El mismo día que la prensa murciana anunciaba que la Guardia Civil celebraría el día de la Virgen del Pilar en la iglesia de Santa Eulalia, lindera con el antiguo acuartelamiento murciano del convento de San Felipe Neri, se elogiaba el esfuerzo que los propietarios del Teatro Ortiz, que luego fue Cine Central y más tarde Rex, estaban llevando a cabo para agradar a la nutrida clientela que frecuentaba sus espectáculos cinematográficos.
Había cambiado de empresa la sala, y los nuevos rectores se esforzaban en aquel otoño de 1926 en pasar a diario por la pantalla las más interesantes cintas que había producido la casa Fox durante la temporada. El público respondió ofreciendo llenos absolutos en la mayor parte de las funciones.
Contaba un suelto en el Levante Agrario que el último domingo hubo que colocar en taquilla el cartel de "No hay billetes", que acababa de proyectarse una película de Tom Mix, el primer actor estrella de películas del Oeste, y que ya se anunciaba la proyección de El espejo del alma, una película del gran Howard Hawks estrenada ese mismo año.
Otra cuestión que estaba por aquellos días de plena actualidad era la de los preparativos para la Coronación de la Virgen de la Fuensanta, que se produciría en el mes de abril del año siguiente. A este respecto, el comité ejecutivo nombrado en su día y compuesto tanto por autoridades religiosas como civiles y representantes de la prensa local, se reunió tal semana como la corriente en el despacho del alcalde, que lo era Francisco Martínez García, abogado y profesor de Derecho, periodista y director de La Verdad, y alcalde de la ciudad de marzo de 1926 a febrero de 1928.
En aquella reunión, el provisor del Obispado, Álvarez Caparrós, el ex alcalde Delmás e Isidoro de la Cierva fueron ratificados como firmantes del contrato para la ejecución de la corona que se le impondría a la Fuensanta seis meses después en lo alto del Puente Viejo por el nuncio del Papa Pío XI en España, monseñor Tedeschini.
El orfebre que obtuvo el encargo en el concurso convocado al efecto, resuelto el 5 de octubre, fue Antonio Herranz, madrileño, no sin controversia, pues una parte de la opinión pública, con eco en diversos medios, se quejó de que no se hubieran dado a conocer los proyectos presentados, procedentes de seis casas de joyería.
El día del Pilar, sólo uno después de ser ratificada la confianza en los encargados de suscribir el contrato de acuerdo con el fallo del jurado, que contaba con el asesoramiento del joyero murciano Gascón, se firmó el acuerdo para la creación de aquella espectacular joya, para la que se emplearon cerca de tres kilos de oro, obtenidos de la fundición de joyas donadas, 2.020 brillantes, 2.440 rosas de Holanda y un pectoral superior con 35 esmeraldas y 86 brillantes. El encargo se extendía también a la que había de lucir la talla del Niño Jesús que porta la Virgen.
Las coronas llegaron a Murcia el día 9 de abril, a menos de tres semanas del solemne acto de la Coronación, y tras su recepción en el Palacio Episcopal, quedaron bajo la custodia de Gascón y fueron expuestas en su establecimiento de joyería de la Trapería.
Esas coronas, cuya hechura se acordó y firmó hace estos días cien años, fueron las que lucieron la Virgen y el Niño el día histórico de la Coronación, y en las principales solemnidades y procesiones habidas a partir de ese momento. Y se conservaron en el Museo de la Catedral, para que pudieran ser admiradas por el público en general, hasta el célebre y triste robo del año 1977, justo cuando se cumplían 50 años de su estreno.
De hecho, no llegaron las joyas a cumplir ese medio siglo de existencia, ya que fue en los primeros días de enero cuando se produjo el asalto de los aún hoy desconocidos ladrones.
El 9 de enero de 1977, el diario Línea tituló en portada con un expresivo “Fuimos robados”
El 9 de enero de 1977, el diario Línea tituló en portada con un expresivo “Fuimos robados”. Y añadía en subtítulos: “Para entrar forzaron el acceso a la torre y descendieron a la capilla de los Vélez. La policía ha desplegado un amplio dispositivo por toda la Región y otras provincias”. Ilustraban la primera plana del diario fotos de la Virgen y el Niño luciendo las coronas robadas, el rostrillo que se usó en aquella ocasión, el valioso pectoral de esmeraldas del cardenal Belluga y autoridades, entre ellas el gobernador civil, Federico Gallo, el alcalde, Clemente García, y el vicario general de la Diócesis, Juan de Dios Balibrea, visitando el escenario del robo.
Un sumario informaba sobre las pérdidas de mayor importancia: rostrillo de la Fuensanta (en oro y esmeraldas), corona de la Virgen (oro y pedrería), corona del Niño (oro y pedrería), pectoral del cardenal Belluga (oro y esmeraldas), anillo pastoral y broche; pectoral de Isabel II (brillantes)…
“Indignado dolor”, era el titular con el que editorializaba ‘Línea’: “Consternación, dolor e indignación: el pueblo de Murcia ha sido robado en una madrugada que será fecha histórica en la crónica negra. El magnífico reportaje gráfico de López muestra algunos de los objetos sustraídos: la corona, el rostrillo de la Virgen cuajado de joyas, la valiosísima cruz pectoral del cardenal Belluga y el anillo del prelado… Han robado el corazón de Murcia, afirmó ayer un portavoz del Obispado de nuestra diócesis. Los ladrones se han llevado un tesoro que posiblemente valga más de los 200 millones de pesetas, a los que hay que unir su valor histórico, espiritual y sentimental”.
Y añadía: “Varias preguntas se está haciendo la opinión pública: ¿Cómo un tesoro como éste no estaba depositado en un lugar más seguro? ¿Por qué no estaba asegurado con un sistema más moderno y eficaz, con un mecanismo de alarma? ¿Estaba asegurado el tesoro de la Virgen? No. En fin, un golpe duro. Lamentamos el triste hecho y hacemos llegar al Obispado nuestro apoyo moral y nuestro sentimiento más profundo”.