Con la polvareda levantada por los cofrades de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de Sagunto, que prefieren arrinconar a las mujeres en el espacio que siempre les ha dado (o más bien quitado) la Iglesia católica, me he acordado de una frase que me dijo una vez el añorado Miguel Valor. Valor, concejal y diputado de Cultura por Alicante en varias legislaturas, que llegó a ser alcalde y nunca dejó de tener un ojo puesto en su Alcoy natal, comentaba conmigo las batallas que las alcoyanas estaban librando para formar parte con pleno derecho de las fiestas de Moros y Cristianos. Especial y poéticamente beligerantes eran las integrantes del colectivo Fonèvol, cuyas brújulas apuntaban permanentemente a la integración de la mujer en el programa festero y que habían dado a su formación el nombre de un arma medieval, una catapulta, para acabar con la resistencia de castillos y fortalezas. “El que quiera ser alcalde de Alcoy”, sentenció Miguel, “no puede tocar los Moros y Cristianos”. Años después, sin embargo, el asedio dio sus frutos. Cayeron los estatutos de la Asociación San Jorge, organizadora de los fastos alcoyanos, y la mujer ya va conquistando protagonismo. También cayeron Numancia o Troya. También caerá Sagunto.
Los hombres somos muy de clubes exclusivos. Hemos inventado los cónclaves vaticanos, los fumaderos de opio chinos, las logias masónicas y los burdeles. Espacios reservados para mostrar sin complejos nuestras limitaciones. Los jóvenes cofrades saguntinos quieren perpetuarlo, con la idea, probablemente, de que la mujer se dedique a limpiar las dependencias, a cocinar y servir copas, a vender lotería y a mantener el espíritu religioso entre la prole, numerosa, a ser posible. Todo aquello que evita que la cofradía se convierta en una fraternidad de estudiantes de EEUU. 267 de ellos quieren mantener la cofradía libre de estrógenos. A 114 no les importaba mezclarlos con su testosterona mediante un cambio de estatutos. Apelan al mantenimiento de la tradición, que es esa ente difuso que solo se modifica cuando conviene a quien la defiende. Pongamos por caso las Hogueras de Alicante o las Fallas de Valencia, capaces de acceder a todo aquello que les genere beneficios, a costa de molestar a los demás. De lo que no se dan cuenta esos 267 firmes defensores de la fe es que los hombres también inventamos las universidades, las empresas, los ejércitos y fuerzas armadas y hasta las peluquerías de caballeros. También con el ánimo de oler a Varon Dandy y beber Soberano. Y en todos ellos ha entrado la igualdad. No como un ciclón, es cierto. Pero sí como el agua subterránea que acaba por ser capaz de fabricarte las cuevas de Canelobre, pongamos por caso.
Dado que hay que dar por hecho que llegará el día de las costaleras saguntinas, de momento lo que debe preocupar es que buena parte de los masculinos adalides de la Purísima Sangre son muy jóvenes. Y ven a la mujer como ese organismo pluricelular que les puede arrebatar sus privilegios, heredados de padres, abuelos y vaya usted a saber cuántas ramas más del árbol genealógico regado con el cromosoma XY. A ellas les pediría una dejación de funciones, una huelga de servicios: si no podemos formar parte de la Cofradía, no vendemos lotería, ni limpiamos, ni cocinamos ni mantenemos el fervor en nuestras proles. A ellos, les impondría un rosario de pleitos perdidos y un número considerable de sesiones psicoterapéuticas. A todos, les avanzo que habrá un momento en que una niña, de nombre Assumpta, interpretará a la Virgen en el Misteri d’Elx. Quedan muchas cavernas por excavar.
@Faroimpostor