el crecimiento económico proyectado para los países pobres reducirá las muertes por causas climáticas a la mitad, se deduce que un crecimiento más rápido y expansivo reducirá las muertes aún más

Por la contundencia y claridad de las mismas voy a obviar cualquier aclaración aunque remarcan el golpe de timón que da el señor B. Gates.

Otra evidencia que corrobora el retroceso de las draconianas políticas verdes es el fracaso en términos absolutos de la edición de la COP30 del pasado noviembre celebrada en Brasil. Deslucida y sin acuerdos evidentes, además con escandalosas ausencias, no logró acuerdos para que los países se comprometieran con hojas de ruta para terminar con el uso de combustibles fósiles y detener la deforestación; al finalizar la COP30, 119 países que representan el 74 % de las emisiones globales habían presentado nuevos compromisos nacionales en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). Estos compromisos mostraron cierto progreso en la reducción de emisiones y la movilización de acciones sectoriales, pero en conjunto representan menos del 15 % de las reducciones de emisiones necesarias para 2035.  Además, en los últimos días de la COP, muchos negociadores se sorprendieron al ver que la mayoría de los indicadores, desarrollados por 78 expertos independientes durante los últimos dos años, habían sido modificados. El conjunto final incluye algunos indicadores que no son mensurables y temáticamente incompletos, lo que genera problemas técnicos que deben resolverse. En la sesión plenaria final, algunos países plantearon objeciones al resultado del GGA, que, tras cierta controversia sobre el proceso, la Presidencia de la COP prometió abordar en las conversaciones sobre el clima de Bonn en junio de 2026. 

En conclusión, un desmadre.

Por otro lado, los llamados "ambientalistas moderados" o racionales, meses antes, respaldaron el crecimiento económico sobre el "cero neto", no porque nieguen el cambio climático, sino porque creen que el bienestar humano es la medida definitiva de una buena política pública.

Llegados a este punto contextualicemos ya que ignorar el contexto es ponerse en una enorme desventaja en la comprensión del mundo. Durante años los argumentos bien fundamentados a favor de políticas de mitigación climática, como la exigencia de un impuesto a las emisiones de gases de efecto invernadero, habían fracasaron con el resultado contraproducente de modificar y eliminar nuestra ventaja competitiva, encarecer los productos, elevar la inflación, vasallaje… (recomiendo la lectura del artículo publicado en Valencia Plaza "Lo que esconde la Agenda 2030" en abril de 2023), las continuas exigencias por parte de la izquierda a la desinversión en combustibles fósiles, eliminación de la energía nuclear, etc. supuso el gasto de billones de euros de los contribuyentes europeos en el cambio climático ya que les parecía una estrategia ganadora; pero se ha ido revirtiendo cuando se dieron cuenta de lo costoso que es. Y es que el fracaso de las políticas de mitigación del cambio climático, o políticas verdes, tiene todo el sentido según nos indican las encuestas: todos queremos vivir en un clima más seguro y limpio pero cuando se pregunta a la gente cuánto está dispuesta a pagar para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, más de la mitad de los encuestados se niega a pagar tan solo un euro al mes.

Dado que existen sólidas razones para oponerse al costoso despilfarro de las multimillonarias políticas climáticas se me ocurren algunas explicaciones que nos aclaren el por qué continuamos derrochando ingentes cantidades de euros y no es porque la izquierda activista y radical nos inunde con multitud de documentales climáticos, nos bloqueen el tráfico cada dos por tres, ejerzan vandalismo climático en museos contra obras de arte patrimonio de la humanidad, etc., no, pero ¿por qué tanta gente inteligente, la mayoría con formación científica, dice que “creen en la ciencia” y sin embargo se equivocan tanto en la ciencia del riesgo climático?

En mi opinión la primera explicación es que las personas con un alto nivel educativo, formativo, y buen nivel de alfabetización científica no tienen menos probabilidades de equivocarse en cuestiones científicas que cualquier otra persona cuando los hechos entran en conflicto con sus identidades sociales y compromisos ideológicos.

