Opinión

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AL OTRO LADO DE LA COLINA

El engaño geopolítico de Artemis II

Publicado: 11/04/2026 · 06:00
Actualizado: 11/04/2026 · 06:00
  • Imagen de archivo del despegue del Artemis II.
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No voy a hablar de teorías conspiranoicas, ni de que la Tierra es plana y nos engañan, como algunos elucubran junto con que no llegamos a la Luna, y que todo aquello de 1969 fue obra de Hollywood, no, les voy a hablar, someramente, del engaño del marketing de la carrera espacial. Porque yo soy uno de los que me siento, en un principio, víctima del engaño, lo reconozco.

 

He sido de esos ilusos, no sé si ustedes también, que se ha quedado embobado siguiendo la retransmisión del despegue de la nave Orión de la misión Artemis II, esa maravilla tecnológica, rumbo a la cara oculta de la Luna. Por supuesto, he visto en las noticias cada una de las fases, acoples y desacoples espaciales, toda la publicidad y marketing de la NASA, hablando del éxito de la Humanidad. Todo ello unido, también, al orgullo patrio de ver empresas y universidades españolas participando en el proyecto, unidas a la siempre presente estación de Robledo de Chavela, recuerdo de la época de Franco y los acuerdos con los USA (por eso tenemos fragmentos de la Luna en España). Además, soy de esos que espero ver (cuando lean estas líneas ya habrá ocurrido) el amerizaje sin novedad del módulo Integrity de la nave Orión.

 

Pero a la par de que todo lo anterior ocurría, para disfrute propio y ajeno, también estos días se informaba del lanzamiento o, mejor dicho, la puesta en funcionamiento de diferentes programas espaciales, que nos recuerdan (y nos despiertan de la estulticia que refleja el título) que la carrera espacial no solo es cosa de la Humanidad, o de dos, tres o cuatro potencias (USA, China, Rusia o UE) sino que existe, entre otros, un auténtico pulso espacial, en este caso asiático entre dos antiguos antagonistas, indirectamente aliados hoy a través de los USA, como son Corea del Sur y Japón. Por eso, esos discursos y loas a los logros de la Humanidad, sí, pero menos, porque también aquí hay mucha geopolítica presente.

 

El país del paralelo 38 (el del armisticio de la guerra de Corea) acaba de completar la puesta en órbita de su constelación de satélites espía militares (el Proyecto 425) y su agencia espacial -KASA- prevé llegar a la Luna en 2032, tras un satélite orbital lunar en 2029, incluso llegar a Marte en 2045, ya ven, Corea del Sur va como un cohete, y nunca mejor dicho.

 

Por su parte, en el país del sol naciente, a través de su agencia JAXA, tiene previsto lanzar durante 2026 la misión MMX (Martian Moons Xploration), que pretende recoger muestras de Phobos (luna de Marte) y traerlas a la Tierra. También tiene operativo un nuevo cohete propulsor, el H3, capaz de lanzar satélites pesados a un costo mucho menor y así competir en el mercado comercial. Finalmente, colaborando con la NASA, está desarrollando un vehículo lunar presurizado que permitirá a los astronautas vivir y trabajar en la Luna sin trajes espaciales puestos todo el tiempo, buena publicidad para la industria automovilística japonesa, poner un “coche” en funcionamiento en la Luna.

 

Pero hay más países interesados por la carrera espacial, ya existen algo más de 80 Estados con satélites en órbita alrededor de la Tierra, y además de los ya citados anteriormente, está la India, por ejemplo, que ha llegado a la Luna e incluso los Emiratos Árabes Unidos, que han llegado a Marte. Hasta la OTAN estableció en 2019 su Política Espacial, en la que se declaró el espacio como parte del dominio operacional de la Alianza Atlántica, por lo que un ataque a un satélite de algún miembro de la alianza es un ataque a todos, es decir, la aplicación del famoso artículo 5º.

 

Finalmente, los dos clásicos hegemones, antaño URSS versus USA, hoy USA versus China continental, con sus apoyos o, mejor dicho, acólitos, Unión Europea y Rusia respectivamente, están en plena competencia geopolítica espacial, como parte del pulso por el liderazgo global. El desarrollo tecnológico que supone la carrera espacial (como en la primera guerra fría) para alcanzar Marte, y el aprovechamiento y explotación minera de asteroides y planetas son de los principales objetivos que guían esa competición.

 

La actual misión Artemis II se enmarca dentro del programa de volver a la Luna para (entre otras cuestiones) transformarla en una gran estación espacial camino de la exploración de otros planetas y de las explotaciones mineras en asteroides. Para que pueda existir esa base lunar es fundamental un elemento que se ha encontrado en el Polo Sur de la Luna, el agua.

 

Los chinos son los únicos que han alunizado en la cara oculta de la Luna, además (o casualidad) cerca del Polo Sur, en concreto en la Cuenca Aiken-Polo Sur, y disponen de un satélite orbital lunar que, de haber colaborado con los USA, habría evitado esos 40 minutos de silencio de la nave Orión en la cara oculta de nuestro satélite. El programa espacial chino se desarrolla de forma milimétrica, sin prácticamente ningún tipo de retrasos, a diferencia del norteamericano; es el único que dispone de una estación espacial propia orbitando alrededor de la Tierra, la Tiangong, que está previsto duplique su tamaño. Mientras la Estación Espacial Internacional (ISS), que es de finales del siglo XX, necesita un mantenimiento constante y depende de una coalición de 15 países, USA, UE, Canada, Australia…, entre ellos Rusia; su retiro, en un principio, está previsto para 2030, siendo la fecha de inicio 2031 el momento previsto para su amerizaje (y por tanto su destrucción final) en el llamado Punto Nemo del océano Pacífico, por lo que el resultado del pulso global es incierto.

 

El problema surgirá, y está muy cercano, cuando empiece el aprovechamiento económico de los recursos del Espacio Ultraterrestre regidos por un tratado internacional de 1967, donde establecía casi un sistema de res nullius (cosa de nadie) respecto a los recursos espaciales, una prohibición de apropiación aunque sí está permitido el uso. Esto cambió cuando el presidente USA Barack Hussein Obama privatizó todos esos recursos espaciales, y estableció en la Space Act de 2015 el derecho de los ciudadanos norteamericanos a poseer, extraer y vender recursos obtenidos de los asteroides y otros cuerpos celestes, vamos que se cargó el derecho internacional espacial, ahora que sus seguidores más progresistas acusan a Donald J. Trump de ir contra el derecho internacional, pues parece que no es el único…

 

Esa explotación económica espacial nos llevará a ver reproducirse escenarios conflictivos, como el de Sudán, el de la región de los Grandes Lagos en África, o incluso el del estrecho de Ormuz, por ejemplo, provocados todos ellos por el acceso a las materias primas, reproducirse en el Espacio, además de forma mucho más fácil, dado que allí no habrá público o periodistas que lo cuenten.

 

Por eso olvídense de las guerras de Irán o de Ucrania, la verdadera guerra, en la que usted, y yo hemos participado, engañados, como espectadores y palmeros convenientemente manipulados, se libra ahora a 406.771 kilómetros de aquí, esa es la distancia más lejana, el punto alcanzado por la nave Orion de la misión Artemis II en su trayectoria en la cara oculta de la Luna, en ese pulso silencioso entre la China comunista y el Tío Sam (los USA).

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