"Hay momentos, en la vida, en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación. Un deber civil, un desafío moral, un imperativo categórico del que uno no se puede evadir"
"La libertad es un deber; antes que un derecho, es un deber".
(La rabia y el orgullo. Oriana Fallaci).
Decía el exministro Margallo en una reciente entrevista que Ceuta será el Stalingrado de Pedro Sánchez. Y así es, Ceuta es la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de los españoles. “Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?” «¿Hasta cuándo, Catilina, vas a seguir abusando de nuestra paciencia?» (Cicerón dixit).
Más de 80.000 personas asaltaron la frontera de Ceuta - es decir, España- el pasado 30 de julio. 200 personas por minuto, unos 5.200 cada hora. En una ciudad de poco más de 84.000 ciudadanos y de unos 19 kilómetros cuadrados se pueden imaginar la magnitud de la tragedia. No fue un episodio migratorio más: fue una invasión en toda regla, una violación a nuestra integridad territorial y un claro ataque a la soberanía nacional sin precedentes en nuestra democracia. Una crisis de Estado anunciada y alertada por los propios servicios de inteligencia, y que el Gobierno decidió ignorar. Una invasión que pudo haberse evitado. Ya, a principios de verano, los sindicatos policiales denunciaron la falta de efectivos suficientes para cubrir la recurrente ‘Operación Paso del Estrecho’ en la frontera y el puerto. Debían incorporarse veinte agentes y solo lo hicieron tres por la falta de incentivos económicos. Y la semana previa a la tragedia, el presidente de la ciudad autónoma de Ceuta, Vivas, advirtió de la entrada a nado de cientos de migrantes cada día hasta sumar 1.500 personas, con una presión creciente insostenible para la ciudad.
El 30 de julio, cuando se produjo la avalancha en el paso fronterizo del Tarajal, solo había cinco guardias y cuatro GEAS. El Gobierno había infravalorado la amenaza considerando que era un mero pico migratorio estival o simplemente miró hacia otro lado ante las advertencias por razones que desconocemos todavía. Pero si preocupante fue la falta de previsión, la inacción por omisión y la ‘culpa in vigilando’, peor fue la falta de acción ante el ataque.
Sánchez visitó Ceuta el día 31 de julio cuando el desastre ya se había producido e inmediatamente e incomprensiblemente se fue de vacaciones. Recomendó una ‘Playlist’ de música y estuvo tres semanas desaparecido y desentendido mientras que los vecinos de Ceuta sufrían un infierno: agresiones sexuales, inseguridad, delitos, reyertas, emboscadas a militares, ataques y vulneraciones de derechos, insalubridad: toda una pesadilla.
Un mes después las consecuencias la conocemos todos: las imágenes de Ceuta hielan la sangre y han dado la vuelta al mundo. Cualquier persona con dos dedos de frente, un mínimo de humanidad y un poco de corazón estaría con Ceuta. No para Sánchez, que carece de la más mínima empatía y sensibilidad con los vecinos de Ceuta y no ha hecho la más mínima autocrítica de su deplorable gestión.
Más de un centenar de personas perdieron la vida en el mar, casi un mes después, más de 9.000 personas continúan por las calles de Ceuta y los ceutíes piden auxilio y luchan por su ciudad. Una ciudad hastiada, que vive entre la indignación, el miedo, la rabia y la impotencia de quien se ha visto abandonado por un Gobierno que se suponía debía protegerlos. Una ciudad que no duerme, que vive confinada, que no deja salir a sus hijos a la calle por temor y donde no se ve la luz al final del túnel. Ceuta está colapsada, el poder judicial, reclamando refuerzos; los médicos, denunciando la situación asfixiante; Extranjería, sin personal suficiente para tramitar los expedientes; las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, desbordados; nuestras Fuerzas Armadas, sin poder defenderse; y la vuelta al colegio a la vuelta de la esquina, sin garantías. La ciudad económicamente parada: ni turismo, ni comercio, nada. Esto no fue un incidente puntual, no fue una crisis migratoria, es una crisis de Estado: sanitaria, de seguridad, de orden público, de colapso de los servicios públicos, económica y social, en una ciudad española. Una ciudad tan española como Madrid, Barcelona, Sevilla, Burgos, Murcia o Cartagena. No, en Ceuta no hay normalidad como nos quiso hacer creer el gobierno. Y no, Pedro Sánchez no resolvió otra crisis en menos de 48 horas, como dijo Óscar Puente.
Han tardado 26 días en reaccionar, y eso, eso es negligencia política. 26 días de sufrimiento que se podían haber evitado. Muertes que se podían haber evitado. Agresiones sexuales que se podían haber evitado. Delitos (que se han multiplicado por 10) que se podían haber evitado. Pero claro, las vacaciones de Sánchez no podían esperar. Decía Sánchez en la entrevista en radio de esta semana que él tenía derecho a irse de vacaciones. ¿Hay derecho a que Ceuta esté sufriendo un mes después? ¿Hay derecho a que los ceutíes se hayan tenido que autoconfinar y no puedan tener una vida normal? ¿Hay derecho a que te arrebaten tu vida y tu seguridad? ¿Hay derecho a vivir con miedo y temer por la vida e integridad de tu familia? ¿Hay humanidad en permitir que miles de personas permanezcan durante semanas deambulando por sus calles? No hay humanidad en someter a una población entera a semejante presión.
Un presidente lo es siempre y en todo momento. No tiene horarios ni horarios de oficina, mucho menos en situaciones de Emergencia, urgencia, catástrofes, pandemias, accidentes o ataques. Un presidente del gobierno no piensa en “derechos laborales” cuando su país sufre una invasión. Un presidente tiene responsabilidades. Todas. Siempre. En cualquier momento. El sentido del deber debe regir en todo momento y el camino de cualquier servidor público y el que se aleje de él debe abandonarlo de inmediato. El sentido del deber de Pedro Sánchez ha brillado por su ausencia. Sánchez afirma tener derecho a vacaciones, pero a todos los militares destinados en Ceuta se les anularon los permisos. ¿Se imaginan una guerra y que Sánchez dijera que está de vacaciones y que no puede atender in país? Qué imagen más lamentable. Pues esto fue lo que ocurrió en Ceuta: para Sánchez primero las vacaciones y después España.
La pertenencia de Ceuta y Melilla a España es incontestable, por historia, por derecho, por nuestro orden constitucional y la voluntad inequívoca de sus ciudadanos. Ceuta y Melilla son España. Son españoles y ningún discurso ni reclamación imperialista de Marruecos va a cambiar esto, incluso, aunque el Gobierno de Sánchez acepte cada humillación y no responda con firmeza a quienes ponen en cuestión nuestra soberanía y la integridad territorial española. Ceuta y Melilla son ejemplos de convivencia. Una tierra donde cristianos, musulmanes, judíos e hindúes llevan generaciones compartiendo calles, colegios, comercios y vida cotidiana. España es un país solidario y de acogida, pero nadie nos va a llamar racista por defender nuestra tierra, nuestra familia, nuestra vida, nuestra identidad y nuestros valores. En Ceuta no hay xenofobia, lo que hay es indignación y rabia por el abandono y la inacción del Gobierno de España. A los ceutíes el Gobierno de España les pide paciencia, ¡pero demasiada paciencia han tenido ya! Ceuta exige acciones y no promesas vacías ni complicidad con quien invade.
El gobierno de España utiliza el racismo y el falso buenísimo para ocultar su incompetencia. Demagogia y populismo. Exigir la defensa de nuestras fronteras no es xenofobia, exigir seguridad no es racismo. Pedir que se cumpla la ley no es odiar a nadie. Y reclamar dignidad para más 80.000 compatriotas abandonados durante un mes no convierte a nadie en insolidario.
¿Qué más tiene que ocurrir para que este Gobierno defienda inequívocamente a España?
¿Qué le deben a Marruecos para tratar con tanta consideración a su Gobierno y con tanta displicencia a los ceutíes? No estamos hablando de hostilidad hacia Marruecos. Estamos hablando de dignidad entre Estados, de exigencia de reciprocidad y de cooperación leal y real a quien se dice amigo.
Por todo esto, el 2 de septiembre, de manera pacífica y responsable, se ha convocado por la Federación española de municipios y provincias una gran concentración en todos los ayuntamientos de España. Allí estaremos para apoyarlos y para mostrar nuestra solidaridad. Ceuta es Baleares. Es Canarias, es Andalucía, es la Región de Murcia … Ceuta es toda España. Porque Ceuta somos todos.
Miriam Guardiola Salmerón
Diputada del PP en el Congreso y portavoz del PP de la Región de Murcia