La segunda es que existen fuertes incentivos sociales, políticos y profesionales para, si uno se gana la vida elaborando políticas climáticas y energéticas de izquierdas, equivocarse al respecto del cambio climático. Durante la última generación la apropiación del "término cambio climático" por parte de los políticos de izquierdas-progresistas ha sido total. Existe tolerancia cero en la izquierda hacia cualquier opinión que cuestione las afirmaciones fundamentales del movimiento climático, fusionando eficazmente la ciencia consensuada sobre la realidad y el origen antropogénico (falso) del cambio climático con afirmaciones catastrofistas sobre las que no existe consenso alguno.

Puedes ser investigador, académico, experto en políticas públicas, responsable de programas en una organización filantrópica o miembro del Congreso de los diputados, pero cuestionar, y mucho menos desafiar, la idea central de que el cambio climático es una amenaza existencial para el futuro de la humanidad simplemente no te reporta ningún beneficio y sí muchas desventajas. No te ayudará a conseguir tu próximo trabajo o tu próxima beca, o sencillamente una subvención. Por ello todos se alinean, es mejor seguir la corriente para llevarse bien.

Y, por último, existe la creencia generalizada de que no se puede defender firmemente la energía limpia y la innovación tecnológica sin el espectro catastrófico y calamitoso del cambio climático. Pero esta perspectiva ignora toda la historia de la innovación energética moderna. Durante los últimos dos siglos la humanidad ha evolucionado inexorablemente de tecnologías más contaminantes y con mayor intensidad de carbono a otras más limpias. Quemar carbón, pese a su importante impacto ambiental, es más limpio que quemar madera y estiércol. Quemar gas es más limpio que quemar carbón. Y, obviamente, producir energía con energía eólica, solar y nuclear es más limpio que hacerlo con combustibles fósiles.

La mayoría de la izquierda climática opina que la amenaza del cambio climático es necesaria para acelerar y justificar una transición más rápida hacia tecnologías energéticas más limpias. Pero sin embargo, en la práctica, no hay evidencia ni pruebas de que en más de 35 años de retórica y afirmaciones cada vez más pesimistas sobre el cambio climático estas hayan tenido algún impacto en el ritmo de descarbonación del sistema energético global. De hecho el mundo se descarbonizó más rápido durante los 35 años previos a que el cambio climático se convirtiera en una preocupación global que en los 35 años posteriores, como se puede ver en la gráfica.

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Lo que esta izquierda climática, llamémosla suavemente, pretende bajo la real politik, la tecnocracia y las apelaciones a la autoridad científica es su deseo de rehacer el mundo. Esto ha dado lugar a la creación de un discurso nuclear, central, fundamental en la izquierda, que aunque sea mucho más astuto que las desestimaciones de los contrarios al mismo, no deja de ser muy propenso a hacer afirmaciones engañosas sobre el asunto, ignorar las pruebas que lo contradicen y demonizar a la disidencia. Además ha producido una política grandilocuente y maximalista cada vez más alejada del sentir popular.

Por lo tanto el mensaje es: ENERGÍA LIMPIA SIN CATASTROFISMO y por supuesto, rechazar la abusiva política climática actual NO ES UN DELITO.

Pero aquí, desde el Covid, la inflación, el encarecimiento de la energía, las carreteras, los incendios, los trenes, las inundaciones, las presas, el paro, los burdeles, la inmigración  y hasta la corrupción generalizada, la culpa de todo es del cambio climático. Menudo montón de mentirosos, corruptos, manipuladores, entrometidos y ganapanes de los Soros de turno.

En una próxima ocasión hablaré sobre la nueva teoría del los activistas y radicales de la izquierda para mantener su apuesta ridícula sobre el cambio climático y distraernos de lo que realmente importa, a la que han bautizado como el "homicidio climático" y es que era inevitable, algunos activistas están mostrando su apoyo a la teoría jurídica marginal del "homicidio climático", la noción de que ciertas personas y empresas deberían ser penalmente responsables de las muertes relacionadas con el cambio climático. Aunque es factualmente retrógrada y legalmente dudosa, algunos, una minoría de los "alarmados por el clima" la toman en serio.

Nadie más debería hacerlo, ya que se convertiría en la última y más grave amenaza para la prosperidad humana.

Ricardo Romero es especialista en estrategia de impacto

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