El carajal de los emancipadores (y las emancipadoras)

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El eurocristiano tibio

"Es casi imposible que lleguen a ninguna clase de acuerdo electoral: las formaciones separatistas no quieren que las confundan con las meramente soberanistas y las formaciones regionales pretenden monopolizar los puestos de salida en sus respectivas regiones"

Publicado: 18/10/2026 · 06:00
Actualizado: 18/10/2026 · 06:00
  • Gabriel Rufián, Irene Montero Y Xavier Domènech.
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Como es sabido, en España hay una extrema derecha, pero no hay ninguna extrema izquierda. En su lugar hay izquierda a la izquierda del PSOE. En ese grupo figuran Podemos, Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Comunes, Compromiso, Reunirse, Más Madrid, Bloque Nacional Gallego, Adelante Andalucía y Junta Aragonesista. O sea, diez partidos. En realidad, más de diez, pues se me han olvidado los de Baleares y, además, algunos de ellos, como Izquierda Unida y Compromiso, son coaliciones de partidos menores. 

Todas esas fuerzas solo tienen en común dos facetas. La primera es que no creen que España sea una nación, sino un Estado plurinacional. A veces expresan esa idea diciendo que España es una nación de naciones. Aunque parezca una fórmula muy resultona, se trata de una auténtica majadería. No hay, ni puede haber, ninguna nación de naciones. ¿Por qué? Porque las naciones políticas son entidades soberanas, de modo que ninguna de ellas puede albergar en su seno partes soberanas. 

En cualquier caso, la concepción plurinacional de España de las izquierdas a la izquierda del PSOE está en la base de su fragmentación. Por un lado, solo dos de esas más de diez fuerzas, Podemos e Izquierda Unida, están presentes en varias regiones a la vez. El resto están circunscritas a una única región. Tal es el caso de las presentes en Galicia, Vasconia, Cataluña, Valencia, Aragón o Andalucía. Junto a esa diversidad de implantaciones, exhiben una diversidad de planteamientos. Así, unas fuerzas son separatistas, aspirando a que sus respectivas regiones se conviertan en Estados independientes del español. En cambio, otras, a las que llamaré soberanistas, pretenden dotar al Estado español de una estructura confederal. 

En esas condiciones es casi imposible que lleguen a ninguna clase de acuerdo electoral. Por un lado, las formaciones separatistas no quieren que las confundan con las meramente soberanistas; por otro lado, las formaciones regionales pretenden monopolizar los puestos de salida en sus respectivas regiones, postergando así a las de implantación plurirregional. 

 

Les gusta llamarse izquierda alternativa, izquierda transformadora y, más recientemente, izquierda emancipadora. Quizás sin quererlo, esas denominaciones implican que el PSOE no es una opción transformadora, ni emancipadora. Incluso así, lo apoyan a muerte"

 

Ante ese lío, Podemos, un partido plurirregional soberanista, ha llegado a un acuerdo con Izquierda Republicana de Cataluña, una formación regional separatista. Los de Podemos, con Irene Montero a la cabeza, han renunciado a presentar candidatura en Cataluña, donde pedirán votar a IRC. A cambio, el líder separatista, Gabriel Rufián, pedirá en otros sitios el voto para Podemos. Eso sí, en Vasconia pedirá el voto para Reunirse y en Galicia para el Bloque Nacional Gallego. En suma, IRC antepondrá su tradicional planteamiento separatista a su faceta izquierdista. Recordemos que, en el año 2017, un mensaje de Rufián, "155 monedas de plata", indujo a Puigdemont a declarar la independencia de Cataluña (vigente durante unos 7 segundos), en vez de convocar elecciones autonómicas (como tenía pensado). Y, más recientemente, Rufián ha apoyado la idea de que el gobierno catalán recaude y gestione todos los impuestos, con serio perjuicio para la Hacienda española y, por tanto, para las demás regiones (excepto la vasca, que tiene el chollo parasitario del cupo fiscal). A pesar de todo eso, Podemos los apoyará.

Por su parte, Izquierda Unida lo tiene todavía más crudo, pues tendrá que resignarse a subordinarse a los Comunes en Cataluña, a Más Madrid en Madrid, a Compromiso en Valencia y así sucesivamente. Para colmo, su llamado Frente Amplio ha elegido como lideresa a Ada Colau. Recordemos que, aun diciendo que no era separatista, votó a favor de la separación de Cataluña en el referéndum de 2017. Y que, proviniendo del movimiento contra los desahucios, durante su mandato como alcaldesa de Barcelona la cuestión de la vivienda pasó del puesto 24 en la lista de preocupaciones de los barceloneses a ocupar el primer puesto en esa lista. Y también que, aunque decía combatir a las derechas, aceptó los votos del partidito de Manuel Valls para repetir como alcaldesa frente a Ernest Maragall, de IRC, que había ganado las elecciones. A pesar de todo eso, IU la apoya. 

¿Qué puede llevar a los izquierdistas de las otras regiones a votar ya sea a una formación dirigida por Rufián o a una dirigida por Ada Colau? La respuesta está en la segunda faceta que todos esos grupos tienen en común: ninguna de esas fuerzas quiere que gobierne el Partido Popular, en solitario o conjuntamente con Vox. En consecuencia, todos ellos se ven abocados a apoyar que gobierne el socialista Sánchez. Recordemos que a esos partidos les gusta llamarse izquierda alternativa, izquierda transformadora y, más recientemente, izquierda emancipadora. Quizás sin quererlo, esas denominaciones implican que el PSOE no es una opción transformadora, ni emancipadora. Incluso así, lo apoyan a muerte. 

No se crean que lo ocultan. Por el contrario, lo dicen claramente. Antes de que Sánchez convocase elecciones le pedían que no lo hiciese.  Mi separatista favorito, Bernat Dedéu, escribió lo siguiente: "Quizás valga la pena salvar a Pedro Sánchez, ya que, aunque parezca paradójico, será la mejor forma de acabar con la unidad de España". La histórica Cristina Almeida alentó a Sánchez a resistir. Según ella, sus palabras eran coherentes con su personal trayectoria eurocomunista. Y algo parecido creían los dirigentes de IU. En esa línea, el ministro Urtasun, de los Comunes, anunció que gobernarían hasta el final de la legislatura. Quizás solo querían seguir ocupando sus altos cargos, pero no querían elecciones. Y ahora se encuentran con el problema de que no logran articular una candidatura unitaria. Nada extraño, pues disfrutan de más jefes que de escaños previsibles. Así que algunos valiosos políticos transformadores y emancipadores se quedarán fuera del Congreso. Y los que logren el anhelado sillón tendrán que apoyar a alguien tan escasamente transformador y emancipador como Pedro Sánchez. O así lo califican ellos. ¿No es desalentador que diputados alternativos, transformadores y emancipadores tengan que apoyar a un candidato que nada tiene de alternativo, transformador, ni emancipador? ¿No sería más sencillo que aceptasen denominarse extrema izquierda? ¿No sería menos problemático que diputados de extrema izquierda apoyasen a un candidato simplemente de izquierdas? Son ellos mismos quienes deben dar las respuestas, porque con hablar de antifascismo esta vez no va bastarles. 

Finalmente, ¿qué pasará con los emancipadores de la región murciana? Su caso es especial, pues todavía no hablan de la nación murciana. Precisamente por eso, merecen un Tibio aparte. Ahora solo puedo anticiparles que su contenido aportará algo de consuelo a David Babyack, el líder local de IU. Tranquilo, David, pase lo que pase, podrás seguir casado con tu marido.    

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