Opinión

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VALS PARA HORMIGAS

Aprender, o no, a perrear

Publicado: 11/02/2026 ·06:00
Actualizado: 11/02/2026 · 06:00
  • De Lady Gaga a Pedro Pascal: Todos los invitados de Bad Bunny en la Super Bowl 2026
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Lo que nos emparenta a Donald Trump y a mí es que a ninguno de los dos nos gusta Bad Bunny. Lo que nos diferencia es que lo que al presidente de los Estados Unidos le parece una aberración, para mí es un motivo de alegría. Porque nadie puede escapar a la tremenda trascendencia de lo ocurrido durante el descanso de la pasada Super Bowl, la final de la liga de fútbol americano, en la que, efectivamente, a casi nadie le importa el marcador definitivo del partido. El puertorriqueño montó una fiesta, a ritmo de varios de sus temas más conocidos, para celebrar la variedad, la diferencia, el mestizaje y la americanidad, que nos roza de lado a los españoles. Trump opinó que el espectáculo fue horrible. Yo lo disfruté tanto que, para celebrarlo, me puse el son cubano de Buenavista Social Club para desintoxicarme de tanto reguetón. 

Y ahí está la clave del éxito. Ahí, y en la osadía de la National Football League, capaz de hacer frente al emperador desnudo, no como los tiralevitas (qué palabra más hermosa y descriptiva) de la FIFA. Pero si me enredo con Infantino, no salgo del bucle. Así que volvamos a Bad Bunny, Benito para sus conocidos. El hecho de que el rey del reguetón, corriente musical y social que odio, se haya convertido, por mucho más tiempo que los trece minutos que duró su puesta en escena, en un icono de lo latino y, de paso, en un símbolo de la tolerancia, es justo el efecto que de alguna forma, quería conseguir la NFL, con el apoyo, no lo olvidemos, de sus patrocinadores y anunciantes. Adoro el jazz latino, la bossa nova brasileña, el tango argentino y cualquier cosa que facture el dominicano Juan Luis Guerra, por ejemplo. La existencia de otros ritmos que no están hechos para mí, como el reguetón, la cumbia que escucha a todas horas el Coco Reale (ya les presentaré, algún día) o todo lo que suene a quena andina, no debe ser motivo de rechazo y prohibición. Sino de elección, de espacio compartido, de hay que ver qué cosas oyes, pero pasa y siéntate, que estamos todos. 

Vestido de blanco Zara, según cuentan las crónicas, Benito Antonio Martínez Ocasio, como se presentó el ídolo boricua, recorrió un trampantojo levantado en el centro del Levi’s Stadium de Santa Clara como quien estimula un sistema nervioso con una descarga eléctrica. Nos acompañó en un recorrido sanjuanero en el que pudimos reconocernos todos, desde los canadienses hasta los chilenos, incluso los españoles, y en el que pudimos escoger quedarnos con su música, con la interpretación de Lady Gaga o con la intervención de Ricky Martin. Todo abierto. Todo en el escaparate. Todo en oferta. Sin ninguna restricción ni requisito, como el acceso del entorno próximo al PP municipal a una vivienda pública alicantina. Todo esto es lo que somos y, frente a quienes quieren imponer un único dial de la radio, Bad Bunny nos repartió las sintonías de las principales emisoras. Nadie necesita que yo aprenda a perrear, pero voy a rebuscar entre su discografía para ver si encuentro algo que me haga mover los pies. 

 

 

@Faroimpostor 

